We hope that in this pandemic situation, you and your families are in good health and in good mood.
When we knew about the terrible murder of George Floyd at the hands of a police officer, and the protest movements against homicidal and racist violence by the American police, we remember a lot about you, about your “BLACK LIVES MATTER”, of your fight for your sons, for justice and the rights of the African American community, when you visited us at the Nahua community of San Juan Volador in the south of Veracruz, Mexico, at the meeting that we organized as women of the National Indigenous Congress (CNI), in late July of last year.
We want you to know that our hearts are with you in this great fight against racism, patriarcal and class power, and all forms of imperialism of who believe to be the owners of this world, that violate civil rights, women’s rights and peoples’ rights.
In Mexico, we also recently suffered the onslaught of police violence; On May 4 of this year, in the context of the COVID-19 pandemic, under the pretext of not wearing mouth covers on the street, the young Giovanni López was illegally detained, tortured, and killed by Jalisco state police; and on June 5, 16-year-old Melanie was kicked in the face by police elements in a protest demonstration against the murder of Giovanni in Mexico City. In addition to the long history of abuse of force and human rights violations by the Mexican police and army, having torture, femicide, and enforced disappearances as their usual practices.
In addition to the above, the Mexican government is taking advantage of these times of pandemic to impose, in a totally undemocratic way, the militarization of the country and its megaprojects of death such as the Mayan Train and the Interoceanic Corridor, with those seek to dispossession of our indigenous territories and destroy us as peoples.
We recognize ourselves as peoples of all the colors of the Earth, the Earth does not belong to us, we and we belong to Mother Earth.
From our territories we join you, and we will continue in the fight of the movement “Black Lives Matter”, together with all the struggles against this patriarchal, capitalist and racist system.
We will always have you in our hearts!
We send a strong collective hug to you both, your families and all your sisters and brothers.
BLACK LIVES MATTER!
Never again a Mexico without us!
No to the Maya Train! No to the Interoceanic Corridor! #El Istmo es Nuestro
WOMEN’S GROUP OF THE INDIGENOUS GOVERNMENT COUNCIL
NATIONAL INDIGENOUS CONGRESS
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Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, México
25 de Mayo de 2020
Comunicado sobre el actual debate de las energías renovables en México
No lo queríamos decir, pero lo vamos a decir; “Se los dijimos”
Hace dos semanas, a partir del Acuerdo por el que se emite la Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional publicado en el Diario Oficial de la Federación por la Secretearía de Energía, se ha mantenido una constante discusión entorno a las energías renovables, básicamente lo que dice esté documento (que
requiere de un mayor análisis, y no, no es la solución a nada, ni detiene el avance de las renovables en México), es que ahora la SENER toma el control del sistema Eléctrico Nacional, en conjunto con la Comisión Reguladora de Energía y la Comisión Federal de Electricidad “tomarán las riendas de la transmisión y distribución” (¿Que no ya lo hacían?), implementando una nueva reglamentación, que es lo que puso a llorar a las grandese mpresas, porque este “nuevo ajustes implica pruebas a cumplir por parte de las renovables, sobre todo parques eólicos y fotovoltaicas”, así como el pago de impuestos.
Más rápido que Speedy Gónzales, los grandes consorcios renovables se ampararon contra este acuerdo, también hace unos días gobernadores de 7 estados se pusieron de acuerdo para frenar este mismo acuerdo, y todo el debate nacional e internacional se vuelve un circo político y mediático más, entre quien es mas fuerte, tiene mejores argumentos y se defiende mejor, dejando de lado el análisis critico y profundo de está situación, es por eso, que, no lo queríamos decir, pero de todos modos lo vamos a decir, ¡Se los dijimos!…
Como Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio (APIIDTT), desde nuestra prefundación en el 2006, motivada por cancelar contratos leoninos realizados con engaños y abusos de las empresas hacía campesinos, hemos denunciado sistemáticamente a la fecha las condiciones en que las empresas privadas de energía eólica han invadido el territorio de nuestros pueblos en la región, a través de la firma de contratos leoninos, coerción, corrupción y violencia. Gran parte de la energía renovable que se genera en nuestro país, sigue estos mismos patrones característicos de las industrias intensivas y extractivas. El despojo del territorio de las
comunidades indígenas del sur-sureste mexicano, ha sido clave para dibujar un panorama de responsabilidad ambiental para una larga lista de depredadoras empresas nacionales y transnacionales.
En el 2015, 20 de los 29 parques en el estado de Oaxaca, que contaban (en este año) conp ermisos de generación de energía otorgados por la Comisión Reguladora de Energía, erand e empresas del estado español (PRENEAL, Acciona, Gamesa, Gas Natural, RenovaliaE nergy, EYRA, Acciona, Iberdrola y Peñoles), 3 de Francia (EDF), 1 de Italia (ENEL) y 1 de E.U.A (City Express). Dos parques pertenecen a instituciones mexicanas, el másp equeño de 21.9 GWh/año y 3 aerogeneradores, es para fines de investigación del Institutod e Investigaciones Eléctricas; y un parque de 5 aerogeneradores (42.05 GWh/año) que abastece de energía a distintos campos y edificios militares de la SEDENA en el país. Del total de estos partes, todos se encuentran ubicados en tierras de propiedad social, 18 en los ejidos de La Venta, La Ventosa, Ingenio Santo Domingo y La Mata, y 10 en tierras de tipo comunal (Juchitán, Espinal y Unión Hidalgo) y un proyecto, perteneciente a la Secretaría de Defensa Nacional, corresponde a tierras expropiadas de origen comunal de la comunidad de Puente Madera, San Blas Atempa.
La inversión para estos proyectos fue de un total de 6,211’500,000 (seis mil doscientos once quinientos billones de dólares) mdd en menos de veinte años y la autorización de producción de 11,249.47 GWh/año, distribuidos en 1,915 aerogeneradores; esto sin contar al parque Eólica del Sur (el más grande del continente) que está en operación desde el año
pasado. En contraste, un estudio publicado en 2016 por Oxfam y Educa refleja que a pesar de la inversión (o debido a ella) la región del Istmo presenta un incremento en la brecha de distribución de la riqueza y en la cohesión de las comunidades, y que no refleja el bienestar que estás inversiones prometieron, aunado a la serie de irregularidades vinculadas a la
tenencia de la tierra, el control de privados sobre un bien público como lo es la energía, la ausencia de contribución fiscal por parte de las empresas a los municipios y las constantes violaciones a derechos colectivos e indígenas.
Como APIIDTT desde 2009 somos parte de la Red Nacional de Resistencia Civil (RNRC), proceso de articulación de comunidades y organizaciones integrada por 15 organizaciones de 8 estados de la república en la lucha por la Defensa del Territorio, el Reconocimiento Constitucional de la Energía Eléctrica como un Derecho Humano, contra las Altas Tarifas, por una Tarifa fija y justa y por la construcción participativa de una Transición Energética ecológica, social, comunitaria y popular, desde la autogeneración autónoma de energía eléctrica en manos del pueblo y para el pueblo, no para las grandes empresas. No es energía verde si es de las grandes empresas, y menos, si estás grandes empresas son las que más contaminan o destruyen otras geografías, como es el caso de los parque eólicos de Grupo México y Grupo Peñoles instalados en el Istmo Oaxaqueño, ambos conocidos consorcios
mineros.
Los combustibles fósiles no son más una opción, tampoco la energía renovable como mercancía en manos de las trasnacionales, si queremos mitigar está Crisis Climática,
insistimos, todxs tenemos que trabajar en la construcción participativa de una Transición
Energética ecológica, social, comunitaria y popular.
¡Nuestra lucha es por una vida digna en armonía con la naturaleza, defendamos lo nuestro
porque es de todxs y debe ser para las futuras generaciones!
Desde los vientos libres del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca:
Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio
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“La naturaleza es una pared elástica que multiplica la velocidad de las piedras que le arrojamos. La muerte no regresa en la misma proporción, sino potenciada. Hay una guerra entre el sistema y la naturaleza. Esa confrontación no admite matices ni cobardías. O se está con el sistema o con la naturaleza. O con la muerte, o con la vida”.
Cuaderno de apuntes de gato – perro
La Red Universitaria Anticapitalista invita a Tejiendo Resistencias Globales: Miradas colectivas sobre la pandemia y el capitalismo. Segunda parte.
En esta ocasión participa:
Red de Resistencia y Rebeldía del estado de Guanajuato
Partido de los Comunistas (México)
Asamblea de solidaridad con México (Valencia, España)
Asamblea libertaria autoorganizada Paliacate Zapatista (Grecia)
Viernes 29 de mayo, 20hrs de la CDMX.
La transmisión se realizará por:
Facebook: Red Universitaria Anticapitalista
Twitter: @rua_mx
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Sexto cadenazo radiofónico: Salud para todas y todos.
Les recordamos que pueden escucharnos desde el portal de www.noticiasdeabajoml.wordpress.com, en facebook como noticias de abajo, en twitter como deabajoml, en el mastodont como noticias de abajo y en diaspora como Ricarda Flores Magon. También pueden escribirnos a noticiasdebajoml@riseup.net
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Escucha las realidades de otras geografias del mundo ante la pandemia sanitaria que vivimos.
Participan radios de Honduras, Pánama, Chile, Mexico, Costa Rica, Estado Español e Italia y otras mas que comparten trabajos de muchas regiones más como el Kurdistan, Estados Unidos, Colombia, Ecuador y mucho más…
Más de 12 horas de transmisión para romper el aislamiento, para no callar nuestros sentires y pensares en medio de una crisis sanitaria global.
Escuchalo por
espora.org:8000/saludparatodxs.mp3
y desde las radios y portales participantes
Escucha aca algunas de las producciones de los anteriores cadenazos:
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ROMPIENDO FRONTERAS
– Quinto cadenazo radiofónico Salud para todas y todos
-ECUADOR: Emergencia sanitaria y redes de solidaridad hamartia
-KURDISTAN: Rojava comienza producción propia de respiradores anfespanol ¿Cómo funciona el kit para la prueba del Covid-19 desarrollado en Rojava? anfespanol kurdistanamericalatina
-CUBA tiene brigadas médicas contra la Covid-19 en 21 países telesurtv.
-GLOBAL #YoNoReparto PARO INTERNACIONAL DE REPARTIDORXS rnma
-VIETNAM: Al Mayadeen Español | Vietnam: a 1400 km de China y sin registrar fallecidos por Covid19 almayadeen
-ITALIA Aniversario de triunfo contra el fascismo
Reporte de Annuska
DESDE EL OMBLIGO DEL MONSTRUO
-Comunicado del Mujeres organizadas de FFyL
-Chihuahua: asesinan con cuerno de chivo al activista Juan Zamarripa jornada
-MICHOACAN Denuncia del CNI y CIG POR EL VIOLENTO DESPOJO DE LA CASA DEL ESTUDIANTE «LENIN»
congresonacionalindigena
-OAXACA MEXICO: Denuncian inicio de obra en corredor transismico sin contar con MIA istmopress
-GUANAJUATO: La férrea voluntad de una mujer otomí contra las malas noticias
desinformemonos
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Este libro, recién publicado por la editorial FilosofíaLibre, contiene 16 ensayos sobre la pandemia del COVID-19, publicados entre EL 21 de marzo y el 16 de abril de 2020, no incluidos en el libro Sopa de Wuhan, por los siguientes autores:
Yásnaya Elena Aguilar, Jorge Riechmann, Emanuele Coccia, Franco “Bifo” Berardi, Rodrigo Karmy Bolton, Arundhati Roy, Alejandra Castillo, Fernando Savater, Amelia Valcárcel, Fabio Seleme, Enrique Dussel, Maurizio Lazzarato, Naomi Klein y anónimos.
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El virus que hoy nos interpela a todxs ha venido a poner en cuestión el actual modelo de civilización. En esta serie de artículos, la Ecología Política nos ayuda a mirar las angustias y desafíos de nuestro presente y a tejer sentipensares desde la esperanza: para construir juntxs nuevos rumbos posibles, para que la pandemia valga la pena.
Por Horacio Machado Aráoz – Colectivo de Investigación de Ecología Política del Sur* para La tinta
“Y tal vez la primera prueba de fuego sea el abandono sin nostalgia de la herencia de un siglo XIX fascinado por el progreso de las ciencias y las técnicas, con la ruptura del lazo establecido en aquella época entre emancipación (…) y la fábula del hombre ‘creado para dominar la naturaleza’ por la epopeya de una conquista de esa misma naturaleza por medio del trabajo humano. Definición seductora, pero que implica una apuesta por una naturaleza ‘estable’, disponible para esa conquista”.
Isabelle Stengers
Vivimos en una sociedad nacida de la arrogancia de la Razón. Todavía mayoritariamente, hay quienes con orgullo se reivindican hijxs de esa Razón imperial. Con esa lógica y con ese espíritu, las élites políticas y científicas del mundo enfrentan la pandemia. Apelando a una receta ya obsoleta, epidemiólogos y gobernantes de todo el globo interpelan a sus respectivos pueblos convocándolos a “la guerra contra el virus”.
Es asombroso ver con qué naturalidad este discurso de guerra se instala y circula aproblemáticamente entre lxs habitantes contemporáneos del mundo globalizado. Si bien esto, hasta cierto punto, es bastante esperable –pues nada más emblemático que la guerra como acto reflejo de este modelo civilizatorio-, no cabe desconocer que la lógica de la guerra es doblemente inconveniente para estos tiempos.
En términos coyunturales, nos hace correr justamente hacia la dirección contraria a la que deberíamos ir para buscar salidas de fondo. En lugar de ampliar y profundizar la cooperación internacional, las reacciones políticas han ido por el lado de cerrar fronteras, intensificar prejuicios y actitudes racistas-clasistas y xenófobas, y abrir una competencia geopolítica por tecnologías de gestión de la crisis y el acopio de materiales e insumos médicos. En el colmo, las principales potencias entablan a los codazos una carrera narcisista por ver quién logra “dar con la vacuna”.
Al interior de las fronteras, la “excepcionalidad” del estado de guerra –como ha sido señalado- intensifica la imposición y aceptación de políticas de control, policiamiento y militarización de la vida social, lo que esta vez, dado el poder de las tecnologías disponibles, ha hecho palpables escenarios extremos de totalitarismo digital, antes sólo reservados al campo de la ficción.
Así, cuando más necesitaríamos ensayar prácticas de cooperación, de horizontalidad y organización social de abajo hacia arriba, la lógica de la guerra exacerba el régimen del individualismo competitivo y el verticalismo tecno-burocrático.
Esto que ya es muy grave, no es sin embargo todo. En un sentido más estructural y profundo, el paradigma de la guerra presupone una epistemología política ya anacrónica. Moviliza todo el imaginario modernista y reinstala subrepticiamente la legitimidad de todo el andamiaje institucional (la santísima trinidad del sistema, Estado-Ciencia-Capital) que nos condujo justamente hasta donde nos hallamos hoy parados.
El conquistador
Bajo regímenes de necesidad y urgencia, la convocatoria a la guerra contra la pandemia activa, una vez más, la vieja y perimida cosmovisión antropocéntrica, expresada en la separación entre ciencias naturales y sociales. Más aún, en nombre de la jerarquía epistémica de la ciencia, se profundiza la delegación del gobierno de Lo Común a un reducido círculo de expertos. La pragmática de la guerra no deja lugar a problematizaciones, al pensamiento crítico ni a epistemologías de la complejidad. Mucho menos a una ecología de saberes.
Así, en nombre de su presumida eficacia, la maquinaria bélica se echa a andar. Las ciencias biológicas y médicas son convocadas a estar en la primera línea de ‘batalla’; tienen la función prioritaria de atender y procurar reducir las “bajas”, proponer medidas profilácticas para contener la expansión del ‘enemigo’, y crear las armas para vencerlo. Las ciencias sociales, por su parte, son convocadas a estudiar cómo se va a afectar la “normalidad” del sistema, para luego idear medidas paliativas y de control, en lo económico, en lo social y en lo político; en todo caso, acá el objetivo es investigar qué y cómo restablecer lo más pronto posible al normal funcionamiento de las instituciones.
Por supuesto, no se trata (tal como lo hicieran políticos e intelectuales de las más variadas corrientes), de desconocer la existencia del virus en sí, ni de minimizar su incidencia sobre la biología humana sino justamente de tomarlo en serio. Eso significa revisar y reconsiderar cómo lo tratamos.
Y la verdad es que –más allá de diferencias superficiales- el trato que desde el poder se ha elegido dar al coronavirus es uniforme y típicamente moderno. Porque no hay nada más radicalmente característico de la Modernidad que esa actitud epistémica y política de absoluta desconsideración antropocéntrica hacia el resto de los seres vivos que cohabitan (con nosotros) este planeta. El sujeto moderno trata al mundo como si no fuera parte de él. Se para frente a la Tierra (incluso frente a lxs otros, de su propia especie) con la postura del conquistador. Figura emblemática si la hay, -filosóficamente enunciada por Descartes y Bacon en el siglo XVII, pero nacida antes, en el siglo XVI, como práctica política de los Colón, los Cortés, los Pizarro-, el conquistador como prototipo de la matriz de relaciones que entablamos con el mundo, condensa y resume todo nuestro tiempo y todo nuestro drama.
Quienes dirigen los destinos de la humanidad han optado, una vez más, por esa anquilosada postura para “enfrentar” al virus. Se lo trata, básicamente, como algo in-significante. Es decir, algo absolutamente desprovisto de sentido. A lo sumo, sólo lo considera en la medida en que afecta a los humanos (y acá, también –como es sabido, como parte de la política del conquistador, unos grupos de humanos importan y valen más que otros).
Más allá de eso, el sistema científico y político hegemónico no considera al virus, ni ontológica ni semióticamente en serio. No se les ocurre preguntarse sobre el sentido de su existencia en el mundo.
La vitalidad de la Tierra
Aunque parezca mentira, prominentes científicos e intelectuales críticos –incluso encumbrados filósofos de la biopolítica contemporánea- parecen seguir apegados al viejo paradigma newtoniano. No han tomado nota del giro ontológico que –desde el interior mismo del pensamiento occidental- se ha dado al respecto, abriendo la ciencia a una nueva y más compleja comprensión del mundo-de-la-vida y un replanteo del lugar de lo humano dentro del mismo.
Desde la hybris moderna, se desconoce que un virus, como todo agente biológico, no sólo existe, sino que tiene significación en sí mismo; es un ser con capacidades teleonómicas (capacidad proyectiva de los organismos vivos, por la cual sus existencias se mueven y orientan en función de objetivos adaptativos) y semióticas. Un virus es parte de la densa red de almacenamiento y procesamiento de información biológica que se condensa en los genes; y, como tal, es también portador del proceso geológico general de (re)producción de conocimientos sobre los que se sustenta la vida en general en la Tierra.
Sólo tardíamente, después de un duro desierto obscurantista, las ciencias occidentales lograron “descubrir” esta asombrosa capacidad autogenerativa y de excedencia semiótica del mundo. De la mano de la revolución científica operada por el paradigma de la complejidad en la física y la biología principalmente, en convergencia con el llamado giro ontológico en las ciencias sociales y humanas, se vino a “caer en la cuenta” de que habitamos un Planeta Vivo. Se empezó a tomar nota de la inconmensurable complejidad de los sistemas vivos; a dimensionar la extraordinaria capacidad autopoiética-sympoiética, teleonómica y semiótica del conjunto de procesos y seres que conforman el mundo que habitamos y que –con sus propias existencias- constituyen y producen nuestras propias condiciones de (co-)existencia.
Y, fundamentalmente, como eje de esa revolución científica, el nuevo paradigma de las ciencias de la vida, o de la complejidad, vino a producir una nueva comprensión de la propia condición humana, esta vez, no ajena y extraña al mundo, sino precisamente como parte del tejido de la vida. Lo que llamamos el “mundo”, la Tierra, o la “Naturaleza” no es lo que está afuera de nosotros, no es lo “exterior” a la cultura, sino el útero nutricio de cuyo seno emerge lo humano como una expresión más de la biodiversidad del planeta. Ver y comprender la Tierra como sistema viviente, como una densa y compleja trama de materia viviente en continuo devenir, implica comprender que entre lo humano y lo no-humano no hay fracturas ontológicas, sino apenas membranas porosas por donde fluyen materia y energía, por donde fluye la vida en sí, como trama, en la que los humanos actuamos y somos a través del mundo, así como el mundo se mueve y es también a través de nuestros organismos.
Siendo que esta constatación es un saber fundamentalmente pre-moderno, pero vivo y presente aún en muchas culturas y pueblos mal-tratados por Occidente como primitivos y/o “atrasados”, esta verdad primordial viene a significar ni más ni menos que –como especie- nuestras vidas dependen –literalmente, es decir, materialmente- hasta de los más elementales seres y agentes microbianos y de los procesos y redes biogeoquímicos más básicos y rutinarios.
Sólo vivimos por gracia y a condición de mantenernos conectadxs al resto de las otras especies, a la biodiversidad en su conjunto, como expresión sinfónica de la vitalidad de la Tierra.
Fotografía: Bello, Palacios, Vergez Meehan
Sanar
Científicamente, hoy, no podemos seguir parados en el paradigma baconiano/newtoniano de la ciencia. Necesitamos un cambio radical; una profunda mudanza civilizatoria. Contamos ya con otros horizontes epistémicos y políticos para hacerlo posible.
Con esto no estamos diciendo que las medidas sanitarias en general que se están tomando (al menos en algunos países) en el mundo sean irrelevantes o inconducentes. Al contrario, son necesarias, pero aún así, insuficientes. Y sobre todo, serán epistémológica y políticamente erradas si no se pasa de la profilaxis a la etiología de la pandemia. No tenemos que descodificar el genoma del virus sólo para conseguir una vacuna. Tenemos que abrirnos a ensayar otra hermenéutica del mundo vivo.
Necesitamos ahora, en la urgencia, reactivos de testeo, barbijos, respiradores, lugares en salas de cuidados intensivos, etc… Será preciso seguir con medidas de aislamiento y/o distanciamiento social, mientras no hallemos otros medios para evitar que la afección que nos provoca el covid-19 se propague. Pero tengámoslo claro, esas medidas no nos sanarán. Para verdaderamente sanar, tenemos que atrevernos a abrir la pregunta respecto a qué es lo que realmente nos enferma y nos mata; abrirnos al sentido etiológico profundo, ontológico y político del coronavirus: cuál es el régimen de relaciones sociales, biológicas, económicas, culturales y políticas, que incubó este microorganismo que hoy nos interpela.
Curar no es apenas sofocar los síntomas. Curar es mudar; es atreverse a cambiar la matriz de relaciones que causó la enfermedad. En este sentido, la ciencia de siglos pasados podrá detener la expansión de la enfermedad y hasta reducir la cantidad de sus potenciales víctimas. Pero esa ciencia y esa política son ya obsoletas para los desafíos que tenemos en este siglo. Esa ciencia, esa política, y sobre todo ese modo de producción de la vida social que -hegemónicamente- llevamos (o que nos lleva) seguirá produciendo pandemias. Seguirá produciendo guerras y hambrunas. Seguirá malgastando esfuerzos y derramando sangre a escala y ritmo industrial. En fin, hasta que no la demos de baja, la Razón Imperial seguirá sacrificando la vida en el altar del progreso.
Para realmente sanar, diríamos que, como especie, tenemos que atrevernos a dejar de comportarnos como conquistadorxs, y empezar a vivir como cuidadorxs y cultivadorxs de este mundo; el único que tenemos y que somos.
Si esta pandemia, con todo el dolor y el sufrimiento humano producido, nos ayudara a preguntarnos de qué realmente estamos enfermos… Si pudiera ayudarnos a descubrir y afrontar la etiología de nuestras dolencias, y hacer los cambios que debemos hacer para sanar, diríamos que sí, que esta pandemia valió la pena…
*Centro de Investigaciones y Transferencia de Catamarca (CITCA) –dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de Catamarca.
**Por Horacio Machado Aráoz – Colectivo de Investigación de Ecología Política del Sur para La tinta.
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Un virus ha puesto en jaque el sistema económico-social-espiritual hegemónico. La pandemia del COVID-19 logró frenar en seco la cotidianidad de una parte del mundo, pero también puso de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales y la enorme tendencia a la concentración de la riqueza.
Las grandes empresas eligen las ganancias por encima de la salud, los gobiernos continúan sus políticas de despojo institucional, mientras los medios de comunicación impulsan el miedo y una narrativa apocalíptica. Los sistemas de opresión quieren hacernos pagar la continuidad de su existencia con nuestras vidas.
El presente documento es parte de un ejercicio de síntesis y sistematización de las narrativas dominantes que han pasado por nuestro radar y hemos visto reproducirse en tiempos de pandemia; también están los anticuerpos, las reflexiones, discusiones y sueños con las que nos hemos cruzado en las últimas semanas. Esperamos que sirva para iniciar una reflexión colectiva: ¿qué es lo que este momento requiere de nosotres? Como narradores, cuenta cuentos, artistas, comunicadores, radialistas, periodistas, hackers culturales, tenemos una responsabilidad sumamente importante en la crisis extendida que se avecina: hacer de lo radical un sentido común, crear relatos que agrieten los muros, que abran la imaginacción para crear otros futuros posibles.
La Narrativa Hegemónica:
1. Invisibiliza las razones estructurales de la crisis. Promueve la idea de que este virus ‘no discrimina’, ‘es una amenaza para todas las personas’ del planeta y ‘es la causa’ del sufrimiento que estamos por vivir. Invisibiliza que los impactos económicos y demográficos dependen de vulnerabilidades preexistentes del sistema: el ‘desarrollo del primer mundo’ a partir de la explotación colonial, cuarenta años de políticas neoliberales, cincuenta años en donde la expansión del capital ha extinguido el 60% de la biodiversidad en el planeta, el desmantelamiento de los sistemas de salud y seguridad social, la sobrecarga de los cuidados de los enfermos en las mujeres, las enfermedades crónicas debido a un modelo industrial de alimentación, el envenenamiento del agua y el aire, la privatización del agua que tiene al 40% de la población mundial sin posibilidad siquiera de beber o lavarse las manos. En enero de este año, 2153 ricos concentran la misma riqueza que 4.600 millones de pobres (60% de la población mundial). El virus no discrimina, pero la desigualdad estructural sí. Existen artículos y estudios científicos que muestran que los virus que se diseminan en estos tiempos están directamente asociados a la destrucción de los ecosistemas, a la deforestación y al tráfico de animales silvestres para la instalación de monocultivos.
Sin embargo, la narrativa de la pandemia la muestra como enfermedad no como síntoma. Ni en los discursos de los políticos, ni en los medios de comunicación masivos se nombra la necesidad de un cambio radical en las relaciones entre las personas y con el planeta.