PRONUNCIAMIENTO a 16 años del asesinato de Bety Cariño y Jyri Jaakkola
Fuente: CNI
A los medios de comunicación
A la opinión pública nacional e internacional
A las organizaciones sociales y de derechos humanos
A los pueblos de México y del mundo
Al Congreso Nacional Indígena
Hermanas y hermanos:
Han pasado 16 años desde que arrebataron la vida de Bety Cariño y Jyri Jaakkola, y el tiempo no ha sido suficiente para cerrar la herida ni para alcanzar la justicia. Sus nombres siguen latiendo en la memoria de los pueblos que no se resignan a la muerte impuesta por la guerra. No son un eco perdido en la nada: son presencia viva que camina en cada lucha por la dignidad y contra el olvido.
Bety, mujer de raíz profunda y palabra firme, sembradora de organización y esperanza; Jyri, compañero solidario que cruzó fronteras para abrazar la causa de los pueblos. Ambos fueron asesinados en un contexto de violencia que no ha cesado, en un país donde defender la vida, el territorio y los derechos sigue siendo una condena.
Hoy, su memoria también nos recuerda la lucha que defendían.
La tierra de Bety, en la Mixteca, continúa bajo amenaza por proyectos extractivos, particularmente la minería, que avanza sobre territorios indígenas sin el consentimiento de los pueblos. Bajo discursos de “desarrollo” o “transición energética”, se siguen imponiendo concesiones que vulneran la libre determinación y rompen el tejido comunitario.
Lo ocurrido hace 16 años no es un hecho aislado: el extractivismo sigue generando violencia, despojo e impunidad.
Hoy, sus ausencias se entrelazan con otras:
con las voces de las madres buscadoras que recorren caminos de tierra y silencio, con las familias que escarban la tierra buscando lo que el Estado se ha negado a encontrar, porque el amor es más grande que el dolor, más grande que la muerte y la desesperanza, y con los nombres de quienes han sido asesinados por defender el agua, la tierra y la vida frente al despojo.
México se ha convertido en un territorio donde la memoria es resistencia.
Donde la justicia se aplaza, se diluye o se niega para sostener el ciclo permanente de la impunidad.
Donde las víctimas son obligadas a hacer la búsqueda que le corresponde al Estado.
A 16 años, seguimos preguntando:
¿Dónde está la justicia para Bety y Jyri?
¿Dónde están las garantías para quienes hoy defienden la vida?
¿Hasta cuándo la impunidad será la norma?
No es solo un crimen del pasado: es una herida abierta que dialoga con el presente.
Es la misma violencia que hoy golpea a las madres que buscan a sus hijas e hijos,
la misma que amenaza y asesina a quienes defienden sus territorios, la misma que intenta sembrar miedo donde florece la organización y se levanta la palabra.
Pero también es la memoria la que nos sostiene.
Porque recordar es un acto de dignidad.
Porque nombrar es resistir.
Porque la justicia no prescribe en el corazón de los pueblos.
Hoy levantamos la voz para exigir:
* Verdad y justicia para Bety Cariño y Jyri Jaakkola.
* Alto a la violencia contra personas defensoras del territorio y los derechos humanos.
* Cancelación de concesiones mineras en nuestros territorios.
* Reconocimiento y protección real para las madres buscadoras.
* Fin a la impunidad que cobija a los responsables materiales e intelectuales.
* Alto a la guerra contra los pueblos zapatistas y los pueblos del mundo.
A 16 años, no hay silencio posible.
La memoria camina.
La dignidad persiste.
La lucha continúa.
Porque mientras haya injusticia,
sus nombres seguirán siendo semilla.
¡Bety y Jyri viven en la memoria de quienes resistimos, en los pueblos que no claudican!
¡Justicia!



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