Mexico
Comunicado de la comunidad indígena de San Lorenzo de Azqueltán, municipio de Villa Guerrero, Jalisco
Hoy miércoles 11 de marzo de 2026, emitimos un comunicado reunidos en el pueblo wixárika y tepehuano.
Estamos juntos para defender nuestra tierra, porque supuestos ejidatarios intentan despojarnos de un predio que supuestos ejidatarios intentan despojarnos de un predio que fue asignado legalmente por la Asamblea General de Comuneros, ante los hechos del día 25 de diciembre de 2025, en que trataron de despojar, tumbaron el cerco y se apropiaron del material.
Ese terreno fue autorizado para que un compañero wixárika construya su casa.
La decisión fue tomada por la asamblea, por lo cual hoy miércoles nos encontramos en el predio del compañero Basilio Carrillo ayudándolo a construir su casa para vivir. Por amenazas que se han derivado de estos hechos.
Desde la comunidad indígena de San Lorenzo de Azqueltán hablamos hoy a nuestra gente y a las comunidades vecinas y a los pueblos y gobiernos de México.
Decimos con claridad:
Desde tiempos antiguos habitamos estas tierras. El pueblo wixárika y el pueblo tepehuano vivimos aquí juntos somos dos pueblos y una sola comunidad. Pero también sabemos algo, que durante muchos años el racismo, el desprecio y la exclusión han acompañado los intentos de quitarnos la tierra.
Quieren convertirla en mercancía. Quieren convertirla en negocio.
Eso es algo que no aceptamos. Para nosotros la tierra no es una cosa, la tierra es nuestra madre.
Nuestra madre no se vende.
Nuestra madre no se compra.
Por defenderla nos han perseguido, nos han amenazado, nos han secuestrado, han desaparecido y asesinado a nuestra gente.
Pero no nos han vencido.
Aquí seguimos.
Y aquí seguiremos.
Llamamos a los gobiernos a no ser cómplices del despojo. La discriminación y el despojo son delitos.
Las autoridades tienen la obligación de detenerlos.
Hoy queremos hablar primero a nuestro propio pueblo.
Al pueblo tepehuano de Azqueltán:
Les decimos con respeto y con cariño que reconocemos su dignidad y la memoria de nuestros ancestros. Sabemos que han querido dividirnos, han querido sembrar odio entre nosotros. No lo permitamos.
No se dejen manipular por quienes apuestan a la muerte y la destrucción. Nuestro corazón colectivo siempre será su casa.
Al pueblo wixárika de Azqueltán le decimos:
Sabemos de dónde viene el desprecio que enfrentamos, viene de quienes creen que la tierra debe ser propiedad privada y negocio. Frente a eso respondemos con unidad.
Unidad para defender la vida.
Unidad para honrar a nuestros ancestros.
Unidad para respetar nuestras deidades.
A nuestros hermanos y hermanas de las comunidades vecinas San Sebastián Teponahuaxtlán y Santa Catarina Cuexcomatitlán
Esta lucha es por seguir cumpliendo en nuestros patios ceremoniales, por poder cumplir a las deidades en el lugar donde nacimos, por cuidar los lugares sagrados, por lo que también los vemos y los sentimos en cada paso y en cada uno de nuestros dolores.
Es la lucha por la dignidad de nuestros pueblos; contra el despojo, contra el racismo, contra la discriminación.
Somos wixaritari nacidos en Azqueltán. Comuneras y comuneros que caminamos junto al pueblo tepehuano.
Defendemos lo que es de todos:
La tierra.
Los agostaderos.
Los bosques.
El agua.
La vida de este territorio.
Quienes quieren desaparecer esta comunidad sueñan con venderlo todo, pero nuestra madre tierra está viva.
Y desde el fondo del Cañón de Bolaños llamamos a los pueblos a escucharnos y a mantenernos organizados.
Porque donde manda la propiedad privada, no hay lugar para los pueblos, no hay lugar para la cultura, no hay lugar para lo sagrado.
Aquí seguimos.
Aquí resistimos.
Y aquí seguiremos defendiendo nuestra tierra.
Atentamente
Desde el fondo del Cañón de Bolaños
Comunidad indígena wixárika y tepehuana de San Lorenzo de Azqueltán
Municipio de Villa Guerrero, Jalisco
Punta Colonet: el megapuerto que amenaza riqueza biológica y observación científica en México
Por Nysaí Moreno | Avispa Midia
En portada: En septiembre del 2025, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila y el almirante de la Marina Armada de México, Raimundo Pedro Morales, formalizaron la concesión para desarrollar las obras del megapuerto en Punta Colonet.
En el municipio de Ensenada, Baja California, se autorizó una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para un megapuerto en Punta Colonet, que abarca 2,686 hectáreas de zona marina. La MIA fue autorizada el 29 de agosto de 2024, tras un proceso que incluyó consulta pública, solicitudes de información adicional y múltiples opiniones técnicas.
En este contexto, este 28 de febrero las autoridades estatales indicaron que “iniciarán construcción de acceso vial al puerto de Punta Colonet”. El Gobierno de Baja California anunció el arranque de la vialidad que conectará la carretera federal con el polígono donde se proyecta el puerto de carga, al sur del municipio de Ensenada. La obra será ejecutada por la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Reordenamiento Territorial (SIDURT) como “primera etapa” de habilitación. Aunque oficialmente se afirma que por ahora solo se construirá el acceso y que los servicios básicos (agua, energía y drenaje) se incorporarán más adelante, el mensaje es claro: el territorio comienza a ser intervenido antes de que exista un debate público profundo, vinculante y resuelto. La planeación de usos de suelo, con áreas de conservación, logística, seguridad y reservas habitacionales de crecimiento gradual, revela que no se trata únicamente de un puerto, sino de la siembra anticipada de un enclave industrial con urbanización inducida.
La estrategia es conocida: abrir primero la carretera, fragmentar después el paisaje y consolidar finalmente un modelo irreversible. El acceso vial no es una obra aislada; es la primera incisión física de un megaproyecto que avanza por etapas mientras diluye, en trámites administrativos, las preguntas de fondo sobre soberanía, biodiversidad y justicia territorial.
En 2006, este mismo puerto fue planeado y cancelado por falta de viabilidad ambiental y social. Hoy regresa con mayor alcance y bajo el discurso del “nearshoring verde”. El megapuerto, dormido por casi dos décadas, ha dado luz verde a la primera fase del que podría convertirse en el puerto más grande de México. Su reactivación revive también viejas alertas: un corredor industrial y ferroviario que conecta Colonet con Mexicali y la frontera con Estados Unidos. Una ruta de esa escala con la magnitud del proyecto del puerto, amenaza con transformar radicalmente una región de alto valor ecológico, astronómico y cultural.
Para dimensionar la escala del área autorizada, las 2,686 hectáreas de zona marina equivalen a 26.86 millones de metros cuadrados, lo que representa alrededor de 3,760 campos de fútbol profesional, considerando que cada uno mide 7,140 m² según la FIFA. Esta superficie es comparable a casi toda la mancha urbana de la ciudad de La Paz, Baja California Sur, y también supera ampliamente toda la zona urbanizada de Ensenada, Baja California.
Imaginar el dragado de esa magnitud —una herida del tamaño de una ciudad— es imaginar cómo una topadora invisible se traga un paisaje entero sin dejar cicatriz “visible” desde el aire. Pero bajo el mar, todo cambia. El fondo marino no es un plano neutro: es un mundo. Un territorio de corrientes, plumas sedimentarias, comunidades bentónicas y rutas ecológicas de peces y crustáceos. Allí, el dragado no solo remueve arena: desaloja vidas, desplaza nutrientes, enturbia la luz, y altera las rutas con las que el mar se orienta.
Se trata de una extensión descomunal de concesión marítima en favor de infraestructura industrial, en un ecosistema altamente sensible y aún poco estudiado en su complejidad oceánica, geológica, ecológica, botánica, biocultural y astronómica, donde convergen procesos marinos profundos, sistemas de biodiversidad terrestre y marina, saberes tradicionales, y condiciones únicas para la observación del cielo oscuro desde el Observatorio Astronómico Nacional en la sierra San Pedro Mártir.
Cabe destacar que esos sistemas de biodiversidad terrestre y marina profundamente interconectados, albergan no solo especies en riesgo, sino linajes botánicos únicos en el planeta. En la punta de esta meseta costera sobrevive —aún— un conjunto de plantas que no crecen en ningún otro lugar del mundo: formas de vida adaptadas al viento, al suelo salino, a la niebla más que a la lluvia. No son sólo especies: son soluciones evolutivas irrepetibles.Estas singularidades vivas resisten —por ahora— en la Mesa de Colonet, un enclave de niebla, viento y memoria vegetal. Allí sobreviven Hazardia orcuttii, Salvia brandegeei, Orcuttia californica: bibliotecas vivas de adaptaciones antiguas, cuyas páginas se escribieron en interacción con el suelo salino, la brisa costera y los ciclos irregulares de la lluvia a través del tiempo. Son especies que no se repiten. Y si desaparecen allí, desaparecen del planeta entero.
Mesa Colonet: zona de transición ecológica única
Mientras los reflectores se centran en la costa y en el potencial “verde” del nuevo puerto, este ecosistema terrestre de alto valor biológico se encuentra en riesgo de ser desplazado sin siquiera haber sido conocido y mucho menos protegido: la Mesa Colonet.
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