Reunidos en la plaza principal de San Mateo Ozolco, pueblo originario nahuatl de los volcanes, la comunidad de San Mateo Ozolco, acuerpados y unidos con las comunidades de San Pedro Yanhuitlalpan, San Nicolas de los Ranchos, San Lucas Atzala, San Andrés Calpan, Nealtican, Santa María Acuexcomac, Santa María Zacatepec, San Miguel Xoxtla, San Pedro Cholula, San Andrés Cholula, San Rafael Comac, San Bernardino Tlaxcalancingo, todas de la región cholulteca y de los volcanes, así como también acuerpados por la Unión de Pueblos y Fraccionamientos contra el Basurero y en Defensa del Agua, los compañeros de la comunidad otomi residente en la ciudad de México del Congreso Nacional Indígena, de la Asamblea Nacional por el Agua y la Vida, así como individuos, estudiantes, organizaciones y colectivos de la ciudad de Puebla y compañeros de la región Libres Oriental.
Nos hemos encontrado primero para pedir perdón a la montaña, a la Madre Tierra, por no haberla defendido antes, más a tiempo, pedirle perdón por haberla explotado, hecho daño, y le hemos prometido que la vamos a cuidar y defender.
En el Encuentro escuchamos y conocimos las necesidades y dolores de Ozolco y lo que los amenaza, con la tala de árboles que estaba realizando un descendiente de hacendados de apellido Aizpuru y de la necesidad de estar pendiente del bosque y defenderlo todas y todos.
El bosque es nuestra bendición, el patrimonio que nos deja la madre naturaleza, nuestras abuelas y abuelos, debemos cuidarlo y defenderlo, y aunque también lo aprovechamos, es a pequeña escala y con el ramaje o árboles viejos, porque cada arbol tarda en llegar a su altura en 50 años y tiene de vida otros 50 o 60 años más que sigue creciendo a los lados, nosotros sembramos hoy un árbol en nuestro bosque y mañana cuando seamos viejos, apenas lo vamos a ver jóven.
Hasta ahora la tala no autorizada por el pueblo de Ozolco se mantiene detenida y el pueblo estará atento de que así se mantenga hasta que se cancele. Y también sabemos y lo vivimos que la defensa del bosque no es solo no dejar cortar, sino ver las enfermedades del bosque, apagar las chamusquizas, correr a cazadores, respetar el ciclo de reforestación propio del bosque y reforestar, vigilarlo.
Vimos la actitud nuevamente negativa de la presidenta auxiliar que fue con polícias armados a reclamar porque no se le había notificado del evento, cuando no quiso recibir previamente el documento de notificación de la comunidad y también al municipio se le notificó y se le pidió notificara a la Presidenta también, sin embargo la Presidenta hizo uso de la policia municipal de Calpan para amedrentar a los organizadores del evento de la comunidad y a los pueblos invitados.
Escuchamos los problemas del agua que tienen los pueblos de Nealtican, Santa María Acuexcomac y Xoxtla, que ya conocemos porque somos comunidades vecinas y estamos conscientes de la injusticia que viven por el saqueo del agua para la ciudad de Puebla y el incumplimiento del Gobierno de los Acuerdos que tuvieron con las comunidades en 1994 y 1997, del intercambio de presos por el agua que le hicieron a Nealtican y de la problemática del basurero y la basura, de las aguas negras en San Lucas Atzala y que el gobierno no hace nada por ayudarnos y defendernos a los pueblos ante privados que quieren explotar el bosque y el agua.
Escuchamos de la lucha contra el gasoducto en la faldas del volcán Popocatépetl y del asesinato del compañero defensor Samir Flores Soberanes, una gran persona del Estado de Morelos que fue asesinado para que se pudieran terminar los trabajos del Proyecto Integral Morelos y muriera la organización, pero que la organización no murió porque Samir vive ahora más en los pueblos y se van a realizar las Jornadas en su memoria y por la autodeterminación de los pueblos del 19 al 22 de febrero a los cuales nos invitaron a participar.
Escuchamos de la criminalización a los carboneros de nuestros pueblos, como en San Pedro Yancuitlalpan. Es el colmo que a los pueblos los quieren meter a la carcel por aprovechar unas ramas de su bosque, pero a los extranjeros les dejan talar arboles sanos igual de 100 años de edad, que de 50, 20 o 10, como la familia Aizpuru. Los permisos del gobierno son pura continuidad de privilegios, no protegen, ni regulan nada.
En el Encuentro nos preguntamos: ¿Cómo obtuvo la propiedad ese tal Aizpuru? ¿Quién se la vendió? Y vemos que nadie le vendió la tierra a la familia Aizpuru, el ahora descendiente de los hacendados, viene heredando lo “que quedo” de la Hacienda Buenavista, hacienda que tenía tomada las tierras y aguas de los pueblos originarios en la conquista, pero que en la revolución mexicana, se le recogió para darle la tierra a sus legítimos dueños, pero no todo se recogió y se repartió. En Ozolco y la región de las montañas Iztacihuatl y Popocatépetl hay una deuda de justicia y de tierra.
Nos preguntamos: ¿Si la revolución fue para desaparecer la hacienda, porque el gobierno no recogió toda la Hacienda Buenavista a los Aizpuru y se la dio a los pueblos, como debería de ser? Hoy tenemos problemas con ellos porque no respetan el bosque, lo ven como mercancía y para el pueblo ha sido un sitio sagrado desde nuestros abuelos y abuelas.
Después de escuchar los testimonios de algunos de los pueblos invitados, nos acercamos mas y nos preguntamos también: ¿Quién gobierna y manda en nuestros pueblos? Y dijimos que los pueblos, pero luego reflexionamos y vimos que los que realmente gobiernan o deciden, son las autoridades, los caciques y hasta el crimen organizado en muchas partes de nuestro país y que no debe ser así, que el pueblo es el que debe mandar. Y al preguntarnos ¿Cómo nos organizamos para defender el bosque, el agua y la vida? Vemos que con educación a nuestros hijos, buscando la unión del pueblo para defender y la unión con otros pueblos.
Por lo que el ACUERDO GENERAL de esta ASAMBLEA ES NI UN ARBOL MAS, NI UN POZO PROFUNDO MÁS y que vamos a estar unidos para hacer valer esa ley de los pueblos, que es una ley para preservar la vida.
Que se respete la dinámica de los pueblos que han sabido cuidar y aprovechar el bosque, así como el agua. Siempre reflexionando el pueblo y siendo autocrítico de su actuar.
Estaremos acompañandonos en nuestras luchas y estaremos presente en la Asamblea del 30 aniversario del Congreso Nacional Indígena.
Nos volveremos a encontrar los pueblos de la región Izta-Popo e invitados el próximo 12 de abril en San Lucas Atzala para seguir conformando una unión de ejidos y comunidades de la región de las montañas Iztacihuatl y Popocatépetl.
A las organizaciones sociales, de derechos humanos y solidarias
Al Congreso Nacional Indígena (CNI)
A los pueblos indígenas de México y del mundo
Exigimos medidas inmediatas de protección para el compañero Carlos Beas y el equipo de UCIZONI
Las organizaciones, colectivos y personas firmantes manifestamos nuestra profunda preocupación ante los hechos de hostigamiento, intimidación y amenazas ocurridos en los últimos días contra el compañero Carlos Beas, defensor de derechos humanos, así como contra el equipo de la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI).
Exigimos de manera inmediata la implementación de medidas de protección eficaces para salvaguardar la integridad física y psicológica de Carlos Beas y de todas y todos los integrantes de UCIZONI.
Asimismo, señalamos como responsables al Gobierno del Estado de Oaxaca y al Gobierno Federal, a quienes hacemos directamente responsables en caso de que ocurra cualquier agresión adicional contra Carlos Beas o el equipo de UCIZONI, ya sea por acción u omisión.
Hechos recientes
Compartimos algunos de los incidentes ocurridos en los últimos días:
• Jueves 15 de enero de 2026, aproximadamente a las 22:15 horas, se escuchó una ráfaga de metralleta en la parte trasera vecina del domicilio de Carlos Beas, ubicado en la colonia Rincón Viejo, Santa María Petapa, Oaxaca.
• Sábado 17 de enero, un individuo armado fue visto en dos ocasiones afuera del mismo domicilio. Al ser abordado, simuló estar en estado de ebriedad y se retiró; sin embargo, fue claramente visible que portaba un arma en la cintura.
• Martes 20 de enero, alrededor de las 9:40 horas, dos individuos se presentaron en las oficinas de UCIZONI, afirmando ser supuestos empleados de la Fiscalía General de la República (FGR). Preguntaron por tres personas desconocidas para entregar una notificación. Se negaron a identificarse y no acreditaron su carácter oficial.
Contexto de riesgo
Informamos también que el domingo 18 de enero, una comisión de personas afectadas por las obras del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, vecinas y vecinos del ejido Mogoñe Viejo, Guichicovi, dio a conocer que se alcanzó un acuerdo con el FIT y la SICT, mediante el cual dichas instancias se desistieron de las denuncias penales interpuestas contra 14 campesinos y campesinas ayuujk, así como contra tres integrantes de UCIZONI.
Aunado a ello, tras el descarrilamiento del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec ocurrido el pasado 28 de diciembre, se ha registrado una creciente presencia de periodistas nacionales e internacionales en la región, lo que incrementa la tensión y el riesgo para quienes defienden los derechos colectivos y el territorio.
Exigencias
Ante esta grave situación, exigimos:
1. La implementación inmediata de medidas de protección integrales y efectivas para Carlos Beas y el equipo de UCIZONI.
2. El cese inmediato de todo acto de hostigamiento, intimidación y vigilancia.
3. Una investigación pronta, seria e imparcial de los hechos denunciados.
4. Garantías reales para el ejercicio de la defensa de los derechos humanos y del territorio en el Istmo de Tehuantepec.
La defensa del territorio y de los derechos de los pueblos indígenas no es un delito.
El Estado tiene la obligación de proteger la vida y la integridad de quienes defienden los derechos humanos.
¡Alto a la criminalización y a las amenazas contra UCIZONI!
¡Protección inmediata para Carlos Beas!
Atentamente,
(y organizaciones, colectivos y personas firmantes)
Centro de Formación Para la Autonomía Teocentli, MAIZ (Movimiento Agrario Indígena Zapatista ), colectivo Huitzil Urbano,
Colectiva Tëkaampë Ayuuk Toxëjk también firma,
proyecto migala, cooperativa Nutze, Raices del Camellón en Resistencia (Xalapa, Veracruz)
Coyotes del Cerro de la Galaxia (Xalapa y Banderilla, ejidal), Ollin Quetza, AC, Laboratorio Popular de Medios Libres, Mujeres Luchando por la Autonomía, Geo-grafias Comunitarias (Puebla),
CDH Tepeyac del Istmo de Tehuantepec. A. C., Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos, Puebla, Tlaxcala, Colectivo guamachil, Je’ Xo’o el Ombligo
Del Barrio News, Comité Ixtepecano en Defensa de la Vida y el Territorio, Colectiva Mujeres que Luchan por la Vida, Veracruz, Radio comunitaria indígena Zacatepec XHSBE, Tequio Jurídico A.C., Grupo Latinoamericano de Estudios Formacion y Acción (Glefas), las desplazadas de San Juan Copala, COMITÉ DE VECINAS Y VECINOS EN DEFENSA DEL RÍO COTAXTLA, Comunidad Indígena Nahua Milpa Alta CNI, Consejo de Bienes Comunales Indígena Nahua Tlacotenco, Guardia Comunal Tlacotenco. Guardia Comunal Tona, Escuela Comunal Casa del Arte Tlaixco ,ILANCUEITL danza de las Tlacualeras, Servicios para una Educación Alternativa AC EDUCA, Frente Popular Revolucionario. Red Unidos por los Derechos Humanos y CNI Totonacapan, Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño, A.C., Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes, El Tekpatl periódico crítico y de combate, Periódico la Flor In Xochitl In Cuicatl, Colectivo Tokalihtik Santa Cruz Tequila Veracruz México, Se suma la Unión de Pueblos y Fraccionamientos en contra del basurero y en defensa del agua de la región Cholulteca, Célula Ana María Hernández del Partido de los Comunistas, Firma Perifoneo Prieto Popular a nombre de Cholollan Radio Comunitaria, Grupo de Trabajo «Fronteras, regionalización y globalización» del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales., Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio, Observatorio Ciudadano Comunitario del Agua y Medio Ambiente de los Valles Centrales de Oaxaca (OCCAMA) Perifoneo Prieto Popular, Cholollan Radio Comunitaria, Hipólito Rodríguez Herrero, académico, Isabel Ceballos Rincón, artista, Comité en defensa del agua de san Miguel Xoxtla, Cultura Errante, Coatepec, Veracruz
Promotora CNTE-Veracruz, Grupo de Apoyo para el Desarrollo de las Comunidades Mixes del Estado de Oaxaca.
Unión Nacional de Trabajadores Agricolas de Oaxaca, Asociación de productos ecologista tatexco , APETAC, Consejo Regional Indígena y popular de Xpujil ( Cripx) Resistencia Civil de Candelaria, red mexicana de periodistas ambientales, Me red de guardianes de la naturaleza, Jorge Salazar García, Veracruz, Red de Radios Indígenas y Comunitaria del Sureste Mexicano, Bruno Baronet, PUCARL Comité de Patronatos del Río Carneros,. Xalapa. El Ecologista Universal, Veracruz
Urbanización Salvaje
Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental, LAVIDA.
En entrevista con el antropólogo y comunicador mexicano, Francisco De Parres Gómez, se analizan las agresiones contra el zapatismo no como hechos aislados, sino engranajes clave del despliegue de los megaproyectos y de la disputa por el control territorial, en lo que denomina como un “Triángulo del despojo”, entre violencia estatal, permisibilidad del crimen organizado y debilitamiento paulatino del tejido comunitario: Frente a ello, las comunidades resisten desde las artes vinculadas a la política.
¿Qué nos dice el sexenio de AMLO sobre los límites del progresismo frente a los movimientos autónomos?
Podemos pensar como ha analizado Raúl Zibechi sobre otros contextos latinoamericanos, que el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) volvió a demostrar que los llamados gobiernos progresistas no necesariamente representan un terreno más favorable para los movimientos sociales, vemos casos como los de Gabriel Boric en Chile o Rafael Correo en Ecuador, por mencionar algunos; en muchos casos, incluso, los confrontan con mayor dureza que los gobiernos abiertamente conservadores. MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional, partido político en el poder) no se constituyó como un espacio plural donde cupieran las diferencias políticas, territoriales y culturales del país, sino como un proyecto que redujo la diversidad a una noción abstracta de ciudadanía, funcional al orden colonial existente. Aunque México reconoce oficialmente la existencia de 68 pueblos originarios, durante este periodo no se desarrollaron políticas públicas diferenciadas que atendieran las realidades específicas de las comunidades indígenas ni de la población afrodescendiente en sus distintos territorios y necesidades.
A lo largo de su gobierno se consolidó una forma de relación con los pueblos basada en la espectacularización y la folklorización de sus luchas, ejemplo de ello es la entrega del bastón de mando en la toma de posesión presidencial. Las demandas históricas fueron convertidas en símbolos vaciados de contenido político, lo que derivó en una apropiación discursiva de consignas zapatistas como el “Mandar Obedeciendo” y en un retorno a prácticas clásicas del indigenismo de Estado. Mientras se construía una narrativa de cercanía con “el pueblo”, en los hechos se descalificó y minimizó al zapatismo, pero también a otros actores incómodos: el movimiento feminista, las madres y padres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, periodistas críticos, universitarios que buscan sus derechos, y poblaciones migrantes que denunciaban la violencia estructural.
En términos estructurales, el legado del obradorismo no significó una ruptura con el neoliberalismo, sino su profundización bajo nuevas formas adaptativas del Estado a las lógicas globales. Se promovió la corporativización de múltiples movimientos sociales y se debilitó el tejido comunitario a través de programas que individualizaron el acceso a los recursos públicos, mismo caso por ejemplo del gobierno de Lula da Silva en Brasil. Iniciativas como Sembrando Vida fueron rebautizadas irónicamente en muchas comunidades como “sembrando envidia” o “sembrando latas”, debido a que los apoyos no se redistribuían colectivamente, generaban conflictos internos y, en algunos casos, se vincularon más con la devastación ambiental que con la reforestación. Algo similar ocurrió con Jóvenes Construyendo el Futuro, que en ciertos territorios se asoció a procesos de precarización, alcoholismo y consumo de drogas, sin atender las causas profundas de la exclusión social.
A pesar de haber prometido el regreso del Ejército a los cuarteles incluso como una de sus banderas de campaña, el sexenio de AMLO se caracterizó por una expansión inédita del presupuesto militar y por la normalización de una policía de corte castrense desplegada en todo el país. Si bien el presidente intentó modificar algunas dinámicas del régimen político, quedó claro que las transformaciones de fondo no pueden emanar de la Presidencia cuando el Estado mismo opera como una estructura neocolonial. Los cambios reales, como han insistido los pueblos en resistencia, solo pueden construirse desde abajo: desde las comunidades, los barrios y los territorios organizados, muestra de ello son las comunidades zapatistas, el pueblo kurdo constantemente atacado y como el pueblo más grande del mundo sin Estado, o las comunidades mapuche que luchan por defender la Patagonia en contra de los intereses inmobiliarios sionistas o de familias como la Benetton que concentra alrededor de un millón de hectáreas en la región.
A esto se suma un modelo de gobernabilidad sustentado en la administración del conflicto social. En lugar de entablar diálogos horizontales con las organizaciones, el gobierno optó por mecanismos de negociación desiguales, procesos de cooptación de lideranzas y políticas asistencialistas que fragmentaron luchas colectivas de larga duración. Bajo el discurso de la llamada “Cuarta Transformación”, no se desmontaron las estructuras heredadas del neoliberalismo; por el contrario, se reforzaron y legitimaron mediante una retórica progresista que terminó reproduciendo el mismo orden que decía cuestionar, ya que a pesar de haber una redistribución del gasto público, el modelo de acumulación propio del capitalismo se mantuvo.
En ese contexto, el zapatismo ha seguido a lo largo de por lo menos siete sexenios como una de las voces más incómodas para el poder. Su insistencia en la autonomía, la autogestión y la crítica frontal al Estado puso en evidencia los límites del proyecto obradorista. Frente a ello, AMLO optó por caricaturizar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), acusarlo de frenar el progreso o invisibilizar sus aportes, antes que reconocer que en los Caracoles como territorios autónomos, se han construido experiencias concretas de vida comunitaria, dignidad y organización colectiva. El saldo final de su sexenio no es la superación del neoliberalismo, sino la confirmación de que incluso un Estado autodenominado progresista sigue funcionando como un dispositivo colonial que asfixia a los movimientos cuando estos desbordan los márgenes de control institucional y plantean otras formas de existencia.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
¿Cómo interpretas el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum frente al zapatismo, considerando que ha declarado una relación de “respeto”, pero también su compromiso con el proyecto de MORENA? ¿Estamos ante una simple continuidad del obradorismo?
Lamentablemente, todo indica que el escenario puede ser incluso más adverso. Por primera vez en la historia de México, el poder ejecutivo adopta la figura de una mujer con formación científica y un discurso ilustrado, pero ese cambio de rostro no implica una ruptura con las estructuras profundas del poder. Aunque Sheinbaum se presenta como una presidenta progresista, su proyecto no cuestiona el modelo de acumulación capitalista ni la noción de “desarrollo” que lo sostiene. En los hechos, su administración apunta a una profundización del militarismo y del neoliberalismo, sin intención alguna de desmontar las bases económicas y políticas que producen desigualdad y despojo.
El discurso oficial insiste en la inclusión y el respeto, pero en la práctica se consolida la militarización del país y la convivencia estructural entre el Estado, la corrupción por más que se ha dicho combatir y el crimen organizado. La apropiación de consignas y frases del zapatismo puede generar la impresión de que los movimientos sociales han alcanzado el poder, cuando en realidad se observa una continuidad del extractivismo, del control territorial y de la subordinación de las comunidades. En lugar de fortalecer sistemas públicos de salud y educación, se priorizan dispositivos de control estatal, como la Clave Única de Registro de Población con datos biométricos, que operan más como herramientas de vigilancia que como garantías efectivas de derechos, significando así el avance más aún hacia sociedades de control.
Como ocurrió con el gobierno anterior, es necesario situar a Sheinbaum en una coyuntura histórica y geopolítica más amplia. El mundo atraviesa una reconfiguración profunda marcada por múltiples crisis —climática, financiera, bélica— frente a las cuales el orden imperial responde intensificando la violencia y administrando la muerte para sostener la acumulación capitalista, lo más reciente de ello es el intervencionismo estadounidense que secuestró a Nicolás Maduro en Venezuela, las amenazas a Petro o los intereses neocoloniales sobre Groenlandia. El Subcomandante Galeano (antes Marcos) lo expresó con claridad brutal: la guerra que hoy arrasa Gaza no es un fenómeno distante, sino un anticipo de lo que puede extenderse a otros territorios si no se modifica el rumbo civilizatorio. El mensaje es que es cuestión de tiempo para que los misiles caigan sobre nuestras casas.
Frente a ese panorama, el zapatismo plantea una alternativa radicalmente distinta. No un internacionalismo de Estados y fronteras o desde la figura obrera como motor de la lucha de clases, sino un internacionalismo tejido desde abajo, entre pueblos y resistencias diversas que defienden la vida frente a la necropolítica. La “Travesía por la Vida” de 2021 es un ejemplo contundente: al recorrer 19 países europeos, los zapatistas se encontraron con el pueblo Sami, colectivos okupas, anarquistas, sindicatos, trabajadoras sexuales y personas migrantes, demostrando que su lucha no es local ni folclórica, sino una propuesta que se puede universalizar en clave de dignidad y autonomía.
Lo más preocupante del proyecto de Sheinbaum es que, bajo una retórica de cambio y con un rostro progresista femenino, puede reforzar la ilusión de que las transformaciones profundas son posibles desde el aparato estatal, no obstante, la experiencia histórica muestra que ninguna estructura colonial puede convertirse en herramienta de emancipación. Todo apunta a una gestión de la crisis que no altera sus causas: más megaproyectos, mayor deuda ecológica y una expansión del aparato militar como garantía de “orden” y “progreso”. La trampa es doble: mientras se invoca el feminismo o los derechos humanos, se intensifica el control social y se reprimen las disidencias que desbordan los márgenes del poder.
Por eso, frente a la continuidad neocolonial maquillada con un rostro femenino, el zapatismo vuelve a colocar una lección fundamental: las alternativas reales no surgirán de arriba ni de los procesos electorales o las urnas, sino desde abajo y a la izquierda, desde los territorios que se niegan a ser gobernados por la lógica del capital. Ahí reside el contraste decisivo: mientras el Estado perfecciona sus mecanismos de vigilancia y militarización, los pueblos siguen construyendo, en silencio y con persistencia, caminos de autonomía y de vida.
Al analizar el proyecto político de MORENA y el gobierno de Claudia Sheinbaum, resulta inevitable hablar de los megaproyectos, en particular del Tren Maya. ¿De qué manera impactan estos proyectos en las comunidades zapatistas?
El mal llamado Tren Maya no puede entenderse como una obra aislada ni como un simple proyecto de infraestructura turística. Forma parte de una transformación territorial de largo aliento que viene reconfigurando el país desde hace años. Pablo González Casanova advertía que México podía llegar a fragmentarse como ocurrió con la antigua Yugoeslavia, y hoy esa advertencia se materializa en un modelo de desarrollo regional orientado a insertar los territorios en los circuitos del capital transnacional. En el norte se concentra la acumulación financiera; en el centro, el Proyecto Integral Morelos garantiza energía para la industria; y en el sureste, el Corredor Interoceánico articula Oaxaca y Veracruz como eje de circulación de mercancías, función similar a la que hace ahora el Canal de Panamá. En ese esquema, el Tren Maya funciona como el engranaje turístico de una operación mayor: una suerte de parque temático donde los pueblos originarios son exhibidos como folclor, al ejemplo de Xcaret, mientras se les arrebata el control sobre sus territorios y sus formas de vida.
Como señaló en su momento el Subcomandante Marcos, la expansión del capital no ocurre de manera neutral, sino a través de ciclos de destrucción, desploblamiento, reconstrucción y repoblamiento, ahí tenemos los videos realizados con Inteligencia Artificial que muestran a Donald Trump e Elon Musk con el proyecto hotelero y de resorts de primer mundo en la franja de Gaza. Primero se arrasan los territorios en su dimensión material y cultural; después, las comunidades son desplazadas o precarizadas en forma de etnocidio, y en su lugar desembarcan las corporaciones acompañadas por el aparato legal, la presencia militar y el crimen organizado. En México tenemos ejemplos históricos de ello como en Acapulco, en Los Cabos o en Baja California. A esta ofensiva se suman dinámicas de disciplinamiento social como la trata de personas y la esclavitud sexual, el tráfico de drogas y el alcoholismo, que erosionan deliberadamente el tejido comunitario. Solo entonces el capital instala su modelo: turismo masivo, resorts, maquilas, campos de golf.
El Tren Maya no es más que la avanzada visible de este proceso de devastación, una política que mercantiliza la vida y convierte la cultura en espectáculo, o lo que eufemísticamente se empeñan en llamar “Polos de Desarrollo”. No es casual que la propia Claudia Sheinbaum haya afirmado que se trata apenas del comienzo y que vendrán muchos proyectos similares, incluyendo trenes.
Desde esta perspectiva, las comunidades zapatistas, aunque no todas se encuentren directamente sobre el trazo del tren, se saben en el centro del riesgo debido a la colindancia. Lo que está en disputa no es únicamente una vía férrea, sino la imposición de un modelo civilizatorio incompatible con la autonomía indígena. El zapatismo, al defender la tierra como madre y no como mercancía, se convierte en un obstáculo central para quienes buscan transformar el sureste en una plataforma de negocios globales. Por eso, la oposición al Tren Maya rebasa la crítica a una obra específica o al gobierno en turno: es una confrontación directa con la necropolítica que convierte regiones enteras en territorios de sacrificio al servicio del capital.
¿Podemos centrarnos ahora en la situación de seguridad en Chiapas? ¿Hemos sido testigos de ataques directos del Estado en el territorio zapatista durante los mandatos de Obrador o Sheinbaum?
En los últimos meses se documentó un despojo violento contra el Poblado Autónomo Zapatista Belén, en la región campesina del Caracol 8 “La Luz que Resplandece al Mundo” (Dolores Hidalgo, Ocosingo). La Asamblea de Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (ACGAZ) denunció que, desde abril de 2025, se han ejecutado incursiones en las que participaron grupos civiles acompañados por el Ejército federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y la Fiscalía estatal, bajo el disfraz de un “conflicto agrario”. En los operativos se reportaron quema de casas, robos y el despojo documentado en redes oficiales. Es clave: las tierras ya habían sido indemnizadas por el Estado tras 1994 y hoy se trabajan en común por comunidades zapatistas y no zapatistas; incluso, cerca se levanta un quirófano autogestivo de acceso comunitario. Posteriormente hubo una otra incursión represiva con presencia militar en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum (la primera, en abril de 2025, con detención ilegal de dos bases de apoyo, liberadas por presión social). Todo ello confirma un cerco estatal de facto sobre el territorio autónomo.
A la par, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) denunció estrategias de cercamiento y despojo en Belén: al menos 13 bases de apoyo desplazadas forzadamente y afectaciones a campesinos no zapatistas que participan en la Milpa Común. La finalidad señalada por Frayba es convertir territorio recuperado en “tierra privada”, en un contexto de militarización (incluidas las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal – FRIP o “pakales”, cuerpo de élite estatal con múltiples señalamientos por abusos). Esto se suma a un escenario de violencias superpuestas (enfrentamientos, trata, desplazamientos, desapariciones). No es un hecho aislado: es contrainsurgencia que busca romper el común y las autonomías.
Sabemos, por ejemplo, que el gobierno ha realizado fotogrametría aérea para el reconocimiento de las comunidades autónomas en Chiapas, lo que constituye una práctica de control territorial disfrazada de monitoreo técnico. De las filtraciones reveladas por Guacamaya Leaks también se desprende que ciertos grupos de entrenamiento policial mantienen vínculos con el Mossad israelí, lo que demuestra que la contrainsurgencia no es sólo local, sino parte de un engranaje transnacional, véase el avión de guerra estadounidense que aterrizó en días recientes en México para entrenar a las fuerzas del Estado de la mano de García Harfuch. En abril del año pasado, durante el festival zapatista de arte Rebel y Revel (Arte), el Estado envió camionetas de la Guardia Nacional a patrullar los alrededores del Centro Indígena de Capacitación Integral. Allí había miles de personas de las comunidades autónomas y de la solidaridad internacional: un gesto de clara intimidación. Más grave aún, la policía local, la federal y el ejército detuvieron y desaparecieron a dos bases de apoyo zapatistas. Solo gracias a la presión inmediata de la sociedad civil nacional e internacional pudieron ser liberados.
La guerra también se libra con balas ideológicas, comunicativas y culturales. Hemos sido testigos de campañas de contrainsurgencia mediática que buscan estigmatizar al zapatismo, difundiendo rumores absurdos como que los zapatistas “no dejan entrar a su territorio porque se quieren quedar con el uranio de Chiapas”. Estos discursos buscan aislarlos, denostar su resistencia y justificar un clima de persecución. Chiapas ha sido en varias ocasiones el estado más militarizado de México, pero la situación es aún más compleja: no se trata solo de la presencia del Estado, sino de un escenario donde confluyen múltiples violencias. Los propios zapatistas lo han descrito con crudeza: Chiapas está “al borde de la guerra civil”. El tejido social se fractura cada vez más, como lo han documentado reiteradamente los informes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
Chiapas hoy es un territorio atravesado por caravanas migrantes, por redes de trata y tráfico y explotación de personas, y por la disputa abierta de los dos cárteles más poderosos del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa. En medio de este tablero, las comunidades zapatistas quedan expuestas a múltiples fuegos: la violencia criminal, la militarización estatal y la descomposición comunitaria que provocan estas dinámicas, o lo que podríamos pensar como un “triángulo del despojo”. El Estado puede decir que “no hay guerra” contra el EZLN, pero en la práctica el cerco es permanente.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
En el contexto actual, donde el Cártel Jalisco Nueva Generación ha ganado control sobre la frontera sur y el conflicto con el Cártel de Sinaloa se intensifica, ¿qué implicaciones tiene esto para Chiapas y para las comunidades zapatistas?
El avance del crimen organizado sobre territorios autónomos, advertido ya por el Subcomandante Moisés, ha entrado en una nueva fase en la que se combina con acciones estatales, legales o incentivación de conflictos locales, con procesos de despojo formalmente legalizados como los megaproyectos. El crimen organizado no es una anomalía, es uno más de los brazos del capitalismo contemporáneo que asegura la acumulación por desposesión de la que habla David Harvey. La confrontación entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa ha convertido la frontera sur en una zona estratégica para el tráfico de drogas, armas y personas, así como para redes de extorsión, mientras el Estado incrementa la vigilancia, despliega fuerzas armadas o interviene en territorios zapatistas bajo el argumento de conflictos agrarios. El resultado no es una pacificación, sino un cerco complejo donde confluyen la violencia criminal, la militarización institucional y una erosión acelerada del tejido comunitario.
Este asedio no opera únicamente en el plano armado. También se expresa en el terreno simbólico y cultural. La estética del narco, como los corridos que glorifican la violencia, ostentación material y sexualización extrema de los cuerpos, se infiltra en la vida cotidiana como una forma de colonización subjetiva que busca sustituir la lógica del común por una economía del miedo y del consumo. El reciente caso del poblado autónomo Belén muestra con claridad cómo esta convergencia entre intereses criminales y estatales presiona para privatizar tierras recuperadas y trabajadas colectivamente, atacando de forma directa los pilares materiales de la autonomía. Frente a este escenario, la defensa zapatista de la vida y del común adquiere un carácter aún más urgente y radical en el sentido de ir a la raíz.
La gravedad de la situación se profundiza con la aparición de fenómenos como el llamado Cártel de Chamula, considerado el primer cártel indígena en México. Integrado por pobladores tzotziles, grupo que ha sido denunciado por prácticas extremas como el denominado “etnoporno”, en el que mujeres indígenas son esclavizadas sexualmente y videograbadas. Estos hechos evidencian no solo la crueldad del crimen organizado, sino también su capacidad para apropiarse de violencias coloniales y patriarcales históricas, reconfigurándolas como mercancía dentro de economías ilícitas. Mismos fenómenos audiovisuales podemos presenciar con la aparición de productoras musicales que realizan videoclips que exaltan los estereotipos promovidos por el crimen organizado, en suma, a filmes de manufactura casera como “Campesinos a la Mafia”.
Desde esta perspectiva, el crimen organizado no puede entenderse como un actor marginal o una anomalía del sistema. Funciona, más bien, como una de las corporaciones más eficientes del capitalismo contemporáneo, inscrita en procesos de acumulación por desposesión que combinan militarización y violencia delincuencial, tal como lo ha señalado William Robinson y Gilberto López y Rivas. Los cárteles disputan territorios, instauran regímenes de control y terror social y se integran a circuitos globales de capital ilícito que terminan blanqueándose en el sistema financiero internacional. Bajo estas condiciones, la frontera sur se transforma en un espacio clave: corredor migratorio, ruta de economías ilegales, enclave de trata y laboratorio de disciplinamiento social.
En medio de este cerco múltiple, la autonomía zapatista se afirma como una forma de resistencia radical y defensa del territorio. Mientras el necro-capitalismo ofrece la muerte rápida o prolongada como horizonte, los pueblos insisten en la vida digna como principio organizador. Defender la tierra, la memoria y la comunidad se convierte así en un rechazo frontal a una lógica que reduce todo a mercancía, incluidos los cuerpos, y en una apuesta concreta por sostener otros mundos posibles en condiciones extremas.
Francisco, ante este escenario marcado por la militarización y la presencia de múltiples grupos armados, ¿existen enfrentamientos armados directos entre el zapatismo y estos actores?
No existen registros de choques armados abiertos entre el EZLN y otros grupos, pero sí se ha documentado una serie de agresiones sistemáticas orientadas a erosionar las bases materiales de la autonomía. Estas acciones incluyen incendios de viviendas, saqueo de cosechas y destrucción de proyectos colectivos, y en los últimos años se han intensificado con la participación directa o indirecta de fuerzas estatales y estructuras paramilitares. En Chiapas operaron históricamente grupos como Máscara Roja, Los Chinchulines o el perversamente llamado Paz y Justicia; hoy, ese entramado se reconfigura con actores locales y con cuerpos estatales de élite como las FRIP, conocidas como “pakales”, que actúan en un clima de impunidad. Se trata de un mecanismo de violencia externalizada: mientras el Estado sostiene un discurso de legalidad, delega el trabajo represivo en intermediarios civiles o armados que facilitan el despojo y allanan el terreno para intereses económicos mayores. El reciente caso de Belén marca un punto de inflexión que confirma la persistencia de esta lógica contrainsurgente, aún cuando el zapatismo se empeña en fundar un “Quirófano en la Selva Lacandona”.
En este contexto, la Organización Regional de Caficultores de Ocosingo (Histórica) ha incrementado sus ataques contra las bases de apoyo zapatistas mediante amenazas, hostigamientos y el uso de armas de fuego con el objetivo de arrebatar tierras. Estas agresiones no buscan únicamente el desplazamiento físico de las comunidades, sino la destrucción deliberada de los proyectos productivos que sostienen la vida autónoma. Existen denuncias documentadas de prácticas como el envenenamiento de estanques de peces, el asesinato de ganado y la devastación de cultivos. No se trata de estallidos aislados de violencia, sino de una estrategia prolongada de desgaste destinada a cortar la autosuficiencia comunitaria y forzar a las poblaciones a reinsertarse en relaciones de dependencia con el Estado o con poderes locales.
Este escenario confirma que el paramilitarismo no opera de manera autónoma ni es marginal al Estado. Forma parte de una red más amplia donde confluyen cacicazgos regionales, intereses de corporaciones extractivas transnacionales, dinámicas del crimen organizado y la complicidad, por acción u omisión, de distintas instancias estatales. Las agresiones contra el zapatismo resultan funcionales a la expansión de megaproyectos y al control territorial del sureste del país. Al debilitar a las comunidades autónomas, se despeja el camino para la militarización, el turismo depredador y las grandes inversiones. Lo que suele presentarse como un conflicto local es, en realidad, una pieza estratégica de la necropolítica capitalista que busca eliminar cualquier experiencia que coloque la vida y la autonomía por encima de la lógica del lucro.
¿Existe un vínculo entre los grupos paramilitares y las instituciones del Estado?
Sí, existe un vínculo de carácter estructural. Desde la década de los noventa, la política contrainsurgente en México ha operado mediante la promoción, tolerancia o encubrimiento de grupos armados presentados como “civiles”, mientras los despojos territoriales se ejecutan con respaldo o cobertura de instancias militares, policiales y ministeriales. El caso reciente de Belén lo documenta con claridad: incursiones denunciadas con presencia del Ejército Federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y personal de la Fiscalía; resoluciones aceleradas y operativos de despojo difundidos incluso por canales oficiales. De este modo, el Estado desplaza la violencia hacia terceros, garantiza la impunidad y difunde la idea de que la autonomía es ilegal y que los bienes comunes pueden ser convertidos en propiedad privada.
En la práctica, estos grupos armados actúan con armas de uso exclusivo del Ejército, bajo la protección de autoridades locales y en coordinación con corporaciones de seguridad federales. No se trata únicamente de tolerancia pasiva: en numerosos casos, los paramilitares funcionan como extensiones informales de la política estatal, ejecutando tareas que el gobierno no puede asumir abiertamente sin asumir costos políticos o legales.
Esta relación resulta funcional porque permite al poder administrar la violencia sin aparecer directamente como responsable. La tercerización del uso de la fuerza es un rasgo central de la necropolítica contemporánea: el Estado decide quién puede permanecer en el territorio y quién debe ser expulsado, quién tiene derecho a sembrar y quién queda condenado al desplazamiento o a la muerte, pero lo hace de manera indirecta, a través de intermediarios que operan bajo el amparo de la impunidad.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Hasta ahora hemos hablado principalmente de los enemigos del Zapatismo. ¿Aparte del Congreso Nacional Indígena, existen en la sociedad mexicana algunos aliados claves, especialmente en contexto urbano?
Además del Congreso Nacional Indígena, existen en el país aliados urbanos que se han inspirado directamente en la experiencia zapatista. Un ejemplo fundamental es la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII), que desde sus orígenes se reconoció en el espejo del zapatismo. Esta organización firmó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y más recientemente la Declaración por la Vida. Sus comunidades autónomas pueden pensarse como Caracoles urbanos, espacios donde se ejercen prácticas de autogobierno, de organización colectiva y de construcción de autonomía en contextos metropolitanos. Zibechi las ha descrito como la experiencia de autonomía urbana más grande de América Latina.
La OPFVII tiene varios asentamientos en la Ciudad de México. Uno de los más significativos es Acapatzingo, en la delegación Iztapalapa, un verdadero oasis al interior de una de las zonas más empobrecidas y violentas de la capital. Allí, detrás de sus puertas, las y los integrantes han construido una cotidianidad distinta: cuentan con su propio sistema educativo, una radio comunitaria, servicios de salud autónomos y una rica vida simbólica y ritual en torno a la figura de Los Panchos o Las Panchas, que funcionan como referentes de identidad colectiva. Todo esto no es un simple “programa social”, sino una lógica de reproducción de la vida que rechaza la propiedad privada y pone en el centro la dignidad.
La experiencia de la OPFVII muestra que la autonomía zapatista no es sólo rural ni indígena: puede adaptarse al espacio urbano y convertirse en una alternativa concreta frente a la marginalidad y la violencia de las ciudades. En tiempos de gentrificación acelerada, Acapatzingo y otros asentamientos de la organización plantean un horizonte distinto: la defensa del territorio urbano como lugar de vida, no como mercancía inmobiliaria. Es una propuesta que dialoga directamente con los movimientos anti-gentrificación que hoy emergen en la Ciudad de México, ofreciendo un ejemplo de que es posible habitar la ciudad sin entregarla al mercado. En este sentido, el zapatismo no está aislado en las montañas de Chiapas. Sus ecos resuenan en barrios y colonias populares que, como OPFVII, se organizan para vivir de otra manera. Estos aliados urbanos son clave porque muestran que la autonomía no es una utopía lejana, sino una práctica concreta que se ejerce día a día en contextos hostiles.
Jérôme Baschet ha señalado que la reciente reorganización de las instituciones autónomas zapatistas implicó invertir la pirámide del poder y fortalecer a las comunidades locales. ¿Cómo valoras este proceso?
Las modificaciones anunciadas en el contexto del 30 aniversario del levantamiento zapatista, en 2024, constituyen uno de los movimientos más significativos dentro de la historia reciente de la autonomía. Se trata de un ejercicio profundamente reflexivo, en el que las propias comunidades evaluaron críticamente sus formas de organización y decidieron transformarlas. Uno de los cambios más relevantes fue la desaparición de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Durante años, la estructura organizativa se articuló de manera escalonada: pueblos que conformaban comunidades, comunidades que integraban municipios autónomos y municipios que, a su vez, daban forma a los Caracoles. Con el tiempo, las comunidades reconocieron que este esquema no siempre garantizaba el principio del “Mandar Obedeciendo”, pues en ciertos momentos se generaron inercias de concentración del poder, particularmente en las Juntas de Buen Gobierno.
A partir de ese diagnóstico, se optó por un proceso de descentralización profunda. La toma de decisiones regresó a las bases y se reforzó el nivel comunitario como núcleo de la vida política. De ese replanteamiento surgieron los Gobiernos Autónomos Locales (GAL), espacios donde las decisiones se adoptan de manera más directa y en estrecha relación con las necesidades concretas de cada territorio. No fue una ruptura improvisada, sino el resultado de años de experiencia acumulada y de una voluntad explícita por corregir aquello que ya no funcionaba.
Desde mi interpretación, esta reorganización representa una radicalización de la autonomía, no su debilitamiento. El territorio zapatista nunca ha sido uniforme: existen pueblos completamente organizados en torno al EZLN con presencia muy amplia y otros donde la presencia zapatista se reduce a una sola familia. Los GAL permiten responder a esa heterogeneidad, ajustando las formas de gobierno a las realidades específicas de cada contexto. La autodeterminación sigue anclada en los principios zapatistas, pero ahora se expresa de manera más situada, más encarnada en la vida cotidiana de los sujetos colectivos, sin depender de una estructura central que pueda volverse rígida o distante.
Con esta transformación, las coordinaciones ya no recaen exclusivamente en las antiguas doce Juntas de Buen Gobierno, sino que se articulan a través de colectivos vinculados a los GAL. Esto no implica una fragmentación de la autonomía, sino una redistribución del poder y una ampliación de su alcance territorial en términos efectivos y directos. La reorganización puede leerse también como una estrategia integral de defensa del territorio, de diversificación de las economías comunitarias y de fortalecimiento del común. La tierra puede ser trabajada por personas o colectivos siempre que no estén vinculados al crimen organizado ni a estructuras paramilitares, lo que abre la posibilidad de extender prácticas comunitarias de cuidado y resistencia más allá de los límites formales del zapatismo mismo.
En ese sentido, los GAL no encarnan una lógica de cierre o exclusión, sino de apertura. No se trata de levantar fronteras identitarias, sino de tejer redes de protección colectiva frente a un contexto marcado por múltiples amenazas. Después de más de tres décadas de construcción autonómica, el EZLN ha mostrado algo poco común en la política: la capacidad de revisar críticamente sus propias estructuras, reconocer errores y reinventarse. Esa disposición a cambiar sin renunciar a los principios es, en sí misma, una práctica profundamente revolucionaria. Mientras los Estados tienden a reproducir jerarquías coloniales y a aferrarse a formas rígidas de poder, los pueblos zapatistas ensayan, corrigen y vuelven a ensayar, manteniendo viva la autonomía como un proceso en permanente construcción.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Antes de que entremos a la especificidad tu tema, ¿podrías hablar poco sobre la situación de la comunidad LGBT en territorio zapatista?
Recomendaría leer sobre todo el trabajo de Sylvia Marcos, que habla de la fluidez del género zapatista. En las comunidades autónomas, la perspectiva de género está situada en el centro de la vida colectiva. No es casualidad que estemos hablando del único territorio del país donde no hay feminicidios ni trata sexual: una diferencia radical frente al resto de México, que vive una emergencia cotidiana de violencia contra las mujeres y disidencias. Esto muestra que cuando se transforma el poder desde abajo, también se pueden modificar las relaciones sexoafectivas y de género.
En lo que respecta a la comunidad LGBT+, un ejemplo muy significativo es el de Marijose, una compañeroa otroa, es decir, una identidad trans desde la mirada occidental, pero reconocida en sus propios términos dentro de la comunidad zapatista. En 2021, Marijose formó parte del Escuadrón 421, que viajó a Europa 500 años después de la llamada “caída” de Tenochtitlán, invirtiendo el sentido del viaje colonial para “conquistar Europa”. El escuadrón estaba compuesto por 4 mujeres, 2 hombres y una compañeroa otroa, y fue precisamente Marijose quien desembarcó primero, rompiendo simbólicamente con la modernidad occidental, colonial y heteropatriarcal. Ese gesto fue profundamente político: colocó la diferencia sexual y de género en el centro de una crítica global contra la colonialidad
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Claro que el machismo y la homofobia siguen presentes en las prácticas comunitarias, como en toda la sociedad mexicana, empero, en territorio zapatista se han producido transformaciones profundas y concretas. No es un proceso acabado ni perfecto, pero marca un horizonte distinto: el de comunidades que reconocen que no puede haber autonomía sin justicia de género.
Estos cambios también deben leerse como un aporte político más amplio. Frente a una sociedad donde las disidencias sexuales son criminalizadas, explotadas o invisibilizadas, el zapatismo ofrece un ejemplo de cómo los territorios autónomos pueden convertirse en refugio para nuevas formas de convivencia. No se trata de idealizar ni de negar las tensiones internas, sino de mostrar que, incluso en contextos atravesados por la guerra y la precariedad, es posible construir relaciones más libres, diversas y respetuosas.
Ya llegamos a tu tema. Cuando se habla del zapatismo, casi siempre se menciona su organización o filosofía política, pero tú te enfocas en la estética. En uno de tus libros declaras que en el zapatismo hay una relación indisoluble entre el arte y la política. ¿Podrías aclarar cómo es indisoluble?
Primero, debemos aclarar que hablar de arte y política no significa hablar de propaganda. Si la política atraviesa la vida cotidiana, también está presente en las prácticas simbólicas. El arte es producción de sentido, de símbolos, pero también es forma de producción, circulación, consumo y comunicación. No se reduce a un contenido explícitamente político: incluso decidir dónde se expone una obra, quién tiene acceso a ella y en qué condiciones, es un acto político. Del mismo modo, exaltar la figura eurocéntrica del artista como “genio iluminado por Dios” o afirmar que todo ser humano posee potencial creativo son elecciones políticas que definen cómo entendemos la creación.
Este pensamiento tiene raíces en el territorio zapatista desde la clandestinidad. Ya en los años ochenta existían células culturales que practicaban teatro, música o poesía, no solo como reproducción ideológica, sino como estrategia de cohesión social y de construcción comunitaria entre pueblos indígenas, campesinos y guerrillas urbanas marxistas. Muy formativo fue, por ejemplo, el cine comunitario: las proyecciones de películas de otras luchas internacionales como la vietnamita, muchas veces sin subtítulos, que las propias comunidades reinterpretaron inventando diálogos. En ese gesto había poética, performatividad y política al mismo tiempo: una reapropiación colectiva de los relatos globales desde la propia experiencia local.
Me interesa centrarme en esa potencia simbólica y poética que nace de las comunidades mismas. Frases como “Nos cubrimos el rostro para que nos vieran” no son solo consignas, sino símbolos que condensan una visión del mundo y que se encarnan en la vida cotidiana. Lo que vemos en el zapatismo es cómo las prácticas artísticas indígenas, que siempre han existido de forma milenaria, se complejizan y resignifican al entrelazarse con el ideario político contemporáneo. Así, la expresión cultural no es un adorno de la lucha: es parte de su núcleo más fuerte. El zapatismo ha tenido un impacto cultural inmenso a nivel nacional e internacional, produciendo un cambio simbólico, poético y político en la izquierda mundial y detonando una explosión creativa que inspiró a nuevas generaciones de artistas indígenas. Sin el levantamiento de 1994, probablemente ese estallido cultural habría tardado mucho más en emerger.
En este sentido, el zapatismo demuestra que arte y política son indisolubles porque ambos comparten la tarea de producir mundos. El arte no se limita a representar la realidad: la transforma, la reordena y la reimagina. La política, por su parte, no se limita a gestionar instituciones: también se inscribe en el terreno simbólico, epistémico y estético. Por eso, en Chiapas vemos murales, canciones, danzas, poesía y hasta vestimenta que no solo expresan resistencia, sino que generan comunidad, transmiten memoria y crean futuro.
Además, el impacto cultural zapatista no se detiene en las fronteras de México. Frases, imágenes y estéticas surgidas en las comunidades autónomas han viajado por el mundo, inspirando desde colectivos artísticos autónomos en Europa hasta movimientos indígenas en el Sur de Abya Yala, o proyectos como el de Zapatera Negra que une la gráfica y los idearios políticos de los zapatistas con los de las Panteras Negras que al día de hoy vemos que están resurgiendo en Estados Unidos. Esa especie de internacionalismo en clave estética —hecho de símbolos, palabras, colores y gestos— ha fortalecido la idea de que el arte no es secundario en la lucha política, sino una de sus formas más potentes de expansión y reproducción que conecta lo simbólico con la reproducción material. Por eso digo que la relación entre arte y política en el zapatismo es indisoluble: porque ambas son formas de hacer existir otros mundos posibles.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
En tu otro libro Poéticas de la resistencia, hablas mucho de epistemología y decolonialidad. ¿Es el arte en el Zapatismo “instrumento” para expresar las cosmovisiones no occidentales y conectar los elementos urbanos e indígenas?
Es interesante esta dialéctica entre lo poético, lo político y la realidad concreta. En los procesos organizativos, muchas veces los conceptos clásicos de la teoría crítica —como lucha de clases o plusvalor— no conectan fácilmente con las bases sociales, no obstante, a partir del arte, la literatura y otras expresiones culturales, se vuelven posibles otras formas de comunicación política y hasta formación de cuadros. Un ejemplo claro son los relatos del Viejo Antonio, escritos por el Subcomandante Marcos, que recuperan fragmentos de la cosmovisión maya. Allí, las narraciones sobre cómo nacieron los dioses o el mundo se entrelazan con pedagogías libertarias y con crítica política. Esa imbricación produce una potencia particular: no es siempre efectivo hablar desde categorías abstractas y ajenas, sino desde símbolos y relatos que dialogan con la memoria de los pueblos, al tiempo que abren puentes con otros sectores sociales urbanos y globales.
En ese sentido, el arte en el zapatismo no funciona como “instrumento” subordinado a una ideología previa, sino como espacio de encuentro epistemológico y heurístico. Permite articular lo indígena y lo urbano, lo comunitario y lo global, lo local y lo transnacional. A través del arte, se construyen puentes de sensibilidad que generan cercanía y permiten que distintos actores se reconozcan en la misma lucha. La poesía, la música, la gráfica o el performance no son sólo vehículos, son también formas de pensamiento que amplían la política más allá de la racionalidad eurocéntrica.
También me gustaría preguntar sobre la rica tradición mexicana del arte revolucionario. ¿Existe alguna conexión entre los zapatistas y esta tradición, con personas como el pintor Diego Rivera o el diseñador gráfico Leopoldo Méndez?
Ahora, respecto a la tradición mexicana del arte revolucionario, sin duda México cuenta con un legado muy fuerte, pero no veo una correlación directa entre esa tradición y el arte de las comunidades zapatistas. El muralismo impulsado por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco fue un proyecto patrocinado por el Estado posrevolucionario, bajo la dirección de José Vasconcelos (quien era germanofílico y de orientación filonazi) y la Secretaría de Educación Pública. Su función era la reproducción ideológica cultural desde arriba: las instituciones determinaban los discursos, los símbolos, los temas y los espacios donde debían exponerse. Al mismo tiempo, reforzaban oposiciones entre “alta” y “baja” cultura, entre arte, artesanía y folclor, funcionando como mecanismos de inferiorización cultural de la otredad, por más que los murales estaban orientados a las clases populares. Era un proyecto jerárquico que consolidaba lo que podríamos llamar una colonialidad estética, un sistema que regula qué se puede sentir y expresar, además de que servía para afianzar la consolidación del Estado-nación.
Por eso es tan importante que los procesos de liberación estén acompañados de prácticas artísticas y simbólicas propias. Se trata de una restitución a nivel ontológico de los valores y subjetividades de la mayoría social. En este marco, las comunidades zapatistas amplían profundamente la noción de arte. En el comunicado Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo definen al artista como aquel que crea, sin importar los cánones ni las clasificaciones impuestas. En mi opinión, aunque no lo nombren en clave marxista, esa idea rompe con la histórica división entre trabajo manual e intelectual propia de las sociedades capitalistas.
En el capitalismo, solo unos pocos privilegiados tienen derecho a ser reconocidos como científicos o artistas. En cambio, tras 40 años de lucha, en los territorios zapatistas cualquiera puede ejercer ambas dimensiones libremente: ser campesino por la mañana, pintor por la tarde, convivir con la familia por la noche y estudiar matemáticas al día siguiente. En este horizonte, el arte y la ciencia no son esferas separadas de la vida social: están inscritas en la vida misma. Por eso los zapatistas hablan del arte de la milpa, del arte de los trabajos colectivos o incluso del arte de la resistencia.
En mi análisis, lo que hacen es recuperar el sentido original de aísthēsĭs: las formas de sensibilidad a partir de las cuales conocemos y construimos el mundo. De ahí que su propuesta se pueda entender radicalmente como descolonizadora: no conciben el arte como un campo autónomo controlado por museos o mercados, sino como práctica vital que forma parte de la reproducción de la vida comunitaria. Es una redefinición del arte como saber colectivo, como epistemología que desafía la colonialidad estética y propone una aesthesis in-surgente desde abajo.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Para cerrar, ¿que lección crees que deberían aprender los movimientos urbanos o movimientos occidentales hablando de este tema de arte, estética y política?
Pensando en que arte, estética y política están entremezcladas, hay que subrayar que no son lo mismo. La estética no se reduce al gozo ni al consumo cultural, sino que implica la recuperación de otras epistemes: lo metafísico, lo divino, lo ontológico, los sistemas de relaciones concretas que organizan la vida, pero también las formas de sanar historias coloniales que todavía pesan sobre los cuerpos y territorios. Desde esta mirada, la estética es una forma de vida más amplia, no limitada a la producción artística en sentido estrecho, sino ligada al entendimiento de la alteridad y al reconocimiento de que todas y todos somos portadores de sensibilidad y de potencia creativa entendida incluso como poiésis.
El zapatismo enseña que el arte no se reduce a la propaganda ni al espectáculo, sino que se convierte en herramienta vital para producir comunidad, memoria y futuro. Desde los relatos del Viejo Antonio hasta los murales, la música o las danzas, lo estético se funde con lo político como práctica de dignidad. Y esto debería interpelar a los movimientos urbanos y occidentales que muchas veces conciben el arte como algo separado de la vida, como práctica ornamental, tiempo de “ocio” o confinado a galerías o instituciones culturales. El reto es recuperar el arte como práctica colectiva, como aísthēsis que transforma no solo lo que vemos, sino lo que sentimos y lo que somos capaces de imaginar.
Pensando que los pueblos indígenas han intentado ser colonizados durante más de cinco siglos y que, sin embargo, siguen resistiendo, me quedo con un mensaje político, artístico y poético: que a nivel amplio la esperanza no muere. Esa esperanza está presente en el zapatismo, pero también en las madres buscadoras que representan la dignidad de este país, en los diferentes movimientos de mujeres que luchan, en los pueblos que defienden sus ríos y montañas, en quienes enfrentan la necropolítica con creatividad y cuidado. La esperanza aquí no es un concepto abstracto ni un refugio religioso, sino una práctica política cotidiana: la construcción material y simbólica de futuros distintos.
El imperio de la muerte busca ser total, global y permanente. Pero la lección que nos deja el zapatismo es que incluso en medio de la guerra se pueden imaginar y llevar a la práctica mundos nuevos. Lo que hoy se juega en Chiapas no es solo el destino de un pueblo, sino la posibilidad de imaginar colectivamente que hay vida más allá del capital y de las guerras globales, en donde parece que enfrentamos transiciones hacia un mundo multipolar fuera de una hegemonía única. Esa es la lección de quienes hacen de cada acto de resistencia una obra de dignidad, de quienes convierten la memoria en fuerza, y de quienes insisten en que, aunque el poder diga lo contrario, otro mundo ya se está construyendo en las grietas del presente.
Convocatoria a las Jornadas Nacionales e Internacionales Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos
“La justicia desde abajo solo se construirá con memoria, rebeldía y organización”
Del 19 al 22 de febrero de 2026 o como sus calendarios les acomoden
CONSIDERANDO
Que el 20 de febrero de 2019 fue asesinado afuera de su casa nuestro compañero Samir Flores Soberanes, defensor del territorio, comunicador indígena y referente de lucha para muchas de nosotras y nosotros, por su tenacidad, humildad, creatividad, dignidad, compromiso… originario de la comunidad de Amilcingo, Morelos, nacido el 2 de agosto de 1982.
Que fue asesinado 3 días antes de la consulta impuesta por López Obrador para justificar la conclusión del Proyecto Integral Morelos en lugar de su cancelación, como lo había prometido en campaña en el año de 2014 en Yecapixtla, Anenecuilco y Tepoztlan. Lo que constituye una sangrienta traición de las promesas de campaña de un presidente que prometió acatar la desición de los pueblos y perseguir la justicia por encima de cualquier privigelio, pero que terminó fundando el nuevo nido de los prianistas, morenistas y anexas, impulsando un goberno extractivista y capitalista.
Que 10 días antes de su asesinato, Samir fue señalado junto a otr@s compañer@s por López Obrador en el Almeal, como “radicales de izquierda que para mi (él), no son más que conservadores… ambientalistas financiados por los yanquis… quienes se oponen al pueblo y gobierno bueno… fueron los que no votaron por mi… promovieron el no voto”. Generando un discurso de odio que fue la sentencia de muerte para nuestro compañero Samir.
Que en México vivimos en un narcoestado que, contrario a las declaraciones de los gobiernos de la 4T y ahora de Trump, son auspiciados y patrocinados por el gran capital para mantener el control de los territorios de los pueblos y justificar la militarización, invasión y despojo del capitalismo extractivista.
Que la guerra esta en todas partes, con diferentes niveles pero el causante siempre es el mismo, el capital que despoja para convertir la muerte y destrucción en ganancia, lo demuestra la invasión a Venezuela, el asesinato de Carlos Manzo y la implementación del “Plan Michoacan por la Paz y la Justicia” que no ha hecho mas que exacerbar la militarización y control del crimen organizado en Michoacan, los ataques con drones a la comunidad de Santa María Ostula, los ataques contra la comunidad wirarika de San Lorenzo Azqueltan y el asesinato del compañero Marcos Aguilar, los ataques al CIPOG-EZ, la guerra contra las comunidades zapatistas y el despojo de sus tierras, entre muchos otros casos que se pueden mencionar en México, el continente y el mundo.
Que la fórmula del capital narcotráfico/militarización/despojo es la verdadera estrategia de la “nueva” Doctrina Donroe, América para el capital gringo, doctrinas colonialistas que se acompañan en Oriente con justificaciones fundamentalistas de Irak para controlar el territorio de Palestina o de Rusia sobre Ucrania. Pretendiendo nuevamente repartirse el planera diversas potencias de Estado, bajo el pretexto de tener el derecho del mas fuerte y respetarse sus corrales entre ellos donde adentro seremos peones y piezas desechables, desaparecibles, despojadas, destruidas y reconstruidas para servir al capital.
Que es este narcoestado el que mando asesinar a Samir, bajo una red que involucra al expresidente Lopez Obrador, el delegado federal Hugo Erik Flores, Manuel Bartlett como director de la CFE, el gobernador en turno Cuauhtemoc Blanco, el gobernador que había salido Graco Ramirez y su instrumento de división en Amilcingo, Humberto Sandoval, el fiscal de Morelos Uriel Carmona, el presidente municipal de Temoac Valentin Lavin y la ex tesorera municipal Angelina N, alias La Patrona, estos dos ultimos vinculados a la célula criminal Los Aparicio, quien presuntamente fueron los autores materiales del asesinato de Samir y que estan vinculados al Cartel Jalisco Nueva Generación, el cartel que creció en todo el país con la llegada de López Obrador al poder. Red narcopolítica que favoreció con el asesinato de Samir a las empresas transnacionales Elecnor, Enagas, Bonatti, Saint Gobain, Gas Natural del Noreste y ahora la empresa gringa Macquarie, entre otras.
Que frente a esta estrategia local y global de terror, saqueo y destrucción los pueblos de México y del mundo hemos luchado con memoria, rebeldía y organización para defender y fortalecer nuestra autodeterminación, ese derecho natural e inalienable de los pueblos de decidir sobre su destino, las bases que occidente llama derecho internacional. Por lo que frente a los intereses de poderes que quieren dominar y socavar la vida como la conocemos, apropiándose del petroleo, litio, oro, agua y todos los bienes naturales que existen en la tierra y que los pueblos los hemos cuidado y preservado por siglos. Condenamos la intervención yanqui contra Venezuela y exigimos el respeto a la autodeterminación de los pueblos.
Que al cumplirse 7 años del asesinato de nuestro compañero Samir Flores y 30 de la fundación del Congreso Nacional Indígena es preciso hacer un esfuerzo por juntar nuestras voces, cabezas y corazones para seguir trazando el mejor camino a la construcción de la justicia desde abajo y el respeto a la autodeterminación de los pueblos, porque de arriba solo vendra guerra, muerte, despojo y destrucción, y de nosotros la justicia desde abajo y los caminos de vida, por lo que
CONVOCAMOS
A los pueblos, organizaciones, colectivos, grupos, artistas, académicos, mujeres feministas, familiares de desaparecid@s y asesinad@s, familiares de pres@s polític@s y a todas y todos en lo individual y lo colectivo a juntarnos este 19, 20, 21 y 22 de febrero a las Jornadas Nacionales e Internacionales “Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos”, a realizarse en cada uno de sus territorios donde proponemos como agenda común:
19 de febrero. Para nombrar a nuestr@s muert@s, desaparecidas y desaparecidos, presas y presos injustamente y gritar en comun el sistema de injusticia al que nos quieren condicionar.
20 de febrero. Para conmemorar con vida y dignidad a nuestro compañero Samir Flores Soberanes. Se convoca a la realización de murales artísticos y comunitarios, canciones, actos culturales, acciones, propaganda y difusión sobre quien era Samir y porque luchan los pueblos del volcán, de México y del mundo.
21 y 22 de febrero. Para denunciar los megaproyectos y realizar acciones en defensa de la vida
Les invitamos a suscribir esta convocatoria y registrar sus actividades al correo electronico cnicomunicacion@gmail.com, antes del 10 de febrero para su difusión conjunta.
Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos, Puebla, Tlaxcala Congreso Nacional Indígena Ejército Zapatista de Liberación Nacional
De la fábrica del agua al valle cholulteca, defendamos tod@s el bosque y el agua
Ximopanoltitzinoka tocniczizihuan (Bienvenidos todas y todos) al Encuentro de Pueblos por el Agua y el Bosque
Que se celebrara el próximo 25 de enero a partir de las 10 am en San Mateo Ozolco, Calpan, Puebla
Descendientes de hacendados pretenden talar el bosque de la montaña Iztacihuatl y con ello acabar con el agua de la región, pero como pueblos es nuestro deber proteger el bosque que nos heredaron las abuelas y los abuelos para producir agua y aire para tod@s.
Defendamos el bosque para la vida, para seguir teniendo agua en la región del izta-popo y el valle cholulteca
La Central Geotérmica los Azufres lleva más de 30 años envenenando a las comunidades indígenas, emplazamos al Estado mexicano y a la CFE a un diálogo resolutivo CSIM
A LA PRESIDENTA CLAUDIA SHEINBAUM PARDO AL GOBERNADOR ALFREDO RAMÍREZ BEDOLLA A LA COMISIÓN FEDERAL DE ELECTRICIDAD A LAS COMUNIDADES ORIGINARIAS A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN AL PUEBLO DE MICHOACÁN
Comunidades indígenas y afrodescendientes de #Michoacán a 15 de enero de 2026.
Iretecheri K´eri Kunkorhekua, el Consejo Supremo Indígena de Michoacán #CSIM, consejo libre y autónomo, independiente de gobiernos, partidos políticos y órdenes religiosas, conformado por autoridades tradicionales de 80 comunidades de los Pueblos P’urhépecha, Otomí o Hñahñú, Matlazinca o Pirinda, Nahuatl y Afromexicanos, emplazamos categóricamente al Gobierno de la República, al Gobierno de Michoacán y a la Comisión Federal de Electricidad #CFE a atender y solucionar el grave problema de contaminación de la Central Geotérmica los Azufres.
Durante más de 30 años la Central Geotérmica los Azufres ha contaminado el agua, el medio ambiente y el suelo de los pueblos y comunidades originarias en los municipios de Hidalgo, Zinapécuaro y Maravatío, de manera paulatina, silenciosa y prolongada la CFE ha generado una crisis de salud, al verter metales pesados y contaminantes en el agua que consume la población, así como por deficiencias graves en el manejo de residuos tóxicos.
Esta emergencia sanitaria ha sido documentada y comprobada científicamente en el proyecto “la enfermedad renal crónica: un enfoque interdisciplinario en salud física, ambiental y psicosocial” presentado el pasado mes de diciembre, sus conclusiones son prueba suficiente e irrefutable de que el agua está siendo contaminada y la CFE es la responsable.
Durante décadas, las comunidades indígenas son las que más han padecido esta problemática, que se traduce en miles de casos de enfermedad renal crónica y en cientos de muertes por complicaciones, el 30% de los pacientes en la entidad que requieren apoyo renal provienen de la región del Oriente de Michoacán, entre más cercanía hay a la planta geotérmica, existe más enfermedad y contaminación. En Zinapécuaro, el 56% de los manantiales presenta al menos un contaminante o elemento tóxico por encima de los límites permisibles y en Hidalgo, la contaminación de los afluentes es del 35%.
Aunado a lo anterior, ha existido una desatención histórica de las instituciones públicas que se supone debieran de dar solución a esta crisis que afecta a comunidades pobres, entre ellas: Secretaría de Salud, Secretaría del Medio Ambiente, Comisión Nacional del Agua, Procuraduría Federal del Medio Ambiente y sobre todo CFE.
Ante ello, a petición de comunidades otomí y por resolución de Asamblea General de Autoridades, emplazamos al Estado mexicano a realizar una mesa de trabajo con carácter resolutivo, en un plazo no mayor de 15 días, como primer paso, es urgente garantizar el suministro de agua no contaminada y la atención pronta de los pacientes renales, de ser omisos, emprenderemos acciones jurídicas, sociales y políticas como la toma de la Central Geotérmica los Azufres y/o instalaciones de la CFE, así como el inicio de juicios ambientales mediante el Colectivos de Abogados Indígenas Juchári Uinápekua (Nuestra Fuerza) del CSIM.
El 31 de diciembre se conmemora el aniversario luctuoso de Elpidio Domínguez Castro, multifacético líder p’urhépecha, ocasión idónea para rememorar suscintamente su historia como líder estudiantil, guerrillero y autoridad comunal. Elpidio Domínguez no ha muerto, vive en los ideales y acciones de Santa Fe de la Laguna y del Pueblo P’urhépecha.
Elpidio Domínguez fue un indígena p’urhépecha, alfarero, pireri, normalista, marxista, ex guerrillero, Presidente de Bienes Comunales de Santa Fe de la Laguna, cofundador de la Unión de Comuneros Emiliano Zapata, militante de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala y fundador del Consejo Supremo P’urhépecha Independiente, integrante de la Coordinadora Regional de Pueblos Indios, ejemplo de la lucha incesante de un pueblo en resistencia y combativo, referente regional de la movilización social como forma de protesta, defensa y conquista de los derechos colectivos, entre ellos el rescate de la propiedad comunal de la tierra.
Elpidio Domínguez Castro, nació el 16 de noviembre de 1948 en la comunidad de Santa Fe de la Laguna, pueblo originario conocido prehispánicamente como Ueámuo, ubicado en el Municipio de Quiroga, Michoacán. Fue el quinto y último hijo del matrimonio formado por J. Inés Domínguez y María Inocencia Castro, de niño falleció su madre y fue educado por su hermana Adela. Su familia era de bajos recursos y se dedicaba principalmente a la alfarería.
Sus estudios básicos los realizó en el internado para indígenas en Zinacatepec y la primaria de la comunidad de Tenería en el Estado de México. El siguiente nivel lo concluyó en el internado de la Huerta en Morelia y en 1968 ingresó a la Normal Rural Vasco de Quiroga en Tiripetío, Michoacán.
En la década de los 70s, militó en el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), organización guerrillera de formación política en la antigua URSS, de entrenamiento militar en Corea del Norte y con adiestramiento de contrainteligencia en Cuba. Fue reclutado para el movimiento armado por Amafer Guzmán Cruz, en ese entonces líder estatal de esta organización político-militar y previamente dirigente del Frente Popular Obrero Campesino Estudiantil (FPOCE). A principios de 1973, Elpidio participó junto con moradores de la Casa del estudiante Nicolaíta y estudiantes de la Normal Rural de Tiripetío, en la toma de tierras para la fundación de la colonia popular Emiliano Zapata en Pátzcuaro, Michoacán.
A partir del segundo semestre de 1973 fue miembro activo del FPOCE y concurrió a marchas, plantones y tomas por diferentes causas populares (obtención de servicios públicos, derechos sociales y demandas económicas), así mismo colaboró en la redacción de diversos números del órgano de denuncia, propaganda y organización del FPOCE el periódico “Proletario”. Subsiguientemente bajo el seudónimo de guerra “Jerónimo”, del 1 al 10 de julio de 1974, asistió a una escuela político militar organizada por el MAR en la casa parroquial de la comunidad de San Juan Tumbio, Pátzcuaro. Cinco días después ejecutó exitosamente junto con sus compañeros de comando una “expropiación” en la ciudad de Morelia con la finalidad de continuar pertrechando a la organización político-militar.
En el ámbito de su militancia guerrillera, es poco conocido que en el mes de mayo de 1973, Lucio Cabañas concretó con Amafer Guzmán Cruz, también indígena p’urhépecha de la comunidad de Tarejero, estudiante de la UMSNH, miembro del Consejo Directivo de la Casa del Estudiante Nicolaíta y líder estatal del MAR, la creación de un movimiento guerrillero de corte rural vertebrado al Partido de los Pobres. Junto con Elpidio Domínguez Castro, Guadalupe Fabián, originario de la comunidad de Cherán y otro revolucionario más, sólo conocido bajo seudónimo, los cuatro oriundos de comunidades p’urhépecha, son invitados a la sierra guerrerense para entrevistarse con Lucio Cabañas y continuar con su formación político-guerrillera.
Elpidio Domínguez y Guadalupe Fabián permanecerán casi un mes en la sierra de Atoyac, donde recibirán entrenamiento en guerrilla rural. El punto de contacto fue en la capital del estado de Guerrero, Chilpancingo. Por una semana trabajaron políticamente en el campamento del “El Ciruelar” donde les dieron a conocer las reglas obligatorias: participar en las asambleas cotidianas, hablar y reír discretamente, cuidar por sobre todo las armas y el parque y no dejar huellas ni rastros. Posteriormente fueron comisionados en trabajo de columna en la cual se enfocaron al entrenamiento militar y la solución de problemas comunales en diferentes barrios de la sierra.
La posterior detención, tortura y desaparición de Amafer Guzmán por la entonces Dirección Federal de Seguridad (DFS) obligó a varios militantes del MAR en Michoacán a replegarse o en algunos casos a separarse definitivamente del movimiento armado, por lo que la creación de la guerrilla de corte rural en Michoacán no pudo avanzar más. Sin embargo, el movimiento guerrillero en Michoacán sirvió de entrenamiento teórico y práctico para futuros líderes populares e inyectó recursos económicos productos de “expropiaciones” al Partido de los Pobres (PDLP).
En 1975 Elpidio Domínguez acudió a otra escuela político militar en el Estado de México y militó por algún tiempo en la organización insurgente Unión del Pueblo. En síntesis, fue en el MAR y en la Unión del Pueblo donde se formó y fogueó tanto política como militarmente al lado de otros guerrilleros p’urhépecha.
Posteriormente, a finales de los 70’s funda un círculo de estudio marxista en Santa Fe de la Laguna y comienza a tener una participación política más activa en su comunidad. Para octubre de 1979 es elegido Representante de Bienes Comunales, reorganiza entonces el Consejo de Barrios y convoca a Asambleas Generales, encabezando a partir de estas últimas, la lucha por la recuperación de las tierras comunales, problema presente en la comunidad desde hacía más de 100 años.
Después de varias muertes, encarcelamientos, luchas legales, diferentes “expropiaciones”, permanente movilización social, trabajo colectivo, construcción de redes de apoyo, constante difusión de la problemática, toma y defensa armada de las tierras, todo bajo un marco de autoritarismo y represión gubernamental, los p’urhépecha de Santa Fe de la Laguna dan ejemplo de lucha, gracias a que el pueblo se organizó y nunca abandonó los procesos de movilización y protesta, lograron el deslinde legal de tierras a favor de los comuneros el 13 de julio de 1988.
A partir de la gestión comunal de Elpidio, se formó una cooperativa y una tienda comunal, se establecieron convenios de indemnización por utilizar terrenos o bienes comunales con la Comisión Federal de Electricidad, Petróleos Mexicanos, la empresa Resistol y el Gobierno del Estado de Michoacán.
Elpidio se pronunció por la participación de todo el pueblo en la toma de decisiones por medio de las Asambleas Generales, máxima autoridad de las comunidades originarias, defendió ante todo la propiedad comunal y el trabajo colectivo, buscó la mayor participación de las mujeres y jóvenes p’urhépecha en la vida política, demostró como la movilización popular es un camino para obtener reivindicaciones sociales, manifestó siempre la legitimidad prehispánica de los pueblos originarios y nunca olvido sus origenes guerrilleros.
Fue asesinado el 31 de diciembre de 1988 a la edad de 40 años desde un auto en marcha, en una táctica montada por el gobierno en contra del líder indígena, esto en un contexto nacional de represión y/o asesinato de opositores. Los responsables materiales del asesinato cobarde, según las propias autoridades estatales, fue Antonio Fuentes Ceja o Rodríguez y Francisco López Gutiérrez, “presuntos” responsables del delito de homicidio en agravio de Elpidio Domínguez Castro. Incluso la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió la recomendación 025/1990, el 27 de noviembre de 1990 donde establecía “Que el señor Procurador General de Justicia del Estado de Michoacán gire instrucciones al C. Director de la Policía Judicial de esa Entidad, a fin de que realice todas las acciones que conforme a su función corresponden, hasta lograr la localización y aprehensión de Antonio Fuentes Ceja o Rodríguez y lo interne en la cárcel a disposición del Juez Segundo de lo Penal del Distrito Judicial de Pátzcuaro, que ordenó su aprehensión como presunto responsable del delito de homicidio en agravio de Elpidio Domínguez Castro”.
Es preciso mencionar que Elpidio Domínguez en conjunto con otros comuneros y líderes indígenas fundó el 5 de diciembre de 1987 el Consejo Supremo P’urhépecha Independiente, conformado con 16 comunidades y ejidos, como una forma de contrarrestar las políticas públicas oficialistas del Consejo Supremo P’urhépecha que ya existía. Posteriormente, el nombre del Consejo Supremo P’urhépecha Independiente, fue retomado en el 2015 por el Consejo Supremo Indígena de Michoacán, esto a petición de comuneros y autoridades tradicionales de Santa Fe de la Laguna, como una forma de reivindicar la lucha de Elpidio Domínguez que aún continua.
Finalmente, en una carta histórica, escrita por el puño y letra de Elpidio Domínguez, quedó inmortalizado lo que sentía y pensaba de su querido pueblo “juro por mis más sagrados principios y por mis más cariñosos y nobles recuerdos, que siempre estaré presente y dispuesto para cumplir tus órdenes, tus mandatos, en donde quiera que se me encomiende, sin que importe el precio y el sacrificio”.
“Por eso el gobierno, los ganaderos, los talamontes tienen que reconocer que el asesinato de Elpidio no ahuyenta a la comunidad de la búsqueda de las soluciones, sino por el contrario, la agiganta. Por eso deberán ponerse las mojoneras en el lindero correcto…por eso el gobierno deberá hacer justicia y condenar a los talamontes, a los ganaderos, a los asesinos de Elpidio” Isidro Navarro: extrabajador nuclear de origen purépecha.
Consejo Supremo Indígena de Michoacán #CSIM / Pavel Ulianov Guzman
30 de diciembre de 2025, San Cristóbal de Las Casas. Este quinto y último día del Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” se dedicó, por un lado, a examinar el papel de las artes en la construcción de mundos otros, y por otro, a las pirámides que se reproducen abajo.
El dramaturgo Luis de Tavira, en un escrito leído por el Capitán Marcos, titulado “El arte es una declaración de amor a la humanidad”, dijo también que “las artes son una denuncia y una maldición al desamor y a la crueldad con la que se deshumanizan las personas y las sociedades”. Entender, dijo, es entender que no entendemos, y el arte es capaz de mostrarnos aquello que no logramos vislumbrar, mostrarnos que hay otros mundos. “El arte es un acto de bondad y el mundo es un milagro.” Y sin embargo, la lógica del capital destruye todo, ciega a las sociedades. “El mundo está distraído”, dijo, “y no es capaz de percatarse del acontecimiento violento que sucede delante de sus narices”. “El desafío para el arte amoroso de la vida será reaccionar con rebeldía a la normalización de la violencia social.”
Luis de Tavira: [podcast]https://radiozapatista.org/wp-content/uploads/2025/12/LuisDeTavira.mp3[/podcast]
Raúl Zibechi por su vez hizo un fascinante recorrido por lo que denominó “las pirámides de abajo”, o sea, las que se reproducen al interior de los movimientos. “Las revoluciones que han triunfado”, dijo, o sea, las que han tomado el poder, “han sido siempre incapaces de transformar el mundo”. Esto porque, al tomar el poder, reproducen la pirámide y se convierten en nuevas clases dominantes. Ejemplo de eso es desde luego el PRI en México, el Estado soviético, Nicaragua. Pero en los movimientos sociales también se reproducen las pirámides. Zibecchi citó los ejemplos de la Conaie en Ecuador y del MST en Brasil, que a pesar de sus grandes logros, reproducen estructuras piramidales de mando de unos sobre otros. Y citó cinco ejemplos de movimientos en Perú, Honudras y Brasil, que intentan romper con la pirámide, a pesar de que ésta termina reproduciéndose de una u otra forma. Es así que el gran cambio interno del zapatismo de destruir sus propias pirámides y construir el común representa un paso revolucionario.
El Subcomandante Moisés continuó detallando, con ejemplos prácticos, cómo se ha ido construyendo el común en territorio zapatista. En particular, relató, a través de diversos casos específicos, el intenso trabajo político que se viene haciendo con los pueblos “hermanos”, no zapatistas, de concientización e invitación a participar en la construcción del común por medio del ejemplo, de la puesta en práctica de relaciones otras.
La participación del Subcomandante Moisés terminó con la lectura de un texto sobre los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.
Subcomandante Moisés sobre Ayotzinapa: [podcast]https://radiozapatista.org/wp-content/uploads/2025/12/SupMoi-Ayotzinapa.mp3[/podcast]
El Capitán Marcos habló sobre la infancia como forma de conocer realmente al zapatismo, y empezó relatando la historia de Paticha, la niña de cinco años que murió en sus brazos de fiebre. Hoy esa realidad ha cambiado radicalmente. De la misma forma, la realidad de las mujeres se ha transformado profundamente: hoy, las mujeres zapatistas, que antes estaban destinadas sólo a tener hijos y cuidar del hogar, son promotoras de salud, de educación, artistas y mucho más. Después leyó el cuento “El amor y el desamor según el Sup Marcos”.
Termina así, en la víspera de la celebración del 32 aniversario del levantamiento zapatista, este ciclo de encuentros que, desde diciembre de 2024, nos han instigado a pensar nuestro presente y a construir un futuro otro, más humano, más digno, más justo.
29 de diciembre de 2025, San Cristóbal de Las Casas. El tema de este cuarto día del Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” fue, por un lado, el cambio climático y la crisis ecológica global, y por otro, la pirámide política y económica en México.
El geógrafo Carlos Tornel habló del cambio climático y de la crisis ecológica del planeta como resultado del capitalismo salvaje que vivimos. Con datos y explicaciones claras dirigidas sobre todo a los más de 500 zapatistas presentes en el encuentro, pintó un panorama desolador sobre la dirección de la crisis. A pesar de las discusiones internacionales sobre el cambio climático en las últimas tres décadas, las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado 65 por ciento. El aumento de la temperatura del planeta desde el inicio de la industrialización ahora es de 1.5 grados, considerado por los científicos como el límite “seguro” de calentamiento global; sin embargo, en el camino que vamos, se prevee un aumento de entre 2.6 y 3.3 grados, lo cual se perfila catastrófico. Las soluciones desde arriba son siempre formas de atenuar los efectos sin cambiar las causas, o sea, el mismo sistema capitalista. Sin embargo, hay ya muchos movimientos alrededor del mundo que entienden el problema de fondo y realizan profundos cambios en las relaciones sociales y con la naturaleza, a ejemplo de la construcción zapatista.
Carlos Tornel: [podcast]https://radiozapatista.org/wp-content/uploads/2025/12/CarlosTornel.mp3[/podcast]
El científico social Arturo Anguiano por su vez habló sobre la izquierda institucional en México, en particular el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (y ahora Claudia Sheinbaum) y el partido Morena, a la cual denominó “la otra derecha”, con un proyecto desarrollista neoliberal maquillado tras un discurso populista de izquierda.
El Capitán Marcos utilizó la analogía de una mesa con cuatro patas como el sustento del zapatismo: la iglesia progresista y/o teología de la liberación; la vanguardia revolucionaria o el proletariado; la sociedad civil nacional; y el apoyo internacional. Faltando una, dos, tres, las cuatro patas, la mesa sigue sólida, porque hay una quinta pata en el centro que es la que realmente sustenta el zapatismo: la historia como pueblos originarios. Es esa historia lo que está en la base de los grandes cambios en curso y de la construcción del “común”.
El Subcomandante Moisés habló sobre la necesidad de organizarse en todas las geografías para enfrentar la crisis global, la violencia, el despojo, la destrucción sistemática llevada a cabo por el capitalismo.