Chiapas
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. III.- El Amor y el Desamor según la Inteligencia Artificial | ͶÀTIꟼAƆ ⅃Ǝ | Mayo de 2026
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco
III.- El Amor y el Desamor según la Inteligencia Artificial.
No sin sorpresa, nos dimos cuenta de que las “transcripciones” de nuestras participaciones orales en los distintos semilleros, o no tenían nada que ver con lo dicho, o perversamente cambiaban el sentido original, o lo confundían (más, pues). Somos comprensivos, pensamos que eran malas jugadas de los “auto correctores” de los distintos procesadores de texto. Ustedes ya saben, ese empecinamiento (palpable en los celulares “inteligentes”) de cambiar lo que escribes con lo que se le pega la gana al algoritmo. Si usted le escribe a alguien “te extraño en mi corazón”, el corrector hace su “trabajo” y lo que llega dice “tengo extraños en mi cuarto”. No pocas broncas de pareja surgen de esos teléfonos “inteligentes”.
Entonces les preguntamos. Y nos respondieron, con orgullo, que usaron un programa de Inteligencia Artificial al que, por sólo 20 dólares al mes, le mandas el audio y te regresa una transcripción. Pero la IA tiene problemas de oído, porque donde se dijo “una aseveración del tipo “El Policía Anarquista quiere que su hijo sea como él””, se transcribió como “una aceleración del policía artista quiere que su alijo sea como él”. En otro caso usaron los subtítulos de You Tube. En otro más la aplicación de un procesador de textos que “escucha” y escribe. Todo con resultados semejantes.
Jordi Soler, en un texto en su columna en Milenio Diario (“La Melancolía de la Resistencia”, 5 de mayo 2026), señaló el proceso de crear y formar idiotas, la idiotización, como una tarea de la Inteligencia Artificial (“IA” de aquí en adelante).
De acuerdo, yo agregaría la pereza mental y la haraganería. ¿Para qué leer y tratar de abstraer lo esencial de un texto si la IA te hace una síntesis en unas líneas? Pero no sólo eso:
Cuando el arte cinematográfico saludó y permitió la llegada de la “pantalla verde” (o azul, no recuerdo), privilegiando así “los efectos especiales” y el impacto visual, olvidó que eso iba en detrimento del guion, la dirección, las actuaciones, las locaciones, la producción. Es decir, el Cine como tal. Aparecieron así películas de superhéroes, monstruos, catástrofes e invasiones extraterrestres, donde el actor o la actriz sólo tenía que poner cara de espanto o de “no te preocupes, todo va a estar bien”. La pantalla verde permitía que la heroína (no olvidar la paridad de género) derrotara la invasión alienígena con un prensa-pelo. Asombroso.
Pero, detrás de la pantalla verde, vino la IA y, con ella, la creación no sólo de personajes, también del oficio de la actuación… y de guionistas, de la producción, la iluminación, el vestuario, el doblaje, la postproducción y de los etcéteras que, todavía, conforman “el séptimo arte”.
Detrás de cada evidencia incuestionable, viene una derrota factorial, es decir, una derrota a la N potencia, una caída que lleva a otra y a otra y así. Porque “la IA te ahorra trabajo y tiempo”, ergo… La IA viene siendo simultáneamente el productor, comercializador y “dealer” de la amable droga de la pereza mental.
Detrás de los “resúmenes” de la IA, viene la derrota de unas de las características del ser humano: pensar. Y sus manifestaciones: leer, escribir, pintar, cantar, jugar, componer, bailar, discutir, proponer, etcétera. Es decir, crear… y luchar.
Cada oferta que le hace a usted el sistema para ahorro de trabajo, esfuerzo, dedicación, compromiso, esconde un intento de suplantación. Y, claro, ningún ahorro económico. Al contrario.
La IA escamotea el verdadero costo: el asunto no sería que llegue a independizarse y se ponga en contra de su creador (Skynet en el horizonte próximo), sino que provoque en él, el ser humano, un ser haragán física y mentalmente, que siga al algoritmo de “la mayoría” como nuevo flautista de Hamelin… con el precipicio ya en el horizonte cercano.
Imagine usted que, está por darle “like” a una publicación que le gustó y la IA le señala “Warning: su “like” va en contra de lo que dice la mayoría y va a provocar que baje el número de sus seguidores y, por tanto, su índice de popularidad.” Pavor.
En las artes, la IA podrá (o puede ya) escribir una novela y tener éxito porque ha usado el algoritmo y sabe que la muerte del malvado es más bienvenida que la del héroe. O viceversa. Y puede decretar que tal combinación de colores, trazos, composiciones, en pintura, escultura, música, tendrá “éxito”, es decir, popularidad, mayoría. Según esto, la IA puede “copiar y reproducir” las notas musicales, secuencias y ritmos de, digamos, Mozart, y “componer” una partitura.
Se empieza copiando, se sigue luego suplantando, y se termina supliendo y eliminando.
Un ejemplo: le encargan a usted, en la materia de “lectura y comprensión” (no sé si exista todavía), la obra literaria conocida como “El Quijote”, esto es “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, del hispano Miguel de Cervantes Saavedra (quien vivió durante un período -1547 a 1616- del llamado “Virreinato” y que, por tanto, le debe pedir perdón a la 4T… para que continue despojando territorios de pueblos originarios). Usted, en lugar de buscar el libro y leerlo, entra a internet, googlea cualquiera de las dos frases y se encuentra con que…
“Don Quijote de la Mancha no tiene una cantidad fija de páginas; varía según la editorial y el formato. Sin embargo, en las ediciones completas más reconocidas, como la de la Real Academia Española (RAE), el libro ronda las 1.424 páginas”
¡Uff!, se dice usted, ¿y en cuánto tiempo se lee eso? De nuevo la IA:
“Leer El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha te tomará, en promedio, 27 horas de lectura continua. Con una extensión de alrededor de 1,000 páginas, la mayoría de los lectores invierten entre 2 y 3 meses en una lectura pausada y constante, aunque si dedicas entre 30 y 45 minutos al día, podrías finalizarlo en unas 3 o 4 semanas”.
“Demasiado”, piensa usted, “en ese tiempo puedo postear muchos comentarios (sugeridos por la IA, claro), y dar muchos “likes” y “dislikes” (también orientados por la IA)”, así que decide mejor consultar un resumen. La IA:
“El Quijote es el símbolo universal del idealismo, la libertad y la lucha por los sueños. Representa la eterna confrontación entre la realidad y la fantasía. En la actualidad, el adjetivo «quijotesco» se utiliza para describir a una persona idealista que antepone sus nobles valores a su conveniencia.”
He realizado estas “búsquedas” en internet y, cada vez que tecleo la consulta, la IA pone la palabra “pensando”, mientras el círculo giratorio te advierte que no interrumpas. Pero, si pone usted atención, en letras pequeñas aparece de dónde sacó la IA ese resumen: ¡de YouTube! Es decir, usted ha tomado una decisión (no leer el Quijote porque son muchas páginas), dar por bueno un resumen y asumir que, prácticamente, lo ha leído; todo esto basado en el algoritmo que decide la fuente de información y su veracidad basado en su popularidad, es decir, en las mayorías (tiene muchas “vistas”).
Todo esto viene al caso porque, revisando periódicos y revistas (en las redes sociales sólo veo videos de perritos y gatitos), veo que, lo que empezó como consejos y recomendaciones para, por ejemplo, el sexo; ahora son dictámenes: “¿Estás teniendo relaciones sexuales adecuadamente? La IA te dice lo que estás haciendo bien y lo que haces mal”.
De la historia de “los castristas” que me refirió el Subcomandante Insurgente Moisés, quedé pensando en lo de “las mujeres comunes”, en cómo fue lo que preocupó al ciudadano como parte de sus propiedades, incluso por encima de otras cosas más lógicas: su vehículo, su casa, su celular, su computadora, etcétera.
¿Es la relación de pareja heterosexual una relación de propiedad, de posesión? ¿Un feudo donde el varón -y en algunos casos, la hembra- es quien impone la vida y, no pocas veces, la muerte? No hablo de celos, sino de esa relación tan defendida incluso por el progresismo, donde hay un propietario y una propiedad. Y que lo personal se trastoca en símil de la propiedad social: mis medios de producción, mis trabajadores, mi marido o mi marida, mis hijos, mi Dios, mi religión, mi color, mi raza, mi lengua, mi modo, mi calendario, mi geografía. Mi, me, conmigo.
Se ha realizado un salto imposible entre una realidad impuesta a sangre y fuego, y el ámbito de lo personal y privado.
Las distintas diferencias, los “otros amores” como solemos decir los pueblos zapatistas, se contraponen a una “normalidad” impuesta. La persona hetero considera que su “modo” es y debe ser universal. Para ello llamará en su auxilio a la religión cuantitativa: “somos mayoría y, por lo tanto, tenemos la razón. Y quienes no son mayoría son culpables de eso, de no ser parte de la mayoría.” Y por eso es “normal” la violencia contra “loas otroas”. Esta lógica, que es palpable en redes sociales y medios de comunicación, se reproduce o se refleja en lo individual. La persona es forzada a entrar al aro, esto es, a ser y parecer “normal”, como la mayoría. A la diferencia, el “amor” mayoritario le ofrece un closet.
La frase lapidaria que, me parece, iluminó el mayo francés del 68, es toda una descripción de las sociedades civilizadas modernas: “Come mierda, millones de moscas no pueden equivocarse”. El “sentido común” se convirtió así en un remedo del “sentido mayoritario”.
Esta aberración, podría ser normalizada por la IA, puesto que su fuente de datos son los que se presentan como más “populares”. Incluso el oficio de gobernar ahora es el oficio de ser “popular”. Por eso la IA recomienda reunirse y tomarse fotos con BTS, con U2 y con Black Rock (el verdadero “dueño del mundo” por la cantidad de paga que mueve, -no aparece en la lista de las mayores riquezas-) que reflejan juventud, nostalgia y “realismo en macroeconomía”; y recomienda no reunirse con las madres buscadoras, con la CNTE, con los productores del campo, con los originarios que escapan al control gubernamental, con activistas ambientales, con opositores a megaproyectos, a la gentrificación y a la demagogia como suplente de la justicia; en fin, con todo eso que refleja incapacidad, corrupción y la dura y testaruda realidad con la que topa a diario el progresismo.
Entonces podríamos decir que, para la IA, el amor y el desamor dependen de la fuente consultada… y del apoyo mayoritario. Triunfarás en el amor, o fracasarás, de acuerdo con el sentir de las mayorías, supuestamente consultadas por IA, pero en realidad moldeadas por ella. “Ser popular”, este anhelo adolescente de la prepa -o “high school” o bachillerato-, es ya la aspiración que rige las sociedades y los gobiernos de la modernidad.
¿Por qué sufrir el sentimiento de tener un hoyo en la panza, provocado por el Amor o el Desamor, si te quitas del problema de construir una relación simplemente “bloqueando” o cambiando de avatar… o de número? Sí, antes se cambiaba de canal si algo no te gustaba. Ahora, si la realidad no te gusta, sólo cambia de celular. Eso sí, que tenga la IA más veloz.
-*-
Por lo demás, con o sin IA, el objetivo del sistema no es otro sino generalizar la resignación. Si las religiones ya no lo consiguen, la tecnología lo intenta. Justo como ahora fomenta la resignación frente a la masificación de la duda, de la crisis de identidad, de la incertidumbre, del caos ordenado desde arriba. No para provocar desorden, sino para que se anhele el orden. Resignarse ante la catástrofe es el primer paso para luego necesitarla.
En “la modernidad” que padecemos, nada hay más subversivo que pensar. Bueno, tal vez sí hay algo más irreverente: organizarse. Y para organizarse, amigos y enemigos, -como para el tango y para hacer el amor… o el desamor-, se necesitan al menos dos.
-*-
Nota: si escribí una tontería, debe ser por la Inteligencia Artificial que cambió lo que quise escribir. Ni modos.
(continuará…)
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El Capitán (en ausencia de la IA).
Mayo del 2026.
Un Tractor En Común Y El Caso Del Perico Loco. II.- No Van A Poder | 17 de mayo 2026 | ͶÀTIꟼAƆ ⅃Ǝ
Imágenes: Terci@s Compas Zapatistas
Música: Mercedes Sosa «Todo Cambia», Compositor: Julio Numhauser Navarro
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco
II.- No van a poder
Para el profesor Enrique Ávila Carrillo y el magisterio que enseña y aprende… luchando
La anécdota me la contó el Subcomandante Insurgente Moisés hace unos días: unos hijos de ex rancheros invadieron tierra recuperada. Alegando que en el pasado esa tierra era de sus padres, se metieron y empezaron a construir sus casas. Llegó un grupo de compas a explicarles que no podían hacer eso, que esa tierra era del Común, o sea que no era propiedad de nadie, ni del Estado, ni propiedad privada, ni ejidal. Al ver llegar a los compañeros, los invasores pensaron que los iban a correr, así que empezaron a decir que el ejército, la policía, los jueces, que tenían un pariente licenciado, que Trump, que Sheinbaum, que no los iban a sacar, que sólo muertos saldrían de ahí.
Los compas sonrieron, escucharon pacientemente y, ya que los aspirantes a finqueritos terminaron con sus amenazas, les dijeron “bueno, hermanos, pues ya escuché tu palabra, ahora escucha la palabra que te traemos”. Y empezaron a explicarles el Común y que podían trabajar la tierra, junto con otros hermanos de otros pueblos y comunidades, pero esa tierra no era propiedad de nadie. Los padres de los improbables finqueros entienden la lengua, porque se habían criado en esa zona, así que los compas les explicaron todo en la palabra originaria, ante la desesperación de los hijos que eran “licenciados” de la ciudad. En la plática, los padres asentían con la cabeza a los argumentos de los compañeros. Al terminar, les dijeron a sus hijos: “no es como nos dijeron allá los de partido Morena, estos hermanos tienen razón en lo que dicen y no van a corrernos, sino que van a ser nuestros vecinos”. Les dieron a los hijos la versión en castilla (que siempre será más pobre que en lengua originaria). Acorralados con razones, los hijos argumentaron: “Pero no van a poder eso del Común. La gente es egoísta, quiere tener y tener más y más. La gente no quiere compartir ni ver por los demás. Y peor si son… son… como son ustedes”. Se esforzaron por no decir “si son indígenas”, tal vez temiendo que fueran agredidos. Los compas respondieron con el lapidario “Pues ahí lo vamos a ver en la práctica si se puede o no se puede”.
Como no había más argumentos, estas personas pasaron al argumento central: “Es que ustedes son castristas”. “¿Qué cosa es castristas?”, le preguntaron. Y ellos: “Los castristas son comunistas, o sea que las mujeres son comunes, son de todos”: Los compas rieron y uno de los nuestros preguntó “¿Y por qué no los hombres son de todas?” El aspirante a beneficiario del Sembrando Vida (en realidad no quería hacerse finquero, sino pedacear la tierra, pedir el apoyo gubernamental y luego vender los pedazos de terreno), quedó pensando, como valorando las ventajas del cambio de mujeres comunes a hombres comunes, pero un compa intervino y le preguntó “¿Entonces tu mujer es de tu propiedad? ¿Ya le informaste que eres su dueño y señor, que tú la mandas en lo que siente, en lo que piensa, en lo que quiere, en lo que sueña?” El ciudadano dudó. Tal vez se imaginó la bronca que tendría con su mujer si se le ocurría siquiera insinuar eso, y que el matrimonio no era sino un contrato donde él, el marido, tomaba posesión de ella, la marida, “hasta que la muerte los separe”. Un contrato pues, de compra-venta, así como se compra ganado o televisiones para ver el mundial de futbol. O sea, trata de personas, pero con bendición legal.
Los compas le explicaron que el Común se refería sólo a la propiedad de la tierra, no al trabajo. “Entonces”, dijo el hombre ya a la defensiva, “¿lo que saque de mi trabajo es mío?”. “Así es”, le respondieron. Él insistió: “O sea que, si yo siembro, por ejemplo, plátano, en mi tierra, ¿no me lo van a quitar o a pedirme un porcentaje?”.
“Otra vez la burra al maíz”, le dicen, “no es TU tierra, es del Común. Y tu trabajo, el producto de tu trabajo, es tuyo y nadie, al menos, nadie de zapatista, te lo va a quitar ni a pedir una parte. Así como no son comunes tus calzones, tu carro, tu ropa, tu casa, tu sitio, tu cepillo de dientes, tus cosas pues. Pero la tierra es Común, y se trabaja por turnos. Trabajas, sacas tu producción, luego entran otros a trabajar esa tierra, luego otros y así. Sólo así la humanidad va a poder sobrevivir a la tormenta. ¿O a poco están muy tranquilas las cosas allá en la ciudad? ¿No batallan con la comida, el transporte, el agua, la violencia, las desapariciones, la salud, la educación, la ropa, los zapatos? ¿No es cierto que los gobernantes, sin importar de qué partido sean, son lo mismo que los criminales?”.
“Eso sí, te decimos que no se pueden consumir, producir, comerciar ni traficar drogas. Y no se permite los trabajos que lastimen a la Madre Tierra, como la minería, el fracking, los talamontes, el acaparamiento del agua. Tampoco el alcoholismo, la prostitución, la trata de personas, la violencia contra mujeres y crías, el desprecio y olvido para las personas ya de juicio, la burla y la agresión contra los diferentes, y todas esas cosas con nombres raros que sólo sirven para engañar a la gente que el mal que se va a hacer es por su bien”
“Pero la tierra es para producir”, alegó él. Uno de los compas, recordando las largas discusiones, debates y peleas en las asambleas zapatistas, intervino y dijo: “Sí, pero una cosa es producir para el mercado y otra producir para la vida. La tierra del Común es para la vida, no para tener ganancias”.
“Entonces”, preguntaron, “si la tierra no es de nadie, ¿ustedes qué son?”
“Guardianes”, respondimos. Otro compa agregó “y Guardianas”. Uno más: “Y Guardianoas”.
Se despidieron. Dijeron que ya entendieron, pero que iban a consultar con la Biblia de su religión para ver si eso del Común no iba en contra de la palabra de Dios.
-*-
Este argumento de “no van a poder”, sustentado en lo irremediable del individualismo, el egoísmo y la avaricia, no es sólo argumento del capitalismo. Está también en quienes se dicen de izquierda y esperan, con paciencia, que fracasemos. No sólo por el individualismo, ni sólo porque lo del Común no vino de sus grandes cabezas con notas de pie de página, también porque no se siguen los “santos” preceptos de la izquierda ortodoxa de que primero la publicación y la propaganda para concientizar y convocar, luego el partido, luego la toma del Poder, luego el Estado como propietario representativo y regulador. Y luego, muchos siglos después, Dios no lo quiera y estén vivos, el Común.
-*-
Pero, puesto que salió lo del “castrismo” y puesto que el pueblo de Cuba sufre un bloqueo (ya sin el eufemismo de “embargo”) y una nueva amenaza de intervención militar, ahora, hoy, entonces vayan algunas palabras sobre ese pueblo al que respetamos y admiramos.
Creemos que su resistencia y rebeldía son evidentes. No sólo ha mantenido un proyecto social en medio de todas las amenazas posibles, frente a todas las agresiones imaginables e inimaginables, padeciendo campañas mundiales de calumnias y mentiras; también las “sensatas” reflexiones de quienes no son “ni chicha ni limoná”, que pretenden no ser de aquí ni de allá y, que lo más “amable” que dicen es “fue bello al principio, pero ya con el tiempo se convirtió en una dictadura”. Eso que no es sino otra forma de decir: “antes fue moda apoyar a Cuba, ahora la moda es atacarla”.
En fin, no es la primera vez, ni será la última, en que se decrete la muerte (al menos mediática) de lo que el mismo pueblo llama “la revolución cubana”. En las últimas décadas… ok, bueno, desde aquel enero del 59, se dice, se repite, se recita, se eructa: “Cuba no va a sobrevivir… si no se traiciona a sí misma”. Bueno, no con esas palabras.
Y no se trata sólo de olvidar Girón y a Fidel Castro manoteando con su equipo porque no le querían permitir ir al frente de batalla (en aquellos tiempos en que los comandantes marchaban al frente de sus tropas). Tampoco los esfuerzos inútiles de la inefable Agencia Central de Inteligencia, la CIA gringa, para acabar con la dirección. Baste recordar la desesperación de un congresista norteamericano de aquellos tiempos, al hacer comparecer a los responsables de “resolver el problema cubano”: el agente explicaba, con lujo de detalles, el plan para envenenar a Fidel Castro… para que se le cayera la mítica barba. El congresista, con los ojos y la voz exaltados, demandaba: “¿De manera que gastamos tantos millones para quitarle la barba a Castro, para rasurarlo? ¿No era más sencillo darle un tiro?”
Y los aviones derribados, los atentados terroristas, los sabotajes, el “embargo”, los eructos mediáticos de los especialistas en todo y conocedores de nada.
Y alguien se puede preguntar: si lograron todo lo que han logrado con todo eso en contra, ¿cuánto no hubieran podido hacer si los hubieran dejado en paz?
Se trata, sobre todo, de olvidar lo fundamental: sea cierto, o no, que han tenido, tienen y tendrán errores, pero son SUS errores, SUS aciertos, SU historia, SU presente y SU futuro. Y eso es difícil de entender desde los escritorios de la academia, la teoría estéril (sin práctica, pues), y el comentario banal e inútil que ni siquiera consigue los likes de rigor.
Pero deje usted de lado las tendencias en redes y en los medios de comunicación. ¿Por qué no han podido doblegarlos? ¿Por qué sería necesaria una intervención militar gringa si, con apoyos como los que ha tenido la oposición cubana, hubieran ya conseguido la “liberación”? Oiga usted, como que algo ahí no se explica. Como que algo hay en ese pueblo que no se entiende y no tiene que ver con el individualismo, el egoísmo, la avaricia y demás. Tal vez, no sé, puede ser, es un supositorio, pero se me ocurre que es una cuestión de lengua: puede ser que en el alfabeto cubano no existan las letras para componer la palabra “rendirse”.
Y también viene Cuba a colación porque, hasta donde recuerdo, el Movimiento 26 de Julio no siguió los manuales de la ortodoxia comunista de entonces, que había arrinconado el quehacer de la izquierda latinoamericana a los dictados del entonces “campo socialista”. En pocas palabras: hicieron su propia historia. No para los libros, los análisis, las reflexiones sin práctica consecuente, sino para la vida.
Cuba, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de la comprensión, pervivirá. Porque hay quien espera que la isla se convierta en un Mariel de punta a punta, pero hay quien sabe que será un Playa Girón lo que el sol contemple al salir… el día después.
-*-
Estas reflexiones se me ocurren ahora que he estado presente en algunas de las reuniones de los “Interzonas” (lo pongo entre comillas porque en cualquier momento cambiará su nombre), en asambleas de autoridades autónomas y responsables, de teatristas, coordinaciones de arte y cultura, de Como Mujeres que Somos, de jóvenas y jóvenes, de hombres y mujeres “de juicio” (ya mayores pues), donde discuten y debaten algo nuevo. Sí, nuevo – nuevo.
Creo que alguna vez he dicho que los zapatistas no buscamos cómo ser felices, sino cómo ser infelices. Como es nuestro modo el imponernos nuevos retos, trabajos, cambios inesperados la víspera, la crítica despiadada en lo interno, los desvelos, los dolores de panza (con o sin tamale crudo), las preocupaciones, las largas discusiones, las caídas y las levantadas. Y entonces entiendo que el problema, nuestro problema, es que tratamos de vivir lo que soñamos. Y así nos va.
-*-
Los sueños siguen siendo sueños hasta que son sembrados en la realidad. Seguirá entonces un largo y accidentado camino, repleto de tropezones, sinsabores, más bajadas que subidas. Y, claro, la presencia infaltable de quienes opinen que así no, que no todavía, que no se va a poder, que es imposible. El progresismo de nómina siempre ha exigido obediencia y subordinación en su diario claudicar.
Decía el finado que todo es imposible la víspera. Lo dijo pensando en el 31 de diciembre de 1993, y lo repitió y repite cada que una nueva idea, una nueva iniciativa, interna o externa, se escucha en lenguas originarias de raíz maya y en castilla… en las montañas del sureste mexicano.
Porque siempre habrá alguien, abajo y a la izquierda, que tome ese sueño en las manos, prepare el terreno y el tiempo, el calendario y la geografía pues, y, sin ceremonias rituales, declaraciones ostentosas ni promesas vanas, empiece a trabajar para ese sueño.
Entonces, y sólo entonces, los sueños dejan de serlo y se convierten en… una posibilidad.
-*-
¿O sea que vienen más cambios? Sí, me temo, y celebro, que sí (suspiro).
(Continuará…)
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El Capitán.
México, mayo del 2026.








