{"id":55383,"date":"2026-07-20T11:06:00","date_gmt":"2026-07-20T17:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=55383"},"modified":"2026-07-24T17:12:12","modified_gmt":"2026-07-24T23:12:12","slug":"capitalismo-guerra-total-y-la-rebelion-de-lo-vivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=55383","title":{"rendered":"Capitalismo, guerra total y la rebeli\u00f3n de lo vivo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Carlos Tornel<\/strong><br><a href=\"https:\/\/radiozapatista.org\/?page_id=55029\"><strong>Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)<\/strong><br>23 de julio de 2026<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>(<a href=\"https:\/\/radiozapatista.org\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/CarlosTornel.mp3\">Descarga el audio aqu\u00ed<\/a>)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-audio\"><audio controls src=\"https:\/\/radiozapatista.org\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/CarlosTornel.mp3\"><\/audio><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchas gracias, compas, una vez m\u00e1s por esta invitaci\u00f3n. Es un gusto y un placer estar aqu\u00ed otra vez en el Cideci. Es un verdadero gusto y un honor poder compartir estas palabras, que espero abonen a la discusi\u00f3n sobre la guerra contra la naturaleza. Esta vez tratar\u00e9 de ir m\u00e1s lento. Ya no traje el celular; intentar\u00e9 tambi\u00e9n no ofender a los anfitriones. Reitero que toda acusaci\u00f3n contra el tabaco fue dirigida a sus oligarcas corporativos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Espero que esta sea una ocasi\u00f3n para revisitar los puntos de la Cuarta Guerra Mundial y ojal\u00e1 al final aparezca ese m\u00edtico pastel de moca que, como el quinto partido \u2014ah, no, perd\u00f3n, ahora el sexto partido\u2014, no termina de llegar. En fin, no llega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Trat\u00e9 de organizar esta intervenci\u00f3n a partir de una provocaci\u00f3n que el zapatismo formul\u00f3 hace ya m\u00e1s de 20 a\u00f1os: la idea de que vivimos en una Cuarta Guerra Mundial. No voy a repasar aquel planteamiento con lujo de detalle. Me interesa recuperar solamente tres de las l\u00edneas que siento que siguen siendo fundamentales para comprender nuestro presente.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera es que estamos ante una guerra que no se limita al terreno militar, sino que atraviesa la econom\u00eda, la cultura, la informaci\u00f3n, los territorios, los cuerpos y pr\u00e1cticamente todas las formas de vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda es que su objetivo no consiste en derrotar ej\u00e9rcitos o enemigos, sino en destruir, disciplinar o reorganizar todo aquello que no puede traducirse f\u00e1cilmente en mercanc\u00eda: pueblos, lenguas, memorias, autonom\u00edas, solidaridades, tierras comunes y diferencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tercera es que esta guerra global se experimenta siempre de manera concreta, localizada y cotidiana, pero a trav\u00e9s de una l\u00f3gica desigual. La guerra, al igual que el colapso, se experimenta en diferentes intensidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi intervenci\u00f3n gira en torno a tratar de entender qu\u00e9 ha cambiado durante las \u00faltimas dos d\u00e9cadas desde que ustedes, compas, nos ofrecieron la tesis de la Cuarta Guerra Mundial; qu\u00e9 formas adopta hoy esta guerra en el capitalismo y, sobre todo, qu\u00e9 significa hablar de una guerra contra la naturaleza en este contexto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Organic\u00e9 esta intervenci\u00f3n alrededor de cuatro ideas principales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primero, tratar\u00e9 de retomar la idea de la Cuarta Guerra Mundial para pensar algunas de las formas en que contin\u00faa operando y las transformaciones que ha experimentado hasta este momento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s, me gustar\u00eda hablar de la guerra contra la naturaleza, tratando de entender c\u00f3mo la crisis ecol\u00f3gica se ha convertido en una nueva justificaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n en una forma de guerra en s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un tercer momento, intentar\u00e9 explicar lo que llamo la maldici\u00f3n del ambientalismo: la manera en que la preocupaci\u00f3n por la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica puede terminar convertida en administraci\u00f3n, control y nuevas formas de despojo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, quisiera cerrar hablando de la rebeli\u00f3n de lo vivo: de las resistencias, rebeld\u00edas y formas de vida que no solamente se defienden frente a la guerra, sino que producen otros mundos en medio de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Espero que se me disculpe por no mencionar aqu\u00ed a muchas y muchos compas que me han inspirado en estas ideas. Como bien se ha dicho en este espacio, ninguna acci\u00f3n se hace sola; ni siquiera el pensamiento o la construcci\u00f3n de las ideas. Se piensa con otras, con otros, desde conversaciones, luchas, encuentros y experiencias compartidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Menciono por eso que estas palabras no son solamente m\u00edas, sino que vienen del com\u00fan. De cualquier forma, en la versi\u00f3n escrita aparecer\u00e1n todos los nombres, referencias y agradecimientos correspondientes para que nadie se vaya a enojar.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Parte 1. La guerra como forma de capitalismo<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me gustar\u00eda comenzar retomando la provocaci\u00f3n zapatista sobre la Cuarta Guerra Mundial y la manera en que el neoliberalismo convirti\u00f3 la vida cotidiana en un campo de batalla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Han pasado m\u00e1s de 20 a\u00f1os, pero su vigencia no ha hecho m\u00e1s que profundizarse. La guerra se ha vuelto total, aunque opere con distintas intensidades. Atraviesa territorios, cuerpos, infraestructuras y formas de vida; hace de la crueldad una tecnolog\u00eda de gobierno y convierte la destrucci\u00f3n en una condici\u00f3n para la reproducci\u00f3n del capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como escribi\u00f3 Marx, el capital naci\u00f3 chorreando sangre y lodo por todos los poros. Ahora habr\u00eda que agregarle la mierda. Su formaci\u00f3n fue inseparable de una guerra contra la subsistencia. Para producir trabajadores asalariados fue necesario destruir la posibilidad de vivir con autonom\u00eda: cercar tierras, expulsar comunidades, apropiarse de los bienes comunes, imponer el trabajo forzado y producir dependencia. El mercado nunca surgi\u00f3 espont\u00e1neamente; tuvo que imponerse mediante leyes, ej\u00e9rcitos y violencia organizada por el Estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta guerra no pertenece \u00fanicamente al origen del capitalismo; es uno de sus mecanismos permanentes. Cada nueva fase de acumulaci\u00f3n exige abrir territorios, romper v\u00ednculos comunitarios y transformar en mercanc\u00eda aquello que formaba parte de una trama de relaciones con la tierra y con el mundo vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Cuarta Guerra Mundial nombra, entonces, la ampliaci\u00f3n de esta ofensiva contra las capacidades colectivas de producir y reproducir la vida sin depender por completo del Estado, el mercado, los expertos, las tecnolog\u00edas o las corporaciones. Sus objetivos son las tierras comunes, los saberes, las memorias y todas aquellas relaciones que no se dejan reducir al valor de cambio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que ha cambiado es la profundidad y la intensidad de su alcance. Conforme el capitalismo encuentra mayores dificultades para expandirse \u2014por el agotamiento de recursos, las resistencias territoriales, la crisis clim\u00e1tica y la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica\u2014 no retrocede, sino que acelera la devastaci\u00f3n de las condiciones que sostienen la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El fracking, una de las formas m\u00e1s contaminantes de extracci\u00f3n de petr\u00f3leo y gas; la miner\u00eda a gran escala; y la carrera por los llamados minerales cr\u00edticos \u2014es decir, aquellos recursos considerados estrat\u00e9gicos para las tecnolog\u00edas mal llamadas renovables, digitales y militares, cuyo suministro es limitado o se concentra en pocos territorios\u2014 muestran que los l\u00edmites f\u00edsicos no detienen autom\u00e1ticamente al capital. Pueden convertirse, incluso, en nuevas oportunidades de negocio, control y sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vez pasada habl\u00e9 de los l\u00edmites planetarios, es decir, de los puntos cr\u00edticos en procesos clave de la Tierra \u2014como los ciclos del clima, la biodiversidad o el agua\u2014 que delimitan un espacio relativamente seguro para la vida. Rebasar estos l\u00edmites aumenta el riesgo de cambios abruptos, acumulativos e irreversibles. Sin embargo, sobrepasarlos o designarlos como un problema com\u00fan de toda la humanidad puede ocultar que la crisis ecol\u00f3gica se produce y se padece de manera profundamente desigual. Lo dije entonces, pero lo repito: ni todas ni todos somos responsables de la misma forma, ni estamos en el mismo barco. La clase, el g\u00e9nero, la raza y la geograf\u00eda determinan qui\u00e9n consume, qui\u00e9n decide y qui\u00e9n soporta las consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Voy a repetir \u2014y me disculpo por recurrir aqu\u00ed a algunos nombres, pero son los \u00fanicos, creo, que permiten explicar esta idea\u2014 una formulaci\u00f3n de Carl von Clausewitz, militar prusiano del siglo XIX: la guerra es la continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios. Michel Foucault, fil\u00f3sofo franc\u00e9s que estudi\u00f3 las relaciones entre poder, conocimiento y disciplina, invirti\u00f3 esta f\u00f3rmula para mostrar que la pol\u00edtica puede ser la continuaci\u00f3n silenciosa de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Cuarta Guerra Mundial, la frontera entre guerra y pol\u00edtica no solamente se vuelve m\u00e1s borrosa, sino que desaparece. El capitalismo recurre a la guerra de forma cada vez m\u00e1s constante. La pol\u00edtica econ\u00f3mica, social, ecol\u00f3gica y de seguridad participa de una misma racionalidad: administra la crisis, apropia territorios, disciplina poblaciones enteras, asegura recursos y neutraliza resistencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los mecanismos que alguna vez permitieron negociar o contener el poder del capital han sido debilitados o incluso incorporados a dispositivos de control: desde los sindicatos y los partidos hasta mecanismos democr\u00e1ticos como las consultas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El conflicto deja as\u00ed de discutirse pol\u00edticamente y se transforma en un problema t\u00e9cnico que debe administrarse, contenerse o simplemente eliminarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra contempor\u00e1nea oscila entre dos extremos complementarios. Por un lado, la reducci\u00f3n de los conflictos pol\u00edticos a problemas t\u00e9cnicos o de gesti\u00f3n, que prometen resolver la crisis mediante innovaciones tecnol\u00f3gicas, mercados o datos. Por otro lado, la eliminaci\u00f3n material, pol\u00edtica o simb\u00f3lica de quienes obstaculizan el proyecto dominante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta din\u00e1mica no consiste en una sucesi\u00f3n de episodios aislados, sino en una estructura persistente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra, la ocupaci\u00f3n y el colonialismo de asentamiento \u2014como se denomina a ciertos procesos hist\u00f3ricos presentes en pa\u00edses como Estados Unidos o Israel\u2014 no son acontecimientos \u00fanicos: se reproducen en el tiempo mediante formas paralelas y de distinta intensidad. A veces operan mediante la expulsi\u00f3n y la violencia abierta; otras veces mediante la fragmentaci\u00f3n territorial, la privatizaci\u00f3n de la tierra, la asimilaci\u00f3n, el borramiento de la memoria o la disoluci\u00f3n de los pueblos como sujetos colectivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En todos los casos, la l\u00f3gica es la misma: destruir las condiciones que permiten a una comunidad reproducir su vida para imponer otra forma de organizar, habitar y explotar el territorio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si antes se dijo que la guerra dio origen al Estado moderno y que tambi\u00e9n abri\u00f3 el camino a revoluciones modernas como la francesa, la rusa o la china, hoy el Estado y el capital hacen la guerra para deshacer a las sociedades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s, el propio Estado se presenta como protector frente a las amenazas que produjo: desorganiza la vida com\u00fan y ofrece seguridad; facilita el despojo y administra sus consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde esta perspectiva, Gaza, Ucrania, Sud\u00e1n, el Congo y Chiapas no son conflictos equivalentes, pero tampoco son hechos aislados. Con historias e intensidades distintas, forman parte de un r\u00e9gimen global que desdibuja las fronteras entre econom\u00eda, seguridad y poder militar. Las rutas comerciales, los sistemas energ\u00e9ticos y las cadenas de suministro se reorganizan seg\u00fan criterios de seguridad nacional, mientras lo militar se extiende hacia puertos, trenes y corredores industriales. La econom\u00eda adopta la forma de una operaci\u00f3n de guerra permanente que, a su vez, convierte la guerra en un instrumento econ\u00f3mico para abrir nuevos espacios de acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su funci\u00f3n no es simplemente ganar conflictos o aplastar adversarios, sino convertir la crisis en una forma de gobierno, haciendo de la destrucci\u00f3n, el desplazamiento y la inseguridad condiciones necesarias para la expansi\u00f3n del capital.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este proceso es profundamente violento, pero la violencia tambi\u00e9n se ense\u00f1a. Esta es la pedagog\u00eda de la crueldad, como le dicen: un instrumento clave para la guerra. Su repetici\u00f3n normaliza la crueldad, debilita la empat\u00eda y acostumbra a aceptar que ciertos cuerpos y territorios pueden ser da\u00f1ados, explotados o descartados sin consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Cuarta Guerra Mundial, esta pedagog\u00eda se profundiza con la expansi\u00f3n de actores paraestatales y grupos criminales que no solamente disputan territorios, sino que gobiernan mediante el uso del miedo. La violencia deja entonces de ser \u00fanicamente instrumental: el terror produce obediencia, rompe v\u00ednculos comunitarios y acostumbra a las sociedades a vivir bajo poderes que operan entre lo legal y lo ilegal, en estrecha relaci\u00f3n con el Estado y los circuitos de acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pedagog\u00eda de la crueldad se convierte as\u00ed en una forma de gobierno que decide qu\u00e9 vidas deben protegerse y qu\u00e9 territorios pueden sacrificarse. La r\u00e1pida expansi\u00f3n de lo que llamamos zonas de sacrificio \u2014territorios donde habitantes, ecosistemas y formas de vida son expuestos al despojo, la devastaci\u00f3n y la destrucci\u00f3n para sostener el beneficio y bienestar de otros\u2014 coincide con las designaciones oficiales de ciertos proyectos como polos de desarrollo. Estos proyectos concentran valor en ciertos lugares porque desplazan contaminaci\u00f3n y muerte hacia otros. El sacrificio siempre es la otra cara de la moneda de estas designaciones oficiales: zonas econ\u00f3micas, corredores industriales, polos de desarrollo o cualquier otra denominaci\u00f3n que adopten.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el capital choca con sus propios l\u00edmites, abre nuevas fronteras presentando tierras comunales y ecosistemas como improductivos o desaprovechados. Las comunidades son tratadas como obst\u00e1culos que deben ser asimilados, desplazados o eliminados. Detr\u00e1s de esta operaci\u00f3n reaparece la vieja ficci\u00f3n colonial de la tierra vac\u00eda: un territorio supuestamente disponible porque las relaciones que ya lo habitan han sido previamente borradas o desvalorizadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El terricidio, como lo nombran los compas mapuches, permite expresar el alcance de esta guerra: no solamente la destrucci\u00f3n simult\u00e1nea de pueblos y ecosistemas, sino la ruptura de los v\u00ednculos que hacen posible su continuidad. El terricidio se muestra en la confluencia entre genocidio, ecocidio y etnocidio: destruyendo memorias, autonom\u00edas, saberes y relaciones entre las personas y la tierra, hasta cancelar incluso la posibilidad de so\u00f1ar nuestros propios sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra, por tanto, no ocurre simplemente sobre un territorio, sino que lo redise\u00f1a mediante la militarizaci\u00f3n y el desplazamiento. Su objetivo no es \u00fanicamente controlar recursos, sino deshacer sociedades capaces de resistir el despojo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podemos entender esta configuraci\u00f3n como una guerra total, social e irregular. Total, porque se extiende sobre territorios, cuerpos y conocimientos. Social, porque atraviesa y utiliza la ley, la infraestructura, la educaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de necesidades. Irregular, porque act\u00faa con distintas intensidades seg\u00fan el territorio, las resistencias y el valor que pretende extraer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus t\u00e1cticas cambian a trav\u00e9s de tecnolog\u00edas duras, desde el uso de ej\u00e9rcitos, polic\u00edas, paramilitares y grupos criminales, hasta la utilizaci\u00f3n del terror, las desapariciones y los asesinatos; y tambi\u00e9n mediante tecnolog\u00edas blandas, como las consultas, las compensaciones y los programas de desarrollo que terminan por distraer, manipular, pero que avanzan hacia una estrategia continua de coerci\u00f3n, asimilaci\u00f3n, pacificaci\u00f3n y desmovilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es la profundizaci\u00f3n de la Cuarta Guerra Mundial: un capitalismo que ya no puede reproducirse sin recurrir cada vez m\u00e1s a la violencia, la contrainsurgencia y el control del territorio a trav\u00e9s de la violencia. Las econom\u00edas llamadas ilegales y los grupos criminales no operan fuera de este sistema; est\u00e1n articulados con la econom\u00eda formal, controlan rutas y territorios, desplazan comunidades y generan condiciones para que avancen la miner\u00eda, los agronegocios y los corredores log\u00edsticos. As\u00ed, la frontera entre acumulaci\u00f3n, seguridad y guerra se vuelve cada vez m\u00e1s difusa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ascenso de las extremas derechas, fen\u00f3meno que seguimos observando dentro de las democracias liberales, tampoco puede separarse de las lecciones y del agotamiento de los progresismos. Su dependencia del extractivismo, la concentraci\u00f3n del poder y la subordinaci\u00f3n de los movimientos sociales vaciaron muchas de sus promesas de transformaci\u00f3n, reduci\u00e9ndolos a administrar el orden existente y sus formas de autoritarismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese vac\u00edo fue ocupado por las derechas, que se presentan como una alternativa. Su proyecto no consiste \u00fanicamente en restaurar el neoliberalismo, sino en instaurar un orden autoritario y antipluralista: desregular la econom\u00eda, debilitar derechos, ampliar el extractivismo, militarizar territorios y construir enemigos internos mediante discursos racistas, mis\u00f3ginos, antiind\u00edgenas y antiecologistas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque, pens\u00e1ndolo bien, \u00bfno fue precisamente eso lo que ocurri\u00f3 con el progresismo mexicano de la llamada 4T?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La met\u00e1fora de la mina planetaria es quiz\u00e1 lo que nos permite comprender mejor que esta guerra no tiene un frente \u00fanico. La extracci\u00f3n se prolonga hacia puertos, trenes, redes energ\u00e9ticas y plataformas digitales protegidas por sistemas de vigilancia y control log\u00edstico. Comunidades, trabajadores y ecosistemas son incorporados a esta maquinaria o tratados como obst\u00e1culos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra contempor\u00e1nea consiste precisamente en asegurar esos flujos y convertir territorios cada vez m\u00e1s amplios en piezas subordinadas de una operaci\u00f3n econ\u00f3mico-militar a escala planetaria.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Parte 2. La guerra contra la naturaleza<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si me permiten un ejercicio de imaginaci\u00f3n, pensemos que, al irrumpir Europa hace 500 a\u00f1os en este continente, hubiese redactado un documento con los principios de la colonizaci\u00f3n. Podr\u00edamos llamarlo, simb\u00f3licamente, <strong>la Constituci\u00f3n moderna<\/strong>. Ese documento tendr\u00eda entonces tres art\u00edculos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primero establecer\u00eda una l\u00ednea divisoria entre la humanidad y la naturaleza. De un lado quedar\u00edan todos los seres humanos concebidos como sujetos racionales y portadores de derechos; del otro, los r\u00edos, los bosques, los animales y las monta\u00f1as, reducidos a objetos y recursos disponibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero esta frontera nunca separ\u00f3 \u00fanicamente a los seres humanos del resto de lo vivo. Tambi\u00e9n dividi\u00f3 a la propia humanidad. Mientras algunos fueron reconocidos como plenamente humanos, otros fueron desplazados hacia el otro lado de esa l\u00ednea. Los pueblos originarios fueron convertidos en \u201cnaturales\u201d, como los designaban los colonizadores, justificando as\u00ed su esclavizaci\u00f3n y explotaci\u00f3n. La guerra contra la naturaleza comienza aqu\u00ed: en una separaci\u00f3n que permite clasificar la vida y convertirla en propiedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo art\u00edculo establecer\u00eda que la historia avanza por un \u00fanico camino llamado progreso. Aqu\u00ed Europa \u2014o una idealizaci\u00f3n de Europa\u2014 aparecer\u00eda como el punto m\u00e1s avanzado de ese camino, mientras que el resto de los pueblos ser\u00eda ordenado a seguir una distancia respecto a ese modelo, caminar detr\u00e1s de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para sostener esta promesa fue necesario fabricar sociedades consideradas atrasadas y sujetos incapaces de gobernarse por s\u00ed mismos. La idea de progreso convirti\u00f3 as\u00ed la conquista, el despojo y la intervenci\u00f3n en pasos necesarios para conducir a los pueblos hacia la civilizaci\u00f3n, el desarrollo y la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, el tercer art\u00edculo presentar\u00eda como universal una forma particular de comprender el mundo nacida de la experiencia hist\u00f3rica europea. Sus categor\u00edas \u2014naturaleza, progreso, propiedad, desarrollo y ciencia\u2014 dejar\u00edan de aparecer como construcciones particulares y pasar\u00edan a funcionar como la medida com\u00fan para juzgar a todos los pueblos. Desde ese universalismo estrecho se decidir\u00eda qu\u00e9 conocimientos son verdaderos, qu\u00e9 econom\u00edas son productivas y qu\u00e9 formas de vida representan el progreso. Todo aquello que no encajara en ese modelo ser\u00eda considerado atrasado, irracional, improductivo, y por lo tanto susceptible de ser corregido, incorporado o eliminado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas ideas pronto se convirtieron en la justificaci\u00f3n del capitalismo. Para transformar la naturaleza en recurso fue necesario despojar a los pueblos de sus memorias y de sus relaciones con el territorio. Para convertir la tierra en propiedad fue necesario declarar que quienes la habitaban no la aprovechaban correctamente, que eran improductivos o representaban obst\u00e1culos para el progreso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la crisis ecol\u00f3gica no puede atribuirse a una humanidad abstracta que habr\u00eda excedido por igual los l\u00edmites del planeta. Sus ra\u00edces se encuentran en ciclos hist\u00f3ricos de colonialismo, esclavitud, patriarcado y expansi\u00f3n del capital. El sujeto de la devastaci\u00f3n no es la especie humana en general, sino un orden social que convierte territorios y cuerpos en zonas de sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me gustar\u00eda explicar por qu\u00e9 la colonizaci\u00f3n, el capitalismo y la crisis clim\u00e1tica est\u00e1n mucho m\u00e1s interconectados de lo que parecen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los acontecimientos decisivos de la historia clim\u00e1tica coincide con la invasi\u00f3n colonial de hace 500 a\u00f1os. El llamado \u201c<strong>pico de Orbis\u201d <\/strong>se refiere a la ca\u00edda de la concentraci\u00f3n de CO\u2082 atmosf\u00e9rico alrededor del a\u00f1o 1610, asociada a la reforestaci\u00f3n que sigui\u00f3 al genocidio y al despoblamiento ind\u00edgena posterior a la conquista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La muerte de millones de personas dej\u00f3 abandonadas extensas superficies agr\u00edcolas y permiti\u00f3 la expansi\u00f3n de los bosques, que absorbieron grandes cantidades de carbono. Este proceso contribuy\u00f3 a algunas de las d\u00e9cadas m\u00e1s fr\u00edas de lo que posteriormente se conocer\u00eda como la Peque\u00f1a Edad de Hielo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La importancia del pico de Orbis no reside \u00fanicamente en mostrar que una cat\u00e1strofe colonial dej\u00f3 una huella en la atm\u00f3sfera. Desde 1492, los imperios, la miner\u00eda, las plantaciones, la esclavitud, la apropiaci\u00f3n de tierras ind\u00edgenas y el trabajo reproductivo no remunerado crearon las condiciones materiales para la acumulaci\u00f3n y, m\u00e1s tarde, para la industrializaci\u00f3n del norte global.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera gran marca planetaria de la modernidad capitalista no fue producida por la industria, sino por la muerte de millones de personas y la transformaci\u00f3n colonial de sus territorios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pico de Orbis muestra, pues, que podemos hablar de tres formas de colonialismo clim\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primero naci\u00f3 con la conquista, cuando la destrucci\u00f3n de pueblos y territorios estableci\u00f3 las bases para la acumulaci\u00f3n capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo fue la colonizaci\u00f3n industrial de la atm\u00f3sfera. Es decir, cuando las potencias del norte ocuparon de manera desproporcionada el espacio disponible para emitir gases de efecto invernadero y trasladaron al resto del mundo los costos del calentamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tercero se despliega hoy en lo que podemos denominar como un nuevo negacionismo. A diferencia de las t\u00e1cticas de las grandes compa\u00f1\u00edas petroleras para negar el cambio clim\u00e1tico, la situaci\u00f3n actual encuentra en la crisis una nueva frontera de acumulaci\u00f3n y una justificaci\u00f3n para intervenir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tercer colonialismo clim\u00e1tico es la forma contempor\u00e1nea de la guerra contra la naturaleza. No niega la crisis, sino que la utiliza para justificar nuevas formas de despojo y acumulaci\u00f3n, sin transformar las relaciones que la producen. As\u00ed surgen los mercados y compensaciones de carbono, la \u201cminer\u00eda responsable\u201d, el petr\u00f3leo \u201cdescarbonizado\u201d y las tecnolog\u00edas que prometen reparar los da\u00f1os mientras la expansi\u00f3n extractiva contin\u00faa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para administrar esta nueva frontera, la vida se traduce en m\u00e9tricas. El bosque se vuelve una reserva de carbono; el suelo, un sumidero; el r\u00edo, un portador de servicios; y la comunidad, una gestora de proyectos. La naturaleza no deja de ser mercanc\u00eda; ahora se controla y se valoriza en nombre del clima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este giro se ha vuelto todav\u00eda m\u00e1s siniestro. La crisis clim\u00e1tica ya no solo es una oportunidad de negocio; se convierte tambi\u00e9n en un problema de seguridad y, por tanto, en justificaci\u00f3n para la guerra. Al presentar las sequ\u00edas, las migraciones y los conflictos como consecuencias autom\u00e1ticas de la crisis clim\u00e1tica, se ocultan las historias de colonialismo y desigualdad que las produjeron. Territorios enteros son descritos como fr\u00e1giles o incapaces de gobernarse y quedan abiertos a operaciones de vigilancia y control.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al mismo tiempo, minerales cr\u00edticos, agua y corredores energ\u00e9ticos adquieren un valor estrat\u00e9gico. Asegurar la transici\u00f3n significa controlar dep\u00f3sitos, rutas y cadenas de suministro, incluso mediante la fuerza. La crisis clim\u00e1tica crea as\u00ed un estado de excepci\u00f3n permanente, en el que se aceleran proyectos, se desplazan comunidades y se reprimen resistencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cobre, el litio, el n\u00edquel, el cobalto y las tierras raras se han convertido en los nuevos combustibles del capitalismo contempor\u00e1neo. Sostienen las infraestructuras de la transici\u00f3n energ\u00e9tica, pero tambi\u00e9n las de la expansi\u00f3n militar. Las bater\u00edas, los veh\u00edculos el\u00e9ctricos, los centros de datos, los sistemas de vigilancia y el armamento utilizan los mismos minerales. Recordemos que en el capital no existe energ\u00eda renovable, sino tecnolog\u00edas sostenidas por redes f\u00f3siles, mineras y log\u00edsticas. La supuesta transici\u00f3n energ\u00e9tica no sustituye las fuentes: las superpone y aumenta la demanda de energ\u00eda y materiales, disputados tambi\u00e9n por la carrera armamentista, que no solo requiere de los mismos minerales, como dec\u00eda, sino que suele justificar su extracci\u00f3n y explotaci\u00f3n como cuestiones de seguridad verde o en nombre de la protecci\u00f3n del clima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed opera la guerra contra la naturaleza. La destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica produce escasez; esa escasez se convierte en amenaza de seguridad y la seguridad justifica nuevas formas de ocupaci\u00f3n, extracci\u00f3n y control. La misma l\u00f3gica colonial que antes promet\u00eda civilizar o desarrollar, ahora promete descarbonizar. Los territorios deben ser intervenidos por su propio bien y por el bien abstracto del planeta, y quienes se resisten son presentados como obst\u00e1culos de la transici\u00f3n energ\u00e9tica o de la adaptaci\u00f3n clim\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El resultado es una nueva geograf\u00eda de sacrificio, justificada en nombre de lo verde. Territorios antes declarados improductivos son redescubiertos como dep\u00f3sitos de minerales, corredores log\u00edsticos, parques e\u00f3licos y solares o espacios para compensar emisiones. El despojo ya no ocurre a pesar de la pol\u00edtica clim\u00e1tica, sino en su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En M\u00e9xico, esto aparece cuando megaproyectos como el mal llamado Tren Maya se presentan como un modelo de desarrollo sustentable; cuando una de las regiones m\u00e1s contaminadas del pa\u00eds, en Hidalgo, es rebautizada como un polo de desarrollo para la econom\u00eda circular para el bienestar; o cuando una presidenta reivindicada como cient\u00edfica clim\u00e1tica reabre la discusi\u00f3n sobre el fracking en nombre de la seguridad energ\u00e9tica. No se cuestiona el modelo industrial que produce la crisis, sino que ampl\u00eda la frontera extractiva y sus da\u00f1os se presentan como sacrificios necesarios para proteger a la naci\u00f3n. El lenguaje cambia, pero la relaci\u00f3n permanece: unos territorios concentran la contaminaci\u00f3n y la violencia para que otros puedan declararse limpios o sustentables.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta guerra tampoco avanza de manera uniforme. El colapso, a diferencia de lo que propone Hollywood, no es un acontecimiento \u00fanico que llegar\u00e1 un d\u00eda para afectarnos a todos por igual. Ocurre como una acumulaci\u00f3n desigual de violencias. Para algunos significa una ola de calor; para otros, perder la cosecha, el agua o la posibilidad de permanecer en su territorio. Para quienes viven bajo bombardeos, desapariciones o contaminaci\u00f3n permanente, el fin del mundo no es una met\u00e1fora del futuro, sino una expresi\u00f3n cotidiana. Gaza, los territorios convertidos en fosas clandestinas en M\u00e9xico y la desaparici\u00f3n acelerada de especies forman parte de una civilizaci\u00f3n que necesita cantidades crecientes de energ\u00eda, materiales y cuerpos sacrificables.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y, si me permiten, el bestiario cultural de la sexta extinci\u00f3n creo que da un ejemplo muy claro de esto. Anualmente se cree que el ritmo natural de p\u00e9rdida de especies es de alrededor de nueve especies por siglo. Actualmente, el ritmo es de 615 especies de animales vertebrados por siglo. Esto no es solo una manifestaci\u00f3n del capitalismo industrial; muestra tambi\u00e9n una enorme crueldad y desprecio por la vida, as\u00ed como la pretensi\u00f3n de hacerla artificial, hoy capturada tambi\u00e9n por las extremas derechas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra contra la naturaleza implica, entonces, la reorganizaci\u00f3n autoritaria de la vida bajo condiciones de crisis. Ante los l\u00edmites biof\u00edsicos de la civilizaci\u00f3n industrial, el sistema capitalista pretende centralizar a\u00fan m\u00e1s el poder, ampliar la vigilancia y multiplicar las zonas de sacrificio. La tecnolog\u00eda, lejos de ser neutral, materializa redes de extracci\u00f3n, dependencia y control. Los autoritarismos justificados por la crisis clim\u00e1tica convierten la urgencia ecol\u00f3gica en raz\u00f3n para suspender derechos y cerrar fronteras: lo que hoy podr\u00edamos denominar ecofascismos, la administraci\u00f3n de la crisis mediante la expulsi\u00f3n, decidiendo qu\u00e9 poblaciones ser\u00e1n protegidas y cu\u00e1les pueden ser abandonadas o exterminadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema no est\u00e1 solo en la derecha, sino en sectores de la propia izquierda, que hoy celebran, por ejemplo, a China como una opci\u00f3n menos peor frente al imperialismo estadounidense. Al mismo tiempo, las \u00e9lites transforman el colapso en negocio y preparan formas selectivas de supervivencia, desde b\u00fankeres privados hasta la colonizaci\u00f3n del espacio. La guerra contra la naturaleza nos conduce as\u00ed hacia la administraci\u00f3n militarizada de un mundo devastado. No busca impedir la cat\u00e1strofe, sino gobernarla y encontrar nuevas formas de explotaci\u00f3n desde las ruinas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Parte 3. La maldici\u00f3n del ambientalismo<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 7 de diciembre de 1972, durante la misi\u00f3n del Apolo 17, uno de sus tripulantes fotografi\u00f3 la Tierra desde casi 30 mil kil\u00f3metros de distancia. <em>La canica azul<\/em>, como se titula la fotograf\u00eda, se convirti\u00f3 en un emblema del ambientalismo. Aquel aparentemente peque\u00f1o cuerpo suspendido en la oscuridad parec\u00eda revelar la fragilidad de nuestra casa com\u00fan y la responsabilidad de protegerla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la imagen contiene una ambig\u00fcedad. Para contemplar la Tierra como una totalidad habr\u00eda sido necesario salir de ella. El planeta pod\u00eda observarse desde fuera como un objeto delimitado, susceptible de ser conocido, calculado y administrado. La fotograf\u00eda produjo asombro, pero tambi\u00e9n un extra\u00f1amiento. La Tierra dej\u00f3 de aparecer como una trama concreta de relaciones que nos sostiene y comenz\u00f3 a presentarse como \u201cel planeta\u201d: una entidad abstracta cuya supervivencia depend\u00eda de la intervenci\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta fotograf\u00eda encapsula lo que estoy llamando <em>la maldici\u00f3n del ambientalismo<\/em>: el deseo de cuidar la Tierra y preservar la vida, que pronto se convirti\u00f3 en una obligaci\u00f3n. Una relaci\u00f3n nacida del amor y el asombro se institucionaliz\u00f3 hasta transformarse en un deber universal. El cuidado dej\u00f3 entonces de surgir de los v\u00ednculos entre las comunidades y los territorios que habitan y comenz\u00f3 a ser organizado por leyes, instituciones y expertos. As\u00ed, la interdependencia con los r\u00edos y los bosques se convirti\u00f3 en una misi\u00f3n abstracta: conservar la biodiversidad, estabilizar el clima o salvar el planeta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aun cuando el cuidado de la Tierra puede tener las mejores intenciones, la maldici\u00f3n nace cuando este cuidado se transforma en una obligaci\u00f3n abstracta y administrada. Una vez que salvar el planeta se impone como un imperativo incuestionable, alguien debe definir cu\u00e1les son sus necesidades, medir sus l\u00edmites y decidir qui\u00e9n est\u00e1 autorizado para hablar y actuar en su nombre. La responsabilidad hacia lo vivo se convierte entonces en raz\u00f3n de Estado, programa t\u00e9cnico y dispositivo de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conservaci\u00f3n de la naturaleza en el ambientalismo neoliberal muestra esto con mucha claridad. Sus pr\u00e1cticas suelen nacer de una relaci\u00f3n afectiva con los bosques, los animales y los paisajes, pero, al institucionalizarse, esa relaci\u00f3n se convierte en metas, porcentajes, indicadores y mecanismos financieros. Los territorios comienzan a valorarse por los servicios que prestan: capturar carbono, almacenar agua o compensar destrucciones ocurridas en otros lugares. El cuidado se transforma en una gesti\u00f3n que necesita expertos para medir y verificar. La vida se convierte en capital natural y la protecci\u00f3n justifica incluso cercar territorios, expulsar a sus habitantes y mercantilizar la naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo parad\u00f3jico es que, cuanto m\u00e1s fracasan estas pol\u00edticas, m\u00e1s se ampl\u00edan las mismas medidas sin cuestionar la econom\u00eda que produce esa devastaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta transformaci\u00f3n forma parte de un cambio m\u00e1s amplio en el ejercicio del poder. La modernidad capitalista transform\u00f3 la forma de gobernar. Es decir, dej\u00f3 de significar la imposici\u00f3n del poder sobre un territorio para pasar a administrar la vida: registrar nacimientos, combatir enfermedades, organizar ciudades, clasificar poblaciones y medir los riesgos. El poder comenz\u00f3 a operar mediante escuelas, hospitales, estad\u00edsticas y saberes expertos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mirada planetaria ampli\u00f3 esta l\u00f3gica. Ya no se trataba solamente de gobernar cuerpos y poblaciones, sino tambi\u00e9n las especies, los ecosistemas, los oc\u00e9anos, la atm\u00f3sfera, los flujos de energ\u00eda y los ciclos del clima. La Tierra apareci\u00f3 como un sistema cibern\u00e9tico compuesto por variables y sistemas interconectados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A esta expansi\u00f3n podemos llamarla <strong><em>geopoder<\/em><\/strong>, es decir, el gobierno de la Tierra convertida en un sistema interconectado. Su lenguaje es el de la medici\u00f3n, la predicci\u00f3n y la gesti\u00f3n del riesgo. El planeta aparece como una totalidad observable mediante sat\u00e9lites, modelos e indicadores. La crisis deja de entenderse como un resultado hist\u00f3rico del capitalismo y se presenta como un problema t\u00e9cnico que exige m\u00e1s datos, coordinaci\u00f3n e intervenciones. La inestabilidad ecol\u00f3gica justifica as\u00ed una mayor planificaci\u00f3n, vigilancia y control.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La consecuencia es muy parad\u00f3jica. Si el capitalismo ha adquirido la capacidad de alterar el planeta, tambi\u00e9n se atribuye la responsabilidad de repararlo. La devastaci\u00f3n no conduce a limitar la acumulaci\u00f3n, sino a expandir la ingenier\u00eda del mundo, o la <em>geoingenier\u00eda<\/em>: mercados de carbono, manipulaci\u00f3n del clima y captura de emisiones, tecnolog\u00edas que, por cierto, ni siquiera existen del todo. Cada a\u00f1o existe una intervenci\u00f3n todav\u00eda mayor. La Tierra se convierte en una m\u00e1quina averiada que debe ser corregida por los mismos poderes que la descompusieron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el geopoder no solo transforma nuestra percepci\u00f3n de la Tierra; produce tambi\u00e9n una determinada percepci\u00f3n de nosotros mismos. De aqu\u00ed surge, como dice un compa\u00f1ero brasile\u00f1o, lo que podr\u00edamos llamar <strong><em>el sujeto clim\u00e1tico<\/em><\/strong>: un individuo que aprende a verse como fuente de sus propios impactos, que debe vigilar, medir y corregir. Calcula su huella de carbono, separa sus residuos, evita el popote, compensa sus vuelos, procura consumir responsablemente y decir que no a las bolsas. Mientras tanto, las infraestructuras energ\u00e9ticas, urbanas y comerciales que organizan su dependencia quedan fuera de la discusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una crisis producida hist\u00f3ricamente por la acumulaci\u00f3n capitalista se convierte as\u00ed en una culpa o una responsabilidad personal, en la gesti\u00f3n de la llamada <em>ecoansiedad<\/em> y en un ejercicio de disciplina individual. La gesti\u00f3n del planeta se prolonga como la gesti\u00f3n del individuo sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este sujeto solo puede comprenderse a trav\u00e9s del sistema. Para saber qu\u00e9 ocurre con la Tierra debe consultar \u00edndices, expertos y modelos o, en su defecto, preguntarle a la inteligencia artificial. Sus sentidos ya no parecen suficientes. El r\u00edo que cambi\u00f3 de color, la desaparici\u00f3n de los insectos o el calor que altera las cosechas deben traducirse en datos antes de adquirir una realidad p\u00fablica. El conocimiento situado se vuelve sospechoso, mientras la representaci\u00f3n experta aparece como la \u00fanica verdad leg\u00edtima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed como la medicina industrial termin\u00f3 ense\u00f1\u00e1ndonos qu\u00e9 es el cuerpo, c\u00f3mo debe sentirse y qui\u00e9n est\u00e1 autorizado para interpretarlo, el ambientalismo institucional comienza a decirnos qu\u00e9 es la Tierra, c\u00f3mo debemos percibir su deterioro y de qu\u00e9 manera podemos actuar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sujeto clim\u00e1tico aprende que su papel no es transformar colectivamente sus condiciones de existencia, sino adaptarse, hacerse resiliente y administrar correctamente su porci\u00f3n del da\u00f1o. Su capacidad aut\u00f3noma es reemplazada por una obediencia responsable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta forma de gobierno necesita mantener la cat\u00e1strofe siempre en el horizonte. Se nos dice que todav\u00eda estamos a tiempo, que queda una \u00faltima oportunidad y que, con las medidas adecuadas, podr\u00edamos evitar lo peor. El futuro se convierte en una serie de metas, curvas de emisiones y l\u00edmites de temperatura que deben ser administrados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero esta urgencia no cuestiona el sistema que produce la devastaci\u00f3n; sirve para prolongarlo. Mientras el desastre siga apareciendo como algo que ocurrir\u00e1 ma\u00f1ana, la respuesta puede reducirse a cambiar tecnolog\u00edas, ajustar los mercados y modificar conductas, sin tocar las relaciones de poder que las sostienen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, el ambientalismo del Norte global no desconoce la crisis. Sabe que el clima se desestabiliza y que las respuestas actuales son insuficientes, pero act\u00faa como si el sistema pudiera resolver el problema sin transformarse. En esto consiste lo que se llama <strong><em>la negaci\u00f3n fetichista<\/em><\/strong>. Es decir, no consiste en decir &#8220;la crisis no existe&#8221;, sino en reproducir la f\u00f3rmula: \u201c<em>s\u00e9 muy bien lo que ocurre, pero aun as\u00ed act\u00fao como si no lo supiera\u201d<\/em>. O, m\u00e1s precisamente: \u201c<em>s\u00e9 que estas medidas no bastan, pero act\u00fao como si, acumuladas y prolongadas en el tiempo, pudieran evitar la cat\u00e1strofe\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Propuestas como el llamado <strong><em>cero neto<\/em><\/strong>, compensar emisiones en lugar de eliminarlas, la transici\u00f3n energ\u00e9tica o la llamada neutralidad de carbono permiten convertir este fracaso en un avance siempre incompleto, pero supuestamente necesario. As\u00ed, cada nueva cumbre clim\u00e1tica, cada meta aplazada y cada tecnolog\u00eda todav\u00eda inexistente renuevan la promesa de que a\u00fan estamos a tiempo, mientras las relaciones que producen la devastaci\u00f3n permanecen intactas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este horizonte cada vez m\u00e1s estrecho, acciones como lanzar sopa contra los cuadros o pegarse la mano al pavimento expresan una angustia muy leg\u00edtima para muchas y muchos j\u00f3venes, por ejemplo, en Europa. Pero tambi\u00e9n muestran la erosi\u00f3n de la capacidad de imaginar formas colectivas de transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el gesto espectacular sustituye a la organizaci\u00f3n, la construcci\u00f3n de autonom\u00edas y la identificaci\u00f3n de quienes sostienen materialmente la devastaci\u00f3n, la protesta termina apelando a las mismas instituciones que administran la crisis. &#8220;Escuchen a la ciencia&#8221;, &#8220;declaren la emergencia&#8221;, &#8220;hagan algo&#8221;, nos dicen. Se denuncia la inacci\u00f3n de los gobiernos y las corporaciones, pero al mismo tiempo se confirma que son ellos los \u00fanicos que pueden hacer algo para solucionar el problema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La maldici\u00f3n de este ambientalismo consiste, por tanto, en convertir el cuidado de la Tierra en una justificaci\u00f3n para el geopoder; la responsabilidad, en obediencia; y la acci\u00f3n pol\u00edtica, en adaptaci\u00f3n. Produce sujetos culpables y dependientes de expertos y de soluciones institucionales, mientras debilita las capacidades nacidas de la vida com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuidado no desaparece, pero deja de estar en manos de quienes habitan y sostienen los territorios. Conserva su nombre, aunque pierde su autonom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de todo esto, la Tierra no es una m\u00e1quina que pueda ser completamente administrada. Algo en lo vivo precede nuestros modelos, excede nuestros controles y resiste su reducci\u00f3n a recursos, emisiones y servicios ambientales. Reconocerlo exige devolver el cuidado a los territorios y reaprender a confiar en nuestros sentidos y capacidades colectivas para poner l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se trata, pues, de asumir la desmesurada e inaprensible tarea de salvar el planeta, sino de aprender a defender y construir, desde lo com\u00fan, lo cotidiano, la rebeld\u00eda y la amistad, los mundos vivos de los que formamos parte.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Parte 4. La rebeli\u00f3n de lo vivo<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quisiera terminar regresando a una provocaci\u00f3n del Subcomandante Mois\u00e9s durante el semillero de diciembre. Cuando hablamos de la tormenta, dec\u00eda el SubMoy, en realidad hablamos de dos tormentas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una es la que ha desatado el capitalismo: la guerra contra los pueblos, los territorios y las condiciones que hacen posible la vida. Es una guerra convertida en forma permanente de gobierno. Administra la crisis, militariza la naturaleza y vuelve al colapso una oportunidad de acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero existe otra tormenta: la reacci\u00f3n de la Tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta imagen nos obliga a preguntar qu\u00e9 significa que la Tierra reaccione y qu\u00e9 relaci\u00f3n guarda esa reacci\u00f3n con nuestras propias rebeld\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante la pandemia escuchamos que la Tierra continuar\u00e1 despu\u00e9s de nuestra especie humana. Pero esa certeza puede convertirse, a veces, en resignaci\u00f3n. No es casual que los hombres m\u00e1s ricos del planeta inviertan en b\u00fankeres o pretendan colonizar Marte y salir de aqu\u00ed corriendo. Ya no pretenden salvar el mundo, sino escapar de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parte de las \u00e9lites saben que el sistema ya no puede garantizar bienestar ni un futuro compartido. La pandemia anticip\u00f3 esa \u201cnueva normalidad\u201d, como la llam\u00f3 el gobierno mexicano, de emergencia permanente, vigilancia y vulnerabilidad desigual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estamos entre ambas tormentas porque padecemos las consecuencias de la primera, pero tambi\u00e9n formamos parte de la segunda. O, dicho de otra forma, el reto que tenemos \u2014que algunas y algunos ya comprendieron mejor que otras y otros\u2014 es entender que somos naturaleza defendi\u00e9ndose a s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entendernos como naturaleza significa reconocer que no existimos fuera de las relaciones de interdependencia con el agua, el suelo y el aire; que informan los cuidados, las memorias y los saberes que sostienen la vida. O, dicho de forma m\u00e1s simple, somos nudos de redes de relaciones humanas y m\u00e1s que humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda tormenta es una que tenemos que organizar nosotras y nosotros desde los muchos abajos. No se trata, pues, de esperar que llegue el siguiente virus o pandemia para quitarnos ese bicho \u2014o sea, los humanos\u2014 de encima, sino de recuperar los v\u00ednculos y defender el territorio a trav\u00e9s de las relaciones materiales, simb\u00f3licas y afectivas que lo constituyen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es nuestra pedagog\u00eda terrestre, o de lo vivo. Es una ecosof\u00eda, un amor por la casa y por la pertenencia, que nos permite reaprender los v\u00ednculos, reencantar el mundo y reconocernos como naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto es ya muy claro para muchas luchas. Al defender un r\u00edo, una monta\u00f1a o un barrio, tambi\u00e9n se defienden formas de vivir y de organizarse. El territorio no es solo una superficie ni un dep\u00f3sito de recursos, sino una trama de interdependencias que transformamos y que tambi\u00e9n nos transforma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto vale igualmente para las ciudades. Reconstruir territorio significa reconstruir el com\u00fan, recuperar v\u00ednculos vecinales, redes de cuidado y capacidades colectivas sobre la comida, el agua y la energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata, pues, de reconocer a los seres tierra \u2014las monta\u00f1as, los r\u00edos, las piedras, los glaciares\u2014 como participantes activos de las luchas. Sostienen formas de vida, guardan memorias, nos ayudan a imponer l\u00edmites y hacen posible la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La rebeli\u00f3n de lo vivo es, as\u00ed, la insurrecci\u00f3n de nuestras condiciones terrestres contra un mundo que separa lo humano de aquello que lo sostiene.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La modernidad capitalista intent\u00f3 convertir a los pueblos del mundo en sujetos sin historia, deslegitimando sus saberes, memorias y formas de habitar. Leer la historia desde las huellas de lo perdido permite quebrar el relato triunfal de la separaci\u00f3n, el progreso y el universalismo, revisar la constituci\u00f3n moderna y revelar sus costos: territorios devastados, saberes borrados y capacidades colectivas expropiadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Implica reconocer que estas p\u00e9rdidas nunca fueron totales. Persisten en pr\u00e1cticas, resistencias y memorias que el capitalismo declar\u00f3 atrasadas o destinadas a desaparecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La rebeli\u00f3n de lo vivo no significa, pues, un regreso idealizado al pasado, sino recuperar aquello que permiti\u00f3 sostener la vida frente al despojo y construir o defender el com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Decir que somos naturaleza defendi\u00e9ndose a s\u00ed misma no significa hablar en nombre de una naturaleza abstracta ni limitar su defensa a otorgarle nuevos derechos o a multiplicar obligaciones constitucionales, plurinacionales o administrativas para su cuidado. La pedagog\u00eda terrestre exige algo m\u00e1s encarnado. Es reaprender, mediante la acci\u00f3n directa y la vida en com\u00fan, que existimos dentro de relaciones de interdependencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fil\u00f3sofa e historiadora Silvia Federici hablaba, en este sentido, de reencantar el mundo: recuperar los saberes, capacidades y v\u00ednculos con la tierra y la comunidad que el capitalismo y la tecnolog\u00eda industrial han destruido o expropiado. Implica romper el hechizo de la tecnolog\u00eda que nos hace creer que solo las m\u00e1quinas, los expertos y los Estados pueden conocer, decidir y resolver. Reencantar la naturaleza significa volver a confiar en las capacidades nacidas del v\u00ednculo con los seres y reconstruir la autonom\u00eda; volver a hacer las cosas en com\u00fan con nuestras manos y confiar en nuestros propios sentidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, considero que la rebeli\u00f3n de lo vivo no puede limitarse a construir alternativas en los m\u00e1rgenes mientras las infraestructuras del capital contin\u00faan expandi\u00e9ndose. Recuperar la capacidad de hacer exige tambi\u00e9n obstaculizar los flujos que convierten territorios y seres vivos en recursos para la acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El com\u00fan no es solo una forma de administrar colectivamente ciertos bienes. Es una barrera frente al capitalismo porque destruye la dependencia impuesta y la sustituye por una interdependencia organizada desde abajo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Decir que somos naturaleza defendi\u00e9ndose a s\u00ed misma significa, entonces, unir la creaci\u00f3n y la resistencia: reconstruir las relaciones que hacen posible la vida y detener las fuerzas que las destruyen. La rebeli\u00f3n comienza cuando estos brotes dispersos dejan de verse como alternativas marginales y se conectan como ecosistemas de revueltas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvemos, entonces, al punto de partida: la Cuarta Guerra Mundial. Estamos ante una profundizaci\u00f3n de las formas de guerra, pero las resistencias siguen aqu\u00ed. Las luchas y rebeld\u00edas de los \u00faltimos 32 a\u00f1os nos han mostrado que el cambio no vendr\u00e1 de arriba y que ning\u00fan Estado, corporaci\u00f3n o innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica resolver\u00e1 lo que las instituciones producen, aunque \u00e9ste siga siendo el sue\u00f1o de muchos de la llamada izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que queda es recuperar la memoria y dejar de perseguir utop\u00edas, es decir, esos lugares que no existen, para defender y construir <em>eutop\u00edas<\/em>, los buenos lugares que ya est\u00e1n aqu\u00ed: territorios donde es posible recuperar la autonom\u00eda, acordar l\u00edmites conviviales y restaurar nuestras capacidades frente a un sistema que solo valora el tener, para volver a aprender a ser.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este es, creo, uno, si no el gran reto de nuestro tiempo: no limitarnos a exigir m\u00e1s derechos para las personas o para la naturaleza; no esperar una tecnolog\u00eda milagrosa ni confiar en la transformaci\u00f3n de las vanguardias o de las izquierdas que aspiran a ocupar el poder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata, m\u00e1s bien, de recuperar las condiciones materiales, pol\u00edticas y comunitarias para ejercer esa autonom\u00eda, sostener la vida y volver a ser por nosotras y nosotros mismos. Solo as\u00ed podremos esquivar la guerra, en el sentido en que lo usa Ra\u00fal Zibechi: hacer fallar al agresor sin adoptar su l\u00f3gica; defenderse sin reproducir la jerarqu\u00eda, la disciplina y el mando del enemigo, para seguir construyendo autonom\u00eda desde esas diferencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La propuesta de que somos naturaleza defendi\u00e9ndose a s\u00ed misma adquiere una forma pol\u00edtica concreta. Rompe con las separaciones impuestas por la constituci\u00f3n moderna y nos permite reconocernos no como espectadores de la devastaci\u00f3n, sino como parte de las tramas de vida que la guerra busca destruir y que, sin embargo, contin\u00faan resistiendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este es, a mi modo de ver, el sentido de la segunda tormenta de la que hablaba el Subcomandante Mois\u00e9s: el proceso mediante el cual los pueblos, los territorios y las relaciones que sostienen la vida responden a la profundizaci\u00f3n de la Cuarta Guerra Mundial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda tormenta no es la cat\u00e1strofe que se cierne sobre nosotros, sino la fuerza que se levanta desde abajo para impedirla: la rebeli\u00f3n de lo vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchas gracias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos TornelSemillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)23 de julio de 2026 (Descarga el audio aqu\u00ed) Muchas gracias, compas, una vez m\u00e1s por esta invitaci\u00f3n. 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