{"id":53574,"date":"2026-02-16T19:18:17","date_gmt":"2026-02-17T01:18:17","guid":{"rendered":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=53574"},"modified":"2026-02-16T19:18:18","modified_gmt":"2026-02-17T01:18:18","slug":"la-vida-narrada-como-competencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=53574","title":{"rendered":"La vida narrada como competencia"},"content":{"rendered":"\n<p>Por <a href=\"https:\/\/avispa.org\/es\/author\/nysai\/\">Nysa\u00ed Moreno<\/a> | <a href=\"https:\/\/avispa.org\/la-vida-narrada-como-competencia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener nofollow\">Avispa Midia<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><em><sup>En portada: El bi\u00f3logo brit\u00e1nico Julian Huxley dirigi\u00e9ndose a la Sociedad Zool\u00f3gica en 1942. Presidente y vicepresidente de la Sociedad Brit\u00e1nica de Eugenesia, corriente de pensamiento que retoma el darwinismo para justificar la reproducci\u00f3n de personas consideradas aptas, al mismo tiempo que dificulta la procreaci\u00f3n de quienes consideran inferiores. Fotograf\u00eda: Felix Man.<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><sup>La vida no conquist\u00f3 el planeta mediante combates,\u00a0<\/sup><\/em><br><em><sup>sino gracias a la cooperaci\u00f3n.\u00a0<\/sup><\/em><br><em><sup>Las formas de vida se asociaron unas con otras\u00a0<\/sup><\/em><br><em><sup>para lograr un mayor nivel de complejidad y creatividad.<\/sup><\/em><br><sup>\u2014 Lynn Margulis<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La biolog\u00eda moderna no surgi\u00f3 en el vac\u00edo. Se constituy\u00f3 como ciencia en un momento hist\u00f3rico preciso: el siglo XIX industrial, atravesado por la expansi\u00f3n colonial, la consolidaci\u00f3n del capitalismo y la fe en el progreso como horizonte inevitable. En ese contexto, las teor\u00edas cient\u00edficas no s\u00f3lo describ\u00edan el mundo natural; tambi\u00e9n dialogaban &#8211;a veces de manera expl\u00edcita, a veces de forma silenciosa\u2014 con los imaginarios sociales de su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>La publicaci\u00f3n de&nbsp;<strong><em>El origen de las especies<\/em><\/strong>&nbsp;en 1859 de&nbsp;<strong>Charles Darwin<\/strong>&nbsp;marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n. La teor\u00eda de la selecci\u00f3n natural ofrec\u00eda una explicaci\u00f3n poderosa sobre la transformaci\u00f3n de las especies a lo largo del tiempo, basada en la variaci\u00f3n, la herencia y la adaptaci\u00f3n a condiciones cambiantes. Sin embargo, muy pronto, esta propuesta fue le\u00edda a trav\u00e9s de un lente particular: el de una \u00e9poca que conceb\u00eda la historia como una carrera, el desarrollo como acumulaci\u00f3n y la supervivencia como victoria.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue Darwin quien afirm\u00f3 que la vida avanzaba por conquista ni quien propuso una jerarqu\u00eda de valor moral entre los seres vivos. Fue, m\u00e1s bien,&nbsp;<em>la recepci\u00f3n de su teor\u00eda<\/em>&nbsp;la que la inscribi\u00f3 dentro de una narrativa m\u00e1s amplia, acorde con el imaginario industrial: una naturaleza entendida como escenario de competencia permanente, donde s\u00f3lo los m\u00e1s aptos logran imponerse. La selecci\u00f3n natural fue traducida as\u00ed en una \u00e9pica de vencedores y vencidos, y la complejidad de los v\u00ednculos biol\u00f3gicos qued\u00f3 subordinada a la l\u00f3gica de la lucha por la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que&nbsp;<em>El origen de las especies<\/em>&nbsp;constituy\u00f3 una obra fundamental, capaz de presentar a la comunidad cient\u00edfica y al p\u00fablico general pruebas abrumadoras a favor de la selecci\u00f3n natural, Darwin no ofreci\u00f3 en ning\u00fan momento una explicaci\u00f3n del surgimiento de nuevas especies en t\u00e9rminos de generaci\u00f3n de novedad hereditaria. De hecho, el propio Darwin evit\u00f3 el uso del t\u00e9rmino \u201cevoluci\u00f3n\u201d, y prefiri\u00f3 hablar de \u00abdescendencia con modificaciones\u00bb, dejando abierto el problema de c\u00f3mo emergen formas de vida cualitativamente nuevas. El mismo Darwin escribi\u00f3: \u201cCualquiera a quien su disposici\u00f3n le conduzca a atribuir m\u00e1s peso a las dificultades no explicadas que a determinado n\u00famero de hechos, rechazar\u00e1 sin duda mi teor\u00eda\u201d (<em>El origen de las especies<\/em>, 1859).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fue s\u00f3lo d\u00e9cadas despu\u00e9s, entre 1930 y 1960, cuando el neodarwinismo \u2014conocido como la \u201cs\u00edntesis moderna\u201d\u2014 atribuy\u00f3 el cambio evolutivo principalmente a la mutaci\u00f3n aleatoria, fijando retrospectivamente una lectura que Darwin nunca formul\u00f3 de ese modo. Con el tiempo, esta lectura competitiva dej\u00f3 de ser una interpretaci\u00f3n, entre otras posibles y comenz\u00f3 a funcionar como relato dominante. La vida fue narrada como un proceso lineal orientado al progreso, y el conflicto se elev\u00f3 a principio explicativo casi exclusivo. En ese desplazamiento, el marco darwiniano previo a su codificaci\u00f3n neodarwinista, pas\u00f3 de describir din\u00e1micas biol\u00f3gicas a ofrecer una gram\u00e1tica para pensar el orden social, econ\u00f3mico y pol\u00edtico del mundo moderno.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a class=\"td-modal-image\" href=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/teoria-de-la-evolucion.png\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/teoria-de-la-evolucion.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-121960\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em><sup>Teor\u00eda de la evoluci\u00f3n.<\/sup><\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La pregunta, entonces, no es si existe conflicto en la naturaleza \u2014lo cual ser\u00eda una obviedad\u2014, sino por qu\u00e9 el conflicto fue convertido en el eje central del relato evolutivo. Qu\u00e9 condiciones hist\u00f3ricas hicieron posible que la competencia se volviera el lenguaje privilegiado para explicar la vida. Y qu\u00e9 otras formas de relaci\u00f3n quedaron relegadas, invisibilizadas o consideradas marginales por no encajar con la imagen de un mundo en permanente carrera hacia adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trat\u00f3 de un error epistemol\u00f3gico profundo: la confusi\u00f3n entre una met\u00e1fora hist\u00f3ricamente situada y un mecanismo biol\u00f3gico fundamental, cuya consolidaci\u00f3n respondi\u00f3 a un gesto hist\u00f3rico-hermen\u00e9utico que cristaliz\u00f3 una lectura af\u00edn a las estructuras de poder de su tiempo. Una lectura que transform\u00f3 una teor\u00eda situada en un dogma explicativo y que redujo la diversidad de las relaciones biol\u00f3gicas a una sola narrativa leg\u00edtima. All\u00ed se abre el problema que este ensayo busca explorar: no el de la transformaci\u00f3n de lo viviente como fen\u00f3meno, sino el de la historia que se cont\u00f3 \u2014y se sigue contando\u2014 para explicarla.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-cuando-la-competencia-se-vuelve-dogma\"><strong>Cuando la competencia se vuelve dogma<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El desplazamiento decisivo no ocurri\u00f3 cuando la competencia fue reconocida como una de las m\u00faltiples din\u00e1micas presentes en la naturaleza, sino cuando comenz\u00f3 a operar como principio explicativo total. Lo que en la teor\u00eda darwiniana original aparec\u00eda como una condici\u00f3n entre otras (variaci\u00f3n, adaptaci\u00f3n, contingencia), fue elevado progresivamente a una clave universal capaz de dar sentido a toda forma de vida. En ese proceso, la competencia dej\u00f3 de ser una descripci\u00f3n parcial y se convirti\u00f3 en un dogma.<\/p>\n\n\n\n<p>Este dogma no se impuso \u00fanicamente por la fuerza de la evidencia emp\u00edrica, sino por su afinidad con una forma particular de concebir la historia.&nbsp;<strong><em>El origen de las especies<\/em><\/strong>&nbsp;fue publicado en 1859 en Londres, por la editorial&nbsp;<em>John Murray<\/em>, en el coraz\u00f3n del Imperio Brit\u00e1nico, y circul\u00f3 desde el inicio en los mismos espacios editoriales y cient\u00edficos que articulaban el imaginario liberal e industrial del siglo XIX. Fue en ese contexto \u2014y no en el texto de Darwin\u2014 donde la competencia comenz\u00f3 a adquirir un estatuto normativo. El t\u00e9rmino \u201csupervivencia del m\u00e1s apto\u201d, acu\u00f1ado por&nbsp;<strong>Herbert Spencer<\/strong>&nbsp;en 1864, traslad\u00f3 directamente al \u00e1mbito natural las categor\u00edas del liberalismo econ\u00f3mico. A trav\u00e9s de revistas anglosajonas como&nbsp;<em>Nature<\/em>&nbsp;y de la consolidaci\u00f3n posterior de la biolog\u00eda acad\u00e9mica en Gran Breta\u00f1a, Alemania y Estados Unidos, esta lectura competitiva dej\u00f3 de ser una interpretaci\u00f3n posible y se transform\u00f3 en dogma. La vida pas\u00f3 a narrarse como progreso, la selecci\u00f3n como ley universal, y la jerarqu\u00eda como resultado natural.<\/p>\n\n\n\n<p>En una sociedad organizada en torno al crecimiento ilimitado, la acumulaci\u00f3n y la jerarqu\u00eda, resultaba l\u00f3gico interpretar la naturaleza bajo el mismo esquema. La vida fue entonces pensada como una carrera sin descanso, una sucesi\u00f3n de pruebas en la que s\u00f3lo algunos lograban avanzar, mientras otros quedaban relegados o desaparec\u00edan. El progreso oper\u00f3 primero como una hip\u00f3tesis econ\u00f3mica \u2014ligada a la acumulaci\u00f3n, la expansi\u00f3n y el crecimiento\u2014 y fue luego traducido en una hip\u00f3tesis hist\u00f3rica que organiz\u00f3 retrospectivamente el devenir de las sociedades y de la vida, para convertirse en un horizonte naturalizado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando una narrativa cient\u00edfica alcanza ese estatus, deja de ser interrogada. Se transforma en sentido com\u00fan. La competencia, elevada a ley general, comenz\u00f3 a funcionar como una explicaci\u00f3n autosuficiente: todo pod\u00eda leerse a trav\u00e9s de ella, y aquello que no encajaba quedaba fuera del campo de lo pensable. Las relaciones de cooperaci\u00f3n, de coexistencia o de interdependencia no eran negadas expl\u00edcitamente, pero eran consideradas secundarias, epis\u00f3dicas o irrelevantes frente a la supuesta l\u00f3gica central de la lucha.<\/p>\n\n\n\n<p>Este gesto tuvo consecuencias m\u00e1s amplias que el \u00e1mbito de la biolog\u00eda. Al volverse un relato \u00fanico, la explicaci\u00f3n competitiva de la vida ofreci\u00f3 un lenguaje leg\u00edtimo para pensar la organizaci\u00f3n social. Las jerarqu\u00edas aparecieron como inevitables, la desigualdad como efecto natural y la eliminaci\u00f3n del \u201cmenos apto\u201d como parte de un orden necesario. La selecci\u00f3n natural fue incorporada a un marco interpretativo preexistente que transform\u00f3 una descripci\u00f3n biol\u00f3gica en justificaci\u00f3n hist\u00f3rica: la biolog\u00eda comenz\u00f3 a hablar con el mismo vocabulario que la econom\u00eda pol\u00edtica y la filosof\u00eda del progreso.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la pregunta por la vida se redujo a una sola narrativa autorizada. No porque fuera la \u00fanica posible, sino porque otras formas de describir las relaciones biol\u00f3gicas no encontraban un lugar desde el cual ser escuchadas. La complejidad de los v\u00ednculos, la persistencia de formas cooperativas y la coexistencia de estrategias diversas quedaron subordinadas a un marco explicativo que ya no admit\u00eda fisuras.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando una teor\u00eda deja de ser una herramienta para pensar y se convierte en una gram\u00e1tica obligatoria, la ciencia pierde parte de su capacidad cr\u00edtica. La competencia, transformada en dogma, no s\u00f3lo organiz\u00f3 la lectura de la naturaleza, sino que estableci\u00f3 los l\u00edmites de lo decible sobre la vida misma. Es frente a ese cierre \u2014y no frente a la teor\u00eda evolutiva como tal\u2014 donde emergen las intervenciones de Piotr Kropotkin y, m\u00e1s tarde, de Lynn Margulis.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-kropotkin-discutir-la-lectura-no-la-vida\"><strong>Kropotkin: discutir la lectura, no la vida<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Piotr Kropotkin interviene en este escenario no como un detractor del pensamiento darwiniano, sino como un lector cr\u00edtico de su recepci\u00f3n hist\u00f3rica. Su gesto no consiste en negar la existencia del conflicto en la naturaleza ni en oponer a la lucha una imagen idealizada de armon\u00eda universal. Lo que pone en cuesti\u00f3n es algo distinto: la reducci\u00f3n de la vida a una sola narrativa leg\u00edtima y la conversi\u00f3n de esa narrativa en dogma.<\/p>\n\n\n\n<p>Piotr Kropotkin&nbsp;escribe&nbsp;<em>Mutual Aid: A Factor of Evolution<\/em>&nbsp;(El Apoyo Mutuo) fuera del centro imperial anglosaj\u00f3n, tanto geogr\u00e1fica como intelectualmente. El texto surge como respuesta a una lectura espec\u00edfica del darwinismo que, hacia finales del siglo XIX, hab\u00eda sido ya filtrada por el imaginario industrial y liberal. Esta lectura, formulada y popularizada por autores como&nbsp;Herbert Spencer&nbsp;\u2014quien acu\u00f1\u00f3 la expresi\u00f3n \u201csupervivencia del m\u00e1s apto\u201d\u2014 y reforzada por&nbsp;Thomas H. Huxley&nbsp;en su \u00e9nfasis en la \u201clucha por la existencia\u201d, convirti\u00f3 la competencia en principio explicativo casi exclusivo. Kropotkin no discute a Darwin, sino la recepci\u00f3n spenceriana y huxleyana de su obra.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a class=\"td-modal-image\" href=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/women-industrial-revolution-3.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/women-industrial-revolution-3-1024x770.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-121961\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\"><sup>Revoluci\u00f3n industrial en Inglaterra.<\/sup><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><em>El apoyo mutuo<\/em>&nbsp;no se elabora desde los centros industriales del liberalismo europeo, sino desde una experiencia cient\u00edfica y vital situada en los m\u00e1rgenes. Kropotkin hab\u00eda recorrido extensas regiones de Siberia y Asia septentrional como ge\u00f3grafo de la Sociedad Geogr\u00e1fica Rusa, observando animales y comunidades humanas en condiciones clim\u00e1ticas extremas, donde la supervivencia se sosten\u00eda a trav\u00e9s de relaciones persistentes de interdependencia. Perseguido por el r\u00e9gimen zarista y posteriormente exiliado, public\u00f3 entre 1890 y 1896 una serie de ensayos en la revista&nbsp;<em>The Nineteenth Century<\/em>&nbsp;\u2014una revista londinense de debate intelectual y pol\u00edtico, distinta de los espacios cient\u00edficos especializados donde la lectura competitiva del darwinismo se estaba convirtiendo en ortodoxia\u2014, reunidos m\u00e1s tarde en libro. Frente a un darwinismo ya filtrado por el imaginario industrial anglosaj\u00f3n, su intervenci\u00f3n no niega la lucha por la existencia, pero cuestiona su elevaci\u00f3n a principio exclusivo y universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Kropotkin observa que la competencia, elevada a principio explicativo universal, no s\u00f3lo empobrece la comprensi\u00f3n de los procesos biol\u00f3gicos, sino que refleja de manera casi mim\u00e9tica el orden social de su tiempo. Frente a esa lectura, su trabajo no propone una ley alternativa de la naturaleza, sino una ampliaci\u00f3n del campo de lo visible.<\/p>\n\n\n\n<p>Lejos de destruir a Darwin, Kropotkin se apoya en la observaci\u00f3n emp\u00edrica para mostrar que la cooperaci\u00f3n no es una excepci\u00f3n anecd\u00f3tica, sino una dimensi\u00f3n persistente de la vida en m\u00faltiples contextos ecol\u00f3gicos. Las formas de ayuda mutua que documenta \u2014en animales y en comunidades humanas\u2014 no buscan reemplazar la competencia como principio absoluto, sino interrumpir su monopolio explicativo. La naturaleza, sugiere, no se deja reducir a una sola l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Es fundamental subrayar que&nbsp;<em>El apoyo mutuo<\/em>&nbsp;no postula una ontolog\u00eda eterna ni moraliza la naturaleza. Kropotkin no afirma que la solidaridad sea el destino de la vida ni propone reemplazar la selecci\u00f3n natural por un principio alternativo. Su intervenci\u00f3n es hist\u00f3rica y pol\u00e9mica: muestra que la competencia fue elevada a dogma porque encajaba con un orden social espec\u00edfico. La competencia no era falsa; era insuficiente y, sobre todo, hab\u00eda sido sobrerrepresentada.<\/p>\n\n\n\n<p>En palabras de Kropotkin: \u201cReconocer la despiadada lucha interior por la existencia dentro de cada especie y considerar tal guerra como condici\u00f3n de progreso significar\u00eda aceptar algo que no s\u00f3lo no ha sido demostrado, sino que de ning\u00fan modo es confirmado por la observaci\u00f3n directa.\u201d En este sentido, la ayuda mutua opera como un contra-relato cient\u00edfico frente a un cierre narrativo. Introduce a una incomodidad persistente: la evidencia de que la vida es m\u00e1s compleja, m\u00e1s ambigua y m\u00e1s relacional de lo que el relato dominante permit\u00eda pensar. Esa incomodidad no apunta a fundar una nueva certeza, sino a reabrir una pregunta que hab\u00eda sido clausurada.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a class=\"td-modal-image\" href=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/kropotkin-el-paoyo-mutuo.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/kropotkin-el-paoyo-mutuo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-121957\"\/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>La intervenci\u00f3n de Kropotkin no busca resolver el problema de la vida, sino desestabilizar la seguridad con la que se hab\u00eda comenzado a hablar de ella. Al discutir la recepci\u00f3n del darwinismo \u2014no el de los procesos biol\u00f3gicos en s\u00ed, sino el de la forma hist\u00f3rica en que fueron recortados, jerarquizados y narrados\u2014, desplaza el debate del terreno de las leyes universales al de las narrativas hist\u00f3ricas. Es en esa fisura, abierta a finales del siglo XIX, donde se inscribe su potencia cr\u00edtica y desde donde puede leerse hoy, no como formulador de una ley natural transhist\u00f3rica, sino como uno de los pensadores que, desde una intervenci\u00f3n situada, reconfigur\u00f3 de manera duradera la forma de pensar la relaci\u00f3n entre vida, cooperaci\u00f3n y organizaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-margulis-una-ruptura-desde-el-interior-de-la-biologia\"><strong>Margulis: una ruptura desde el interior de la biolog\u00eda<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Casi siete d\u00e9cadas despu\u00e9s, tres generaciones completas de pensamiento, en un campo cient\u00edfico profundamente transformado,&nbsp;<strong>Lynn Margulis&nbsp;<\/strong>introdujo una incomodidad de naturaleza distinta, aunque estructuralmente af\u00edn. Su intervenci\u00f3n no se produjo desde la cr\u00edtica social ni desde la filosof\u00eda pol\u00edtica, sino desde el interior mismo de la biolog\u00eda evolutiva. Margulis no escribi\u00f3 contra el capitalismo ni contra el Estado; escribi\u00f3 contra una reducci\u00f3n hist\u00f3rica del fen\u00f3meno vida que se hab\u00eda consolidado como explicaci\u00f3n casi incuestionable.<\/p>\n\n\n\n<p>Lynn Margulis interviene desde una posici\u00f3n distinta, pero estructuralmente comparable. Escribe desde el interior del sistema universitario estadounidense, como profesora en la Universidad de Massachusetts Amherst, y desde el coraz\u00f3n institucional de la biolog\u00eda del siglo XX. Sin embargo, su trabajo no se inserta en el eje disciplinar que hab\u00eda consolidado la s\u00edntesis neodarwinista.&nbsp;<strong>La teor\u00eda de la simbiog\u00e9nesis<\/strong>&nbsp;\u2014formulada a partir de la biolog\u00eda celular, la microbiolog\u00eda y la citolog\u00eda\u2014 cuestionaba el n\u00facleo explicativo de la evoluci\u00f3n tal como hab\u00eda sido fijado por la gen\u00e9tica de poblaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta incomodidad se reflej\u00f3 tambi\u00e9n en los circuitos editoriales. Durante d\u00e9cadas, los trabajos de Margulis encontraron resistencias sistem\u00e1ticas en las revistas cient\u00edficas que funcionaban como espacios de canonizaci\u00f3n del neodarwinismo, como&nbsp;<em>Nature o Science<\/em>. Sus art\u00edculos circularon, en cambio, en j<em>ournals&nbsp;<\/em>considerados laterales o especializados \u2014<em>Journal of Theoretical Biology, Biosystems, Symbiosis<\/em>\u2014, as\u00ed como en libros y compilaciones interdisciplinarias. Hubo una exclusi\u00f3n disciplinar expl\u00edcita en los circuitos de legitimaci\u00f3n cient\u00edfica, no por ausencia de evidencia, sino porque la simbiog\u00e9nesis desbordaba los modelos matem\u00e1ticos y las met\u00e1foras competitivas sobre las que se hab\u00eda edificado la ortodoxia. Desordenaba una narrativa demasiado establecida.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a class=\"td-modal-image\" href=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/lynn-margulis-2.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/avispa.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/lynn-margulis-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-121958\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\"><sup>Lynn Margulis.<\/sup><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Desde esa posici\u00f3n, Margulis no neg\u00f3 la selecci\u00f3n natural ni la existencia del conflicto, pero desplaz\u00f3 de manera decisiva el eje causal de la evoluci\u00f3n. El n\u00facleo de su propuesta \u2014la teor\u00eda de la simbiog\u00e9nesis\u2014 cuestion\u00f3 uno de los supuestos m\u00e1s arraigados del relato evolutivo dominante: la idea de que la complejidad surge exclusivamente por acumulaci\u00f3n gradual de peque\u00f1as ventajas competitivas. Al mostrar que la c\u00e9lula eucariota \u2014la unidad celular compartimentada que hizo posible la vida compleja y multicelular\u2014 es el resultado de procesos de integraci\u00f3n simbi\u00f3tica entre organismos distintos, Margulis desplaz\u00f3 el foco explicativo, hasta entonces centrado en la competencia individual, hacia procesos de co-constituci\u00f3n, convivencia e interdependencia decisivos para la historia evolutiva de la vida compleja.<\/p>\n\n\n\n<p>Este desplazamiento no fue recibido como una simple ampliaci\u00f3n te\u00f3rica. Durante a\u00f1os, el trabajo de Margulis fue marginado, ridiculizado o descartado por no encajar con el marco explicativo hegem\u00f3nico. La evoluci\u00f3n, tal como hab\u00eda sido contada, no dejaba espacio para una historia de fusiones, asociaciones duraderas y transformaciones colectivas que no pod\u00edan describirse como victorias de unos sobre otros. La resistencia inicial a su teor\u00eda representaba una ruptura paradigm\u00e1tica con el n\u00facleo narrativo de la S\u00edntesis Moderna: desafiaba la idea de que la competencia individual fuera el motor \u00fanico y suficiente de la novedad evolutiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante insistir: Margulis no afirm\u00f3 que la simbiosis explicara toda la evoluci\u00f3n, ni que la competencia careciera de relevancia. Su gesto fue m\u00e1s preciso y, por ello, m\u00e1s perturbador: mostr\u00f3 que el relato dominante de la evoluci\u00f3n hab\u00eda sido estrecho, reduccionista y funcional a una idea de progreso heredada del siglo XIX, aun cuando la biolog\u00eda molecular del siglo XX ya hab\u00eda puesto en crisis muchas de sus premisas. Su trabajo evidenciaba una verdad inc\u00f3moda: el progreso t\u00e9cnico no garantiza un progreso conceptual. Una ciencia puede renovar sus instrumentos mientras perpet\u00faa, intactos, los relatos fundacionales de su poder explicativo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En lugar de una historia lineal orientada hacia la optimizaci\u00f3n, la obra de Margulis obliga a pensar la vida como un entramado de relaciones contingentes, ensamblajes inestables y alianzas inesperadas. La evoluci\u00f3n aparece entonces no como una carrera hacia la perfecci\u00f3n, sino como una historia abierta de coexistencias forzadas, adaptaciones mutuas y transformaciones compartidas. No hay aqu\u00ed promesa de armon\u00eda, sino una insistencia en la complejidad irreductible de lo viviente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La ruptura que Margulis introduce no es externa a la ciencia, sino interna a su modo de narrarse. La teor\u00eda endosimbi\u00f3tica establece un mecanismo fundamental que reconfigura el n\u00facleo explicativo del origen de la complejidad y sin el cual resulta imposible comprender el surgimiento de la vida compleja y multicelular.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-afinidad-estructural-no-identidad\"><strong>Afinidad estructural, no identidad<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Poner en di\u00e1logo a Kropotkin y a Margulis no implica trazar una l\u00ednea de continuidad directa entre sus obras ni atribuirles una identidad compartida que nunca reclamaron. Margulis no fue anarquista; Kropotkin no fue bi\u00f3logo molecular. Sus trayectorias, sus lenguajes y sus campos de intervenci\u00f3n fueron distintos, y tambi\u00e9n lo fueron los problemas concretos a los que respondieron. Forzar una equivalencia entre ambos ser\u00eda incurrir en el mismo gesto que este ensayo busca cuestionar: la reducci\u00f3n de la diferencia a un esquema \u00fanico.<\/p>\n\n\n\n<p>El punto de contacto reside en una afinidad estructural: ambos interrumpen, desde lugares distintos y en momentos hist\u00f3ricos diferentes, un mismo tipo de relato. Un relato que concibe la vida \u2014biol\u00f3gica o social\u2014 como una secuencia orientada por la acumulaci\u00f3n, la conquista y la jerarqu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Kropotkin, esa interrupci\u00f3n se produce al discutir la recepci\u00f3n del darwinismo en una sociedad industrial que hab\u00eda naturalizado la competencia como principio organizador. En el caso de Margulis, la fisura aparece al cuestionar una biolog\u00eda evolutiva que, aun con nuevos instrumentos y lenguajes, segu\u00eda narrando la complejidad de la vida bajo esquemas heredados del siglo XIX. En ambos casos, lo que se pone en tensi\u00f3n no es la existencia del conflicto, sino su monopolio explicativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta afinidad no debe confundirse con una coincidencia de fines ni con una promesa compartida. Mientras Kropotkin discuti\u00f3 la recepci\u00f3n ideol\u00f3gica del darwinismo y desactiv\u00f3 su uso como justificaci\u00f3n hist\u00f3rica del orden social, Margulis intervino directamente en el coraz\u00f3n de la biolog\u00eda evolutiva: desplaz\u00f3 la competencia del centro explicativo y mostr\u00f3 que los grandes saltos evolutivos de la vida emergen de procesos de simbiog\u00e9nesis. En ninguno de los dos casos se funda una teleolog\u00eda alternativa, pero s\u00ed se vuelve imposible sostener la centralidad absoluta del conflicto como motor de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Desplazar el eje explicativo de la evoluci\u00f3n no es un gesto te\u00f3rico inocuo: implica que muchas de las categor\u00edas jur\u00eddicas, ecol\u00f3gicas y administrativas con las que hoy se \u201cregula la vida\u201d \u2014incluidas las leyes de equilibrio ecol\u00f3gico de las naciones\u2014, fueron construidas sobre una comprensi\u00f3n incompleta de c\u00f3mo funciona lo viviente.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconocer que los grandes cambios evolutivos que hicieron posible la vida compleja ocurrieron por procesos de simbiog\u00e9nesis no es una met\u00e1fora ni una toma de posici\u00f3n \u00e9tica: es una tesis biol\u00f3gica central. La teor\u00eda de Margulis desplaza de manera decisiva la competencia del n\u00facleo explicativo de la evoluci\u00f3n, sin negarla, pero priv\u00e1ndola de su estatus como motor principal de la novedad evolutiva.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>Captando genomas<\/em>, escrito junto a Dorion Sagan, sostiene que \u201cla fuente principal de variaci\u00f3n hereditaria no es la mutaci\u00f3n aleatoria\u201d, sino la adquisici\u00f3n de genomas completos mediante procesos de simbiog\u00e9nesis, y que es a trav\u00e9s de estas integraciones simbi\u00f3ticas como emergen las grandes novedades evolutivas. La complejidad de la vida \u2014esa \u201cfuente principal de novedad evolutiva\u201d que buscaba Darwin\u2014 no se explica, entonces, por la acumulaci\u00f3n gradual de peque\u00f1as ventajas competitivas, sino por fusiones biol\u00f3gicas duraderas que transforman de manera irreversible a los organismos involucrados. La competencia y el conflicto existen, pero dejan de ocupar el lugar de principio rector: no producen, por s\u00ed solos, nuevas especies ni nuevas formas de vida compleja. Lo que Margulis desplaza no es un matiz del relato dominante, sino su eje causal.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo decisivo aqu\u00ed no es derivar una norma social de la biolog\u00eda, sino reconocer que durante m\u00e1s de un siglo se construyeron relatos sobre la vida a partir de met\u00e1foras que la propia biolog\u00eda contempor\u00e1nea ha vuelto insostenibles. Hablar de afinidad estructural permite, adem\u00e1s, evitar una lectura transhist\u00f3rica. Se trata de reconocer que ciertas formas de narrar la vida han sido hist\u00f3ricamente privilegiadas, y que tanto Kropotkin como Margulis se\u00f1alaron, desde contextos distintos, los puntos ciegos de ese privilegio.<\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n entre ambos no es la de un origen y su confirmaci\u00f3n, ni la de una intuici\u00f3n temprana validada por la ciencia posterior. Es la de dos intervenciones que, sin conocerse ni necesitarse, producen efectos similares: desestabilizan la seguridad de un relato que se presentaba como natural, inevitable y exhaustivo. En esa desestabilizaci\u00f3n \u2014y no en una identidad doctrinaria\u2014 radica su v\u00ednculo m\u00e1s profundo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-ciencia-poder-y-el-problema-del-relato-unico\"><strong>Ciencia, poder y el problema del relato \u00fanico<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El problema que atraviesa estas discusiones no es la ciencia como pr\u00e1ctica, sino la forma en que ciertos relatos cient\u00edficos alcanzan el estatus de explicaci\u00f3n \u00fanica. Cuando una teor\u00eda deja de operar como herramienta provisional y se consolida como gram\u00e1tica obligatoria, su v\u00ednculo con el poder se vuelve menos visible, pero m\u00e1s eficaz. La ciencia no es neutral: sus categor\u00edas, sus objetos y sus m\u00e9todos se producen dentro de matrices hist\u00f3ricas de poder. En ese marco, todo relato que se presenta como natural e inevitable tiende a reproducirse sin fricci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un relato \u00fanico no necesita imponerse de manera expl\u00edcita. Basta con que delimite el campo de lo decible, que establezca qu\u00e9 preguntas son leg\u00edtimas y cu\u00e1les resultan irrelevantes, qu\u00e9 relaciones merecen atenci\u00f3n y cu\u00e1les pueden ser descartadas como marginales. En ese sentido, la explicaci\u00f3n competitiva de la vida no s\u00f3lo organiz\u00f3 la biolog\u00eda evolutiva durante d\u00e9cadas, sino que ofreci\u00f3 un lenguaje coherente con formas jer\u00e1rquicas de organizar el mundo social.<\/p>\n\n\n\n<p>Este acoplamiento entre ciencia y orden social no oper\u00f3 como una conspiraci\u00f3n en sentido cl\u00e1sico, pero tampoco puede leerse como un proceso neutro o accidental. Se trat\u00f3 de una convergencia hist\u00f3rica entre marcos cient\u00edficos, instituciones acad\u00e9micas y estructuras de poder que favoreci\u00f3 ciertas lecturas de la vida y releg\u00f3 sistem\u00e1ticamente otras. Las teor\u00edas cient\u00edficas no circulan aisladas: se inscriben en contextos culturales, econ\u00f3micos y pol\u00edticos que condicionan su recepci\u00f3n, su ense\u00f1anza y su difusi\u00f3n. Cuando una narrativa cient\u00edfica coincide con las estructuras dominantes de su tiempo, su car\u00e1cter situado tiende a borrarse y a presentarse como evidencia pura.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema aparece cuando esa naturalizaci\u00f3n clausura la posibilidad de otras lecturas. La vida, pensada exclusivamente como competencia, deja poco espacio para comprender fen\u00f3menos de interdependencia, coexistencia o vulnerabilidad compartida. No porque tales fen\u00f3menos no existan, sino porque no encajan con el relato que ha sido investido de autoridad explicativa. El poder del relato \u00fanico no reside en su falsedad, sino en su capacidad para excluir sin necesidad de refutar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en este punto donde las intervenciones de Kropotkin y Margulis adquieren su relevancia cr\u00edtica. No se limitan a se\u00f1alar fisuras en un relato dominante, sino que reordenan los fundamentos mismos desde los cuales la vida hab\u00eda sido pensada, sin convertir esa reordenaci\u00f3n en una nueva ortodoxia. Su potencia no reside en ofrecer una explicaci\u00f3n total, sino en impedir que una sola explicaci\u00f3n vuelva a erigirse como destino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos obligan a reconocer que la vida no se deja capturar por una sola historia, y que toda narrativa que aspire a hacerlo corre el riesgo de empobrecer aquello que intenta explicar. Pensar la ciencia desde esta perspectiva no implica relativizar el conocimiento ni renunciar a su rigor. Implica, m\u00e1s bien, recuperar su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y aceptar que sus relatos son siempre parciales, situados y revisables.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-fisuras-que-despejan-el-camino\"><strong>Fisuras que despejan el camino<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Ni Kropotkin ni Margulis ofrecieron una soluci\u00f3n definitiva. Pero reducir el alcance de sus obras a una mera invitaci\u00f3n a interrogar ser\u00eda minimizar su gesto. Sus intervenciones no se limitan a abrir preguntas: despejan un terreno que hab\u00eda sido obturado por un relato \u00fanico, y vuelven insostenible seguir hablando de la vida como si la competencia, la jerarqu\u00eda y la conquista fueran su gram\u00e1tica inevitable.<\/p>\n\n\n\n<p>Kropotkin no se content\u00f3 con se\u00f1alar una omisi\u00f3n. Al discutir la recepci\u00f3n del darwinismo, desmont\u00f3 una coartada poderosa: la idea de que el orden social jer\u00e1rquico encontraba en la naturaleza su justificaci\u00f3n \u00faltima. Al mostrar que la cooperaci\u00f3n hab\u00eda sido sistem\u00e1ticamente ignorada, no a\u00f1adi\u00f3 un matiz a la teor\u00eda dominante; rompi\u00f3 la equivalencia entre necesidad natural y orden hist\u00f3rico. Despu\u00e9s de&nbsp;<em>El apoyo mutuo<\/em>, la competencia ya no puede presentarse honestamente como destino biol\u00f3gico sin revelar su carga ideol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo an\u00e1logo ocurre con la obra de Margulis. La simbiog\u00e9nesis no es s\u00f3lo una hip\u00f3tesis alternativa dentro de la biolog\u00eda evolutiva: es un golpe directo a la narrativa que identifica complejidad con acumulaci\u00f3n gradual y progreso con optimizaci\u00f3n individual. Al demostrar que la vida compleja surge de procesos de integraci\u00f3n y cohabitaci\u00f3n forzada, Margulis desactiva la imagen de la evoluci\u00f3n como una marcha triunfal de vencedores. No porque niegue el conflicto, sino porque muestra que no basta para explicar lo que existe.<\/p>\n\n\n\n<p>En ambos casos, lo que queda herido no es una teor\u00eda aislada, sino una forma de narrar la vida que hab\u00eda logrado presentarse como neutral y exhaustiva. Kropotkin y Margulis no fundan una nueva ley universal, pero hacen imposible seguir sosteniendo la anterior con la misma seguridad. Introducen un da\u00f1o irreversible en el relato que convert\u00eda la historia \u2014biol\u00f3gica y social\u2014 en una sucesi\u00f3n naturalizada de jerarqu\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso sus obras no prometen salvaci\u00f3n, pero tampoco se disuelven en la pura duda. Despejan el camino en un sentido preciso: retiran el suelo bajo una explicaci\u00f3n que legitimaba el orden existente como necesidad natural. Despu\u00e9s de ellos, la vida ya no puede ser pensada honestamente como una carrera solitaria hacia arriba sin reconocer la densidad de los v\u00ednculos, las dependencias mutuas y las alianzas que la sostienen.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez esa sea su potencia com\u00fan m\u00e1s profunda. Dejaron una herida abierta en el coraz\u00f3n del relato moderno de la vida. Una herida que no se cierra con otra doctrina, pero que obliga a pensar sin la comodidad de un destino previamente escrito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Nysa\u00ed Moreno | Avispa Midia En portada: El bi\u00f3logo brit\u00e1nico Julian Huxley dirigi\u00e9ndose a la Sociedad Zool\u00f3gica en 1942. Presidente y vicepresidente de la Sociedad Brit\u00e1nica de Eugenesia, corriente de pensamiento que retoma el darwinismo para justificar la reproducci\u00f3n de personas consideradas aptas, al mismo tiempo que dificulta la procreaci\u00f3n de quienes consideran inferiores. 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