{"id":5001,"date":"2012-01-06T19:27:09","date_gmt":"2012-01-07T01:27:09","guid":{"rendered":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=5001"},"modified":"2012-01-06T19:27:09","modified_gmt":"2012-01-07T01:27:09","slug":"javier-sicilia-los-nuevos-odres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=5001","title":{"rendered":"Javier Sicilia &#8211; LOS NUEVOS ODRES"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>(Texto escrito para el II Seminario Internacional de Reflexi\u00f3n y An\u00e1lisis, Cideci\/Unitierra, Chiapas)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Los nuevos odres<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Javier Sicilia<\/p>\n<p><em>Cada fin de a\u00f1o, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Crist\u00f3bal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisist\u00e9micos. El a\u00f1o pasado, Javier Sicilia particip\u00f3 con una ponencia titulada: \u201cProporci\u00f3n y revoluci\u00f3n\u201d (<\/em>Conspiratio 07<em>)<\/em>. <em>La presente entrega, con la que particip\u00f3 este fin de a\u00f1o, contin\u00faa con esa reflexi\u00f3n. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cay\u00f3 del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.<\/em><\/p>\n<p><em> <\/em><\/p>\n<p><em>No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventar\u00edan, el vino se derramar\u00eda y los odres se echar\u00edan a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,<\/em><\/p>\n<p>Mt. 9 17.<\/p>\n<p>Uno de los grandes problemas de la percepci\u00f3n humana es que las realidades hist\u00f3ricas en las que vivimos parecen haber estado siempre all\u00ed. Instituciones como el Estado, la econom\u00eda, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas \u2013el sistema burocr\u00e1tico, financiero, carretero, m\u00e9dico, educativo\u2026&#8211; parecen, en la percepci\u00f3n del hombre contempor\u00e1neo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. As\u00ed, desde la creaci\u00f3n del Estado moderno y del capitalismo, las luchas pol\u00edticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revoluci\u00f3n francesa \u2013el momento, dec\u00eda Hegel, de mayor libertad fue tambi\u00e9n el momento de mayor tiran\u00eda bajo el cadalso del terror y de la guillotina&#8211; no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sue\u00f1o Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la l\u00f3gica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo econ\u00f3mico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideol\u00f3gicos, han cundido por todas partes. No s\u00f3lo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sue\u00f1os que, a trav\u00e9s del Estado, deb\u00edan encarnar en la historia \u2013los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son m\u00e1s que la forma sin contenido ideol\u00f3gico de esa instrumentalizaci\u00f3n humana que corre a lo largo de los tres \u00faltimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso&#8211;, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, est\u00e1n en una profunda descomposici\u00f3n y pronto colapsar\u00e1n.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n es que, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcci\u00f3n hist\u00f3rica y, al igual que sucede con \u00a0toda construcci\u00f3n hist\u00f3rica, morir\u00e1n, como alg\u00fan d\u00eda muri\u00f3 no s\u00f3lo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder pol\u00edtico, sino tambi\u00e9n las variantes m\u00e1s claramente ideol\u00f3gicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado sovi\u00e9tico. La realidad, tambi\u00e9n, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que naci\u00f3 de los sue\u00f1os de la Ilustraci\u00f3n \u2013esos sue\u00f1os que, como una confirmaci\u00f3n de lo que vio Goya, han engendrado monstruos\u2014 y que nos vienen del sue\u00f1o judeocristiano de un Reino donde imperar\u00eda la justicia, han resultado \u2013y all\u00ed est\u00e1n las maneras en las que se asesina hoy&#8211; un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revoluci\u00f3n francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro id\u00edlico sino el presente de cada momento hist\u00f3rico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sue\u00f1os abstractos de las ideolog\u00edas encubr\u00edan, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que est\u00e1 llena de nada.<\/p>\n<p>No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones hist\u00f3ricas \u2013los desastres econ\u00f3micos, la ineficiencia y corrupci\u00f3n de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecol\u00f3gicas, la criminalizaci\u00f3n de las protestas\u2014 comienza \u2013al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcci\u00f3n hist\u00f3rica&#8211; a emerger algo nuevo. \u00bfDe qu\u00e9 orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me servir\u00e9 de una analog\u00eda hist\u00f3rica \u2013siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado&#8211; a la que ya hab\u00eda aludido el a\u00f1o anterior en mi ponencia \u201cProporci\u00f3n y revoluci\u00f3n\u201d,<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a> al tratar de aclarar lo que m\u00e1s all\u00e1 de cierto lenguaje marxista \u2013remanente de las instituciones que se resquebrajan&#8211; el zapatismo tiene de novedoso.<\/p>\n<p>En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jur\u00eddico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos \u00e9ticos y por su expansi\u00f3n por los territorios dominados por el Imperio, pod\u00eda funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jur\u00eddicas le permiti\u00f3 al Imperio darle nuevos contenidos a las <em>urbs<\/em> romanas: no s\u00f3lo \u2013algo que ya estaba en el derecho romano&#8211; tener ciudadanos romanos por adopci\u00f3n, sino tambi\u00e9n, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jur\u00eddico que invad\u00edan las <em>urbs<\/em> y que los cristianos llamaban pr\u00f3jimos, mediante \u00f3rdenes caritativas de derecho social. Lo que en el <em>Evangelio<\/em> era una novedad de la libertad del amor: el pr\u00f3jimo es alguien al que decido amar m\u00e1s all\u00e1 de las prescripciones y proscripciones jur\u00eddicas de mi \u00e9tnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expres\u00f3 por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirti\u00f3, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administraci\u00f3n de una projimidad \u00a0impersonal.<\/p>\n<p>En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del <em>Evangelio<\/em> era incompatible con un poder administrativo y una pol\u00edtica de regulaci\u00f3n. Lo que buscaban en los desiertos era parad\u00f3jicamente el Para\u00edso.<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a> No un lugar, con el que siempre han so\u00f1ado los milenarismos y las utop\u00edas modernas nacidas de la revoluci\u00f3n francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabidur\u00eda y el amor encarnado en la vida solitaria o com\u00fan, llena de proporciones &#8211;lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza\u2014y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco despu\u00e9s de la ca\u00edda del Imperio y la devastaci\u00f3n de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiraci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica articulada por San Benito, la civilizaci\u00f3n y crearon una forma de vida nueva que m\u00e1s tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargar\u00edan de corromper, dej\u00e1ndola s\u00f3lo como espacios simb\u00f3lico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.<\/p>\n<p>Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo econ\u00f3mico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisit\u00e9micos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son tambi\u00e9n los indignados, la llamada primavera de los pa\u00edses \u00e1rabes, los <em>occupy<\/em> y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos &#8211;ya nos los hay; los que a\u00fan existen est\u00e1n sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas\u2014y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oraci\u00f3n y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontol\u00f3gico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los \u00faltimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisist\u00e9micos. Los parteaguas hist\u00f3ricos \u2013como el de la ca\u00edda del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la econom\u00eda moderna\u2014generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, contin\u00faa utiliz\u00e1ndose para una transformaci\u00f3n fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos clarosocuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la econom\u00eda ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos &#8211;la suma de sus destrucciones y despojos es m\u00e1s profunda que la suma de sus producciones que invaden todo&#8211;. Lo nuevo, tambi\u00e9n, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de s\u00ed mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todav\u00eda que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposici\u00f3n fatal que terminar\u00e1 por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse.<em> <\/em>En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando le\u00ed la Primera Declaraci\u00f3n de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparici\u00f3n del universo ind\u00edgena que reclamaba su autonom\u00eda y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que tambi\u00e9n quer\u00edan lo que los destruir\u00eda: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su econom\u00eda: lavadoras, escuelas, cl\u00ednicas, etc. Algo parecido me encontr\u00e9 cuando visit\u00e9 a los <em>occupy<\/em> en Washington y Los \u00c1ngeles. La forma en la que viven es un proceso de autonom\u00eda \u2013en medio de sus campamentos, levantados en parque p\u00fablicos, dialogan entre s\u00ed, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros&#8211;. Est\u00e1n en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de \u00e9l. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habr\u00eda que decir tambi\u00e9n, con los j\u00f3venes de la primavera \u00e1rabe \u2013el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposici\u00f3n, pero es de otra \u00edndole y me referir\u00e9 a \u00e9l m\u00e1s adelante&#8211;. Lo ambiguo de estos movimientos est\u00e1 tanto en lo que son \u2013una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento&#8211;, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema econ\u00f3mico en descomposici\u00f3n que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la econom\u00eda moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iv\u00e1n Illich llama el \u201cdesvalor\u201d. El concepto es complejo.<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a> No existe en el diccionario. Pero en relaci\u00f3n con el valor que, despojado de su sentido utilitario, est\u00e1 asociado con el bien, significa, en los t\u00e9rminos de Illich, una destrucci\u00f3n de los \u00e1mbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la p\u00e9rdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercanc\u00edas y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalaci\u00f3n de la violencia. Es, en s\u00edntesis, la destrucci\u00f3n del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorizaci\u00f3n del bien.\u00a0 A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al l\u00edmite, a la proporci\u00f3n, al trabajo com\u00fan, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas econ\u00f3micas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todav\u00eda usarse en las realidades humanas, cuya dimensi\u00f3n no es el valor, sino el bien. Segundo, contin\u00faan creyendo en una dimensi\u00f3n ficticia del progreso, cuya realidad m\u00e1s evidente es la negaci\u00f3n del pasado, de la tradici\u00f3n y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradici\u00f3n de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecuci\u00f3n del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo contin\u00faa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la l\u00f3gica de las ideolog\u00edas hist\u00f3ricas, sus propios descubrimientos.<\/p>\n<p>Esta cr\u00edtica puede hacerse tambi\u00e9n al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en \u00e9l. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como \u00e9l, de la visibilizaci\u00f3n de los negados por el sistema &#8211;no de los ind\u00edgenas, sino de las v\u00edctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la l\u00f3gica del capital lleva a grados atroces la instrumentalizaci\u00f3n de lo humano&#8211;. Al igual que \u00e9l tiene un lenguaje po\u00e9tico de alt\u00edsima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ej\u00e9rcito y ha apostado por un di\u00e1logo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. Tambi\u00e9n, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una s\u00f3lida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los <em>occupy<\/em>, a los indignados y a los muchachos de la primavera \u00e1rabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la econom\u00eda, que el dolor y la exclusi\u00f3n ha reunido en un extra\u00f1o com\u00fan. Su fuerza no radica tanto en su confrontaci\u00f3n con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideolog\u00edas por la disputa del poder y la administraci\u00f3n del Estado; al recorrer el pa\u00eds, reunir a las v\u00edctimas en un abrazo y darles voz en el espacio p\u00fablico, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de l\u00edmites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por \u00faltimo, al besar a todos, reedita una antigua pr\u00e1ctica de las primeras comunidades cristianas: la <em>conspiratio<\/em>, el intercambio de esp\u00edritus, a trav\u00e9s del aliento, que simboliza la abolici\u00f3n de los estamentos., la reconciliaci\u00f3n y la paz.<\/p>\n<p>Ninguno de estos movimientos reformar\u00e1 al Estado ni al capital que est\u00e1 en el centro del malestar. Son, como digo, en analog\u00eda con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradici\u00f3n, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre hist\u00f3rico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sab\u00edan los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportar\u00e1n al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo di\u00e1logo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la econom\u00eda, como formas pedag\u00f3gicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las m\u00e1rgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporci\u00f3n, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitaci\u00f3n a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo se\u00f1al\u00e9 en mi ponencia pasada, \u201cProporci\u00f3n y revoluci\u00f3n\u201d,<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a> una manera no s\u00f3lo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo m\u00e1s habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andr\u00e9s.<\/p>\n<hr size=\"1\" \/><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> <em>Cf. Conspiratio<\/em> 07, \u00bfEs posible la revoluci\u00f3n\u201d, Jus, M\u00e9xico, pp. 48-58.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> <em>Cf. <\/em>Javier Sicilia, \u201cEl lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay\u201d, <em>Ixtus<\/em> 45, Jus, 2004, pp.80-84.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Para una visi\u00f3n m\u00e1s profunda del concepto, <em>Cf.<\/em> \u201cDesvalor\u201d, en Iv\u00e1n Illich, <em>Obras reunidas II<\/em>, FCE, M\u00e9xico, 2008, pp. 477-486.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> <em>Cf. Conspiratio<\/em>, <em>op. cit.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Texto escrito para el II Seminario Internacional de Reflexi\u00f3n y An\u00e1lisis, Cideci\/Unitierra, Chiapas) Los nuevos odres Javier Sicilia Cada fin de a\u00f1o, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Crist\u00f3bal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisist\u00e9micos. 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