{"id":35636,"date":"2020-10-19T22:00:01","date_gmt":"2020-10-20T03:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=35636"},"modified":"2020-10-19T22:00:01","modified_gmt":"2020-10-20T03:00:01","slug":"de-los-chicago-boys-a-los-cabros-de-santiago-cronica-de-un-chile-post-post-pinochetista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=35636","title":{"rendered":"De los Chicago Boys a los cabros de Santiago: cr\u00f3nica de un Chile post post-pinochetista"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6><em>Un recorrido que conecta siete a\u00f1os, incontables contrastes, y la determinaci\u00f3n de un pueblo.<\/em><\/h6>\n<p><strong>Por\u00a0<a href=\"https:\/\/twitter.com\/LautaroRivara\">Lautaro Rivara<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Visitamos Chile por primera vez en el a\u00f1o 2013. Un viaje intenso pero m\u00ednimo. La inevitable parada en los mil laberintos de Valpara\u00edso \u2013<em>\u201cla novia del oc\u00e9ano\u201d<\/em>\u00a0como la llamara el poeta-, su selecto y bohemio olor a orines, el intento tr\u00e1fago cultural y sus cerros maravillosos, casi volcados sobre el Pac\u00edfico incluyendo, por supuesto, el incomparable Cerro C\u00e1rcel.<\/p>\n<p>La primera impresi\u00f3n, sin embargo, fue la de una sociedad pacata y conservadora. Nos impresionaron profundamente ciertas pintadas en los muros vivando al tirano que parec\u00edan suscitar un esc\u00e1ndalo m\u00e1s bien medido y ap\u00e1tico. El car\u00e1cter pl\u00e1stico de casi todas las cosas en Santiago, la ciudad que a diferencia de la Nueva York que cantara Rub\u00e9n Blades, sent\u00eda que no terminaba de creerse sus propios cuentos sobre el milagro chileno, pese a los\u00a0<i>mall<\/i>\u00a0y el boom inmobiliario, el PBI per c\u00e1pita y las \u00ednfulas maiameras del Festival de Vi\u00f1a del Mar.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s notable era sin dudas la permanencia qu\u00edmicamente pura de todos los trazos de las subjetividades neoliberales que tan bien conoc\u00edamos desde nuestros a\u00f1os ochentas: derrotistas, auto-denigratorias, silenciosas, ap\u00e1ticas, mezquinas, medrosas y apol\u00edticas.\u00a0<em>\u201cChile, la alegr\u00eda ya viene\u201d<\/em>, el c\u00e9lebre spot de campa\u00f1a de los tiempos del plebiscito que dijo\u00a0<em>\u201cNo\u201d<\/em>\u00a0a la dictadura de Augusto Pinochet, sonaba como lo que siempre fue: una consigna huera sacada de los tubos de ensayos del marketing.<\/p>\n<p>Tras eso, una gira breve por varias ciudades y pueblos de la regi\u00f3n del B\u00edo B\u00edo trajeron la brisa desprejuiciada y desprejuiciante de las sociabilidades del interior; algo com\u00fan al interior de todas nuestras naciones.<\/p>\n<p>El ritmo cansino del campesinado, su tenaz sentido de comunidad, la hospitalidad obligatoria y casi agresiva, las comilonas al estilo \u201cLos 120 d\u00edas de Sodoma\u201d. De<i>\u00a0Valpo<\/i>\u00a0pasamos, sin escalas, a visitar a los raperos mapuches de las poblas, a los mineros del cobre enrolados en SIDECO, a los campesinos paperos de Santo Tom\u00e9 y a los pesqueros y trabajadores mar\u00edtimos de Talcahuano -universalmente famosa por su estatua a la chilena, c\u00e9lebre t\u00e9cnica futbol\u00edstica que, como no pod\u00eda ser de otra forma, naci\u00f3 en el pa\u00eds trasandino-.<\/p>\n<p>All\u00ed conocimos los fogones de la memoria que evocaban los tiempos del Chicho -Allende- y su criolla Revoluci\u00f3n del Vino y la Empanada y las gestas del Frente Patri\u00f3tico Manuel Rodr\u00edguez, a algunos de cuyos m\u00e1rtires supimos honrar descendiendo los cerros populares de Playa Ancha mientras toda la\u00a0<i>pobla\u00a0<\/i>les rend\u00eda honores con sus brazaletes rojos y sus velas prendidas en las ventanas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n supimos de los reveses y sinsabores actuales, del fracaso de las promesas de una post-dictadura eterna y su remedo de Moncloa. De las taras de una democracia que no supo dar de comer, no pudo curar y ciertamente no quiso educar, pese al final aparentemente feliz que parece contar el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, tan timorato para los izquierdistas como urticante y subversivo para los derechistas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n supimos, claro, del fragor de los combates actuales, protagonizados hasta entonces una y otra vez por los j\u00f3venes y los estudiantes, como si algo estuviera definitivamente perdido en la cabeza de las generaciones arrasadas: los secundarios en la \u201crebeli\u00f3n ping\u00fcina\u201d del a\u00f1o 2006 y los universitarios en el a\u00f1o 2011.<\/p>\n<p>El pueblo mapuche, en el Wallmapu, antes, despu\u00e9s y siempre. Tambi\u00e9n nos enteramos, entre las confianzas predispuestas por el pisco, de las seculares rencillas de la izquierda aut\u00f3ctona y de la eterna e inevitable viudez de todos respecto del Partido Comunista. Un viaje breve, dec\u00edamos, financiado \u00edntegramente con la solidaridad de los movimientos sociales y por el tr\u00e1fico al menudeo de cigarrillos tra\u00eddos desde la Argentina que escaparon al celo de los\u00a0<i>pacos.\u00a0<\/i>Un viaje intenso\u00a0y singularmente representativo de la clase, sus maravillas y sus miserias.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Primer s\u00edntoma. Jurar\u00eda que es la misma cuadra y la misma pared en donde siete a\u00f1os antes se pod\u00eda leer \u201cViva Pinochet\u201d. Ahora, en cambio, rodeado de la aureola cr\u00edstica de los santos, la imagen de un perro callejero, un cuzco cualquiera de terreno bald\u00edo, seguido de su singular nombre. Nombre que a la vez describe una habilidad y un oficio: \u201cmatapacos\u201d.<\/p>\n<p>El \u201cmatapacos\u201d, si, un perro venerado transversalmente por todas las capas de esta sociedad bastante m\u00e1s revuelta que el desidioso R\u00edo Mapocho. Un perro-m\u00e1rtir que si se hubiera presentado a elecciones podr\u00eda haber derrotado a una coalici\u00f3n de todos los otros partidos y candidatos reunidos. Un extra\u00f1o rocinante sin Quijote que enfrent\u00f3 con valor e hidalgu\u00eda a los molinos de viento y a los blindados que escupen gas y agua pero sin vino. Algo grande y s\u00edsmico debe haber pasado en este pa\u00eds que ahora parece idolatrar a un perro pulguiento visible en todas las banderas, pancartas y pa\u00f1uelos.<\/p>\n<p>Segundo s\u00edntoma. Por una avenida c\u00e9ntrica de Santiago pasa a toda velocidad un carro de la que hasta ayer era la instituci\u00f3n m\u00e1s venerada y sacrosanta del pa\u00eds: los Carabineros de Chile. Quienes cuentan, entre otros beneficios exclusiv\u00edsimos, con su propio sistema pensional p\u00fablico y solidario por fuera de los tent\u00e1culos de las resistidas Asociaciones de Fondos de Pensi\u00f3n. Y tambi\u00e9n, m\u00e1s all\u00e1 del orden profano, con su propia patrona: la Virgen del Carmen. En un acto pr\u00e1cticamente reflejo una anciana muy menuda -me record\u00f3 a aquella se\u00f1ora corajuda que supo conquistar el coraz\u00f3n de Fidel Castro en su visita al pa\u00eds en el a\u00f1o 71- toma una esquirla de adoqu\u00edn y la arroja con precisi\u00f3n meridiana al blindado al grito de\u00a0<em>\u201cpaco culiaaaaaaooo\u201d<\/em>. Mientras tanto los negocios pacatos de la zona, bien ejercitados en la gimnasia cotidiana del estallido, comienzan a bajar las persianas que, vi\u00e9ndolo bien, siempre estuvieron entornadas.<\/p>\n<p>Tercer s\u00edntoma. Nos acercamos a la zona cero, al epicentro de las movilizaciones que conmueven al pa\u00eds desde octubre del a\u00f1o pasado. Un buen amigo nos propone que lo acompa\u00f1emos a conocer lo que \u00e9l llama\u00a0<em>\u201cel\u00a0<\/em><em>tour<\/em><em>\u00a0de la destrucci\u00f3n\u201d<\/em>. Andando las calles c\u00e9ntricas de Santiago constatamos el estado de deterioro del mism\u00edsimo centro pol\u00edtico y econ\u00f3mico del pa\u00eds, con estaciones intermedias como una selecta universidad privada incendiada, cuya c\u00fapula se derrumb\u00f3 frente a un verdadero aquelarre popular. Y tambi\u00e9n con cuadras enteras de asfalto arrancado a pico y pala para formar los cascotes que invariablemente iban destinados a los pacos y, durante la vigencia del toque de queda, a las a\u00fan m\u00e1s temibles fuerzas armadas. Chile despert\u00f3 dicen todos desde entonces, y parece que con hambre y resaca despu\u00e9s de una siesta tan larga.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pasa en la \u201cfelicidonia\u201d chilena, en Las Condes, Vitacura y Providencia, los barrios \u201cbien\u201d de Santiago en donde se pasean las nanas negras haitianas y los ni\u00f1os \u201ccon los ojos, los cabellos y los dientes rubios\u201d? Ni\u00f1os a los que ocasionalmente los traiciona el \u00e1rbol geneal\u00f3gico y les sale una nariz aguile\u00f1a m\u00e1s parecida a la de Caupolic\u00e1n que a la del gal\u00e1n telenovelero de turno. \u00bfQu\u00e9 ha sucedido en \u201clas casitas del Barrio Alto\u201d que describiera burl\u00f3n Victor Jara para que el estallido social haya llegado a prender incluso entre los hijos e hijas de la alta burgues\u00eda capitalina?<\/p>\n<p>Lo que sucede es que la fragilidad del milagro chileno se vuelve cada vez m\u00e1s evidente, y lo que derrama no son riquezas sino aguas cloacales, con buenas dosis de polarizaci\u00f3n social y desclasamientos masivos. Lo que hace eclosi\u00f3n es el endeudamiento serial de las clases medias, la certeza de un futuro pensional precario a merced de los fondos privados de pensi\u00f3n y el car\u00e1cter incierto de una vida y un confort amasados en el amarrocamiento de herencias y apellidos o en la disciplina emprendedorista de la auto-explotaci\u00f3n. El triste destino para muchos y muchas es el de trabajar como reponedores en un centro comercial hasta los 60, los 70 o los 80 a\u00f1os de edad. Eso que llaman una vejez activa y vital.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Dios sabe de oficios in\u00fatiles y\/o desagradables: el ondeador de banderas, el reservador de lugares en las colas, el conejillo de indias, el enterrador, el verdugo. Pero ninguno como el p\u00e1jaro de mal ag\u00fcero, infortunado bur\u00f3crata del sistema de salud chileno. As\u00ed nos refiri\u00f3 nuestro amigo los detalles de su oficio gana-pan:\u00a0<em>\u201cmi trabajo era llamar para notificar cuando se liberaban las camas solicitadas por los pacientes del sistema p\u00fablico de salud. La gran mayor\u00eda de las veces, esas personas, incluidas enfermos terminales, ya no las necesitaban, hab\u00edan pagado ya un privado o, peor a\u00fan, se hab\u00edan muerto hac\u00eda a\u00f1os.\u201d<\/em><\/p>\n<p>La misma rabia explica la presencia de discapacitados enfrentando a las fuerzas represivas en la heter\u00f3clita primera l\u00ednea de combate en las movilizaciones. Una primera l\u00ednea acaudillada a veces por Pikachu o Spiderman, en una de esas veleidades propias de rebeliones tan anti-neoliberales en sus programas como neoliberales en sus formas. Cojos, tullidos, mutilados, con muletas o en sillas de ruedas, porque total,\u00a0<em>\u201cen Chile est\u00e1 la cag\u00e1 y se muere de cualquier wea\u201d<\/em>, como afirma una militante anarquista.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>El pa\u00eds del anarquismo m\u00e1s ac\u00e9rrimo e irreductible es, no ha de extra\u00f1ar, el del institucionalismo m\u00e1s asfixiante y universal. El mismo pa\u00eds en donde las concertaciones no fueron tan concertadas, ni las nuevas mayor\u00edas fueron ni tan nuevas ni tan mayoritarias. El mismo pa\u00eds en donde el neoliberalismo primigenio ha vuelto al centro de la escena tras girar en redondo, y en donde, seg\u00fan nos confiaron, m\u00e1s de un general anduvo en octubre a los telefonazos pidiendo mesura a los partidos pol\u00edticos\u00a0<em>\u201cpara que las fuerzas armadas no se vieran forzadas a intervenir en la escena pol\u00edtica\u201d.<\/em>\u00a0Un pa\u00eds que ha estado lejos de hacer una revoluci\u00f3n, pero que tras tocar fondo y quiz\u00e1s algo a destiempo, ha rebotado con fuerza. Lo que se discute en Chile ahora no es la v\u00eda pac\u00edfica o armada al socialismo, sino el camino m\u00e1s seguro y menos tr\u00e1nsfuga al post-post pinochetismo. No es poca cosa.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un recorrido que conecta siete a\u00f1os, incontables contrastes, y la determinaci\u00f3n de un pueblo. Por\u00a0Lautaro Rivara Visitamos Chile por primera vez en el a\u00f1o 2013. Un viaje intenso pero m\u00ednimo. 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