{"id":23133,"date":"2017-09-29T18:14:12","date_gmt":"2017-09-29T23:14:12","guid":{"rendered":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=23133"},"modified":"2017-09-29T18:15:19","modified_gmt":"2017-09-29T23:15:19","slug":"lo-que-aprendi-del-pueblo-mexicano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiozapatista.org\/?p=23133","title":{"rendered":"Lo que aprend\u00ed del pueblo mexicano"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<div class=\"col\">\n<p class=\"s-s\">Tuve la inmensa fortuna de haber estado en Ciudad de M\u00e9xico el 19 de septiembre. A las 13.15 horas est\u00e1bamos con el compa\u00f1ero y amigo Luis Hern\u00e1ndez Navarro cerca de la colonia Ju\u00e1rez. En los d\u00edas siguientes estuve con compa\u00f1eros y compa\u00f1eras en Ciudad Jard\u00edn y en la calle Zapata, donde hab\u00edan colapsado edificios mientras otros presentan severos da\u00f1os, compartimos con los voluntarios y vecinos sus dolores y afanes para superar el dif\u00edcil momento.<\/p>\n<p>Lo vivido y convivido esos d\u00edas en la capital mexicana, y luego en el estado de Chiapas, me inspiran cuatro reflexiones, breves e incompletas.<\/p>\n<p>La primera es comprobar la solidaridad del pueblo mexicano. Maciza, extensa, consecuente, absolutamente desinteresada, sin el menor af\u00e1n de protagonismo. No se trata de caridad sino de responsabilidad, como se\u00f1al\u00f3 Gloria Mu\u00f1oz en una breve conversaci\u00f3n. Una actitud profundamente pol\u00edtica, que dijo a las autoridades algo as\u00ed como <q>v\u00e1yanse, nosotros nos hacemos cargo porque no les creemos<\/q>.<\/p>\n<p>En los puntos de derrumbe que pude visitar hab\u00eda hasta tres mil voluntarios que compraron sus palas, cascos y guantes, que recorrieron decenas de kil\u00f3metros con sus motos, a pie o en bicicletas llevando mantas, agua, comida y todo lo que pod\u00edan. Es probable que m\u00e1s de 100 mil personas se hayan movilizado, s\u00f3lo en la capital. Cantidad y calidad, energ\u00eda y entrega que ning\u00fan partido pol\u00edtico puede igualar.<\/p>\n<p>Interpreto esa maravillosa solidaridad como hambre de participaci\u00f3n para cambiar el pa\u00eds, como un deseo profundo de involucrarse en la construcci\u00f3n de un mundo mejor; como una actitud pol\u00edtica de no delegar en las instituciones ni en los representantes, sino de ayudar poniendo el cuerpo. En la cultura pol\u00edtica en que se form\u00f3 mi generaci\u00f3n, esa actitud se denomina <q>militante<\/q>, y es lo que permite intuir que un pa\u00eds tan golpeado como M\u00e9xico tiene a\u00fan un futuro luminoso.<\/p>\n<p>La segunda es el papel del Estado, desde las instituciones hasta las fuerzas armadas y la polic\u00eda. Llegaron a los puntos cr\u00edticos al d\u00eda siguiente del sismo y lo hicieron como m\u00e1quina de impedir, de bloquear la participaci\u00f3n de los voluntarios, de rechazarlos y enviarlos a otros sitios. Esta labor de dispersar la solidaridad la hicieron con esmero y con esa disciplina que caracteriza a los cuerpos armados, que no sirven para salvar vidas sino para proteger a los poderosos y sus bienes materiales.<\/p>\n<p>Lo que aprend\u00ed del pueblo mexicano<\/p>\n<p>Me llam\u00f3 profundamente la atenci\u00f3n que en los barrios pobres, como Ciudad Jard\u00edn, el despliegue de uniformados era mucho mayor que en los barrios de clase media, aunque el drama humano ante los edificios colapsados era similar. Dir\u00eda que las <q>clases peligrosas<\/q> fueron rigurosamente vigiladas por los militares, porque sus patrones saben que all\u00ed anida la revuelta.<\/p>\n<p>La tercera es el papel del capital. Mientras los armados se dedicaban a dispersar al pueblo solidario, las empresas empezaban a lucrar. Dos mil edificios da\u00f1ados en la capital es un bocado apetecible para las constructoras y el capital financiero. Las grandes empresas hicieron g\u00e1rgaras de solidaridad. Fue tan grande la marea solidaria que el capital tuvo que <q>hacer como<\/q> que dejaba de lado su cultura individualista, para disfrazarse de una cultura que le es ajena y le repugna.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col\">\n<p>Vale registrar la divisi\u00f3n del trabajo entre el Estado y el capital. El primero dispersa al pueblo para que el segundo pueda hacer sus negocios. Jugando con las palabras, podemos decir que la solidaridad es el opio del capitalismo, ya que neutraliza la cultura del consumo y frena la acumulaci\u00f3n. Aquellos d\u00edas de desesperaci\u00f3n y hermanamiento, muy pocos pensaban en comprarse el \u00faltimo modelo y todo se focalizaba en sostener la vida.<\/p>\n<p>La cuarta cuesti\u00f3n somos nosotros y nosotras. La actitud del pueblo mexicano, esa generosidad que a\u00fan me hace temblar de emoci\u00f3n, se estrell\u00f3 contra los diques del sistema. Los de arriba expropiaron buena parte de las donaciones concentradas en los centros de acopio y desviaron la solidaridad: cuando se trataba de una relaci\u00f3n abajo-abajo, la invirtieron para convertirla en caridad de arriba-abajo.<\/p>\n<p>Sabemos que el sistema se sostiene destruyendo las relaciones entre los abajos, porque dinamitan el esqueleto de la dominaci\u00f3n construido sobre los pilares del individualismo. Pero a\u00fan nos falta mucho para que las relaciones entre los abajos se desplieguen con toda su potencia. Es cuesti\u00f3n de autonom\u00eda.<\/p>\n<p>En los d\u00edas posteriores al sismo tuve largas conversaciones con dos organizaciones de la ciudad: la Brigada Callejera y la Organizaci\u00f3n Popular Francisco Villa de la Izquierda Independiente. En ambos casos encontr\u00e9 una actitud similar, consistente en rehuir los centros de acopio para trabajar directamente con los afectados. <q>Nos reservamos<\/q>, dijo una dirigente de <em>Los Panchos<\/em> en la comunidad Acapatzingo, en Iztapalapa.<\/p>\n<p>La solidaridad se dirige a quien la necesita, pero funciona por capas o c\u00edrculos conc\u00e9ntricos. Primero atiende a los miembros de la organizaci\u00f3n. Luego a los miembros de otras organizaciones amigas o aliadas, y tambi\u00e9n a las personas que no est\u00e1n organizadas, pero en este caso es tambi\u00e9n directa, cara a cara, para evitar desviaciones.<\/p>\n<p>El mundo nuevo ya existe. Es peque\u00f1o si lo comparamos con el mundo del capital y del Estado. Es relativametne fr\u00e1gil, pero est\u00e1 mostrando resistencia y resiliencia. Nuestra solidaridad debe recorrer los cauces de ese mundo otro, fluir mediante sus venas, porque si no lo hace se debilita. La tormenta es un momento especialmente delicado, como comprobamos desde el 19 de septiembre. El sistema est\u00e1 empe\u00f1ado en destruirnos y para eso est\u00e1 dispuesto, incluso, a fabricarse un camuflaje <q>humanitario<\/q>.<\/p>\n<p>La incre\u00edble solidaridad del pueblo mexicano se merece un destino mejor que engrosar los bolsillos y el poder de los poderosos. Pero eso depende de nosotros, porque de ellos ya no podemos esperar nada. Si es cierto que la solidaridad es la ternura de los pueblos, como escribi\u00f3 Gioconda Belli, debemos cuidarla para que no la ensucien los opresores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tuve la inmensa fortuna de haber estado en Ciudad de M\u00e9xico el 19 de septiembre. A las 13.15 horas est\u00e1bamos con el compa\u00f1ero y amigo Luis Hern\u00e1ndez Navarro cerca de la colonia Ju\u00e1rez. 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