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Javier Sicilia – LOS NUEVOS ODRES

(Texto escrito para el II Seminario Internacional de Reflexión y Análisis, Cideci/Unitierra, Chiapas)

Los nuevos odres

Javier Sicilia

Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.

No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,

Mt. 9 17.

Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.

La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración –esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.

No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.

En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi étnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.

En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.

Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisitémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupy y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos clarosocuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse. En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.

Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.

Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4] una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.

Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.


[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.

[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus 45, Jus, 2004, pp.80-84.

[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich, Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.

[4] Cf. Conspiratio, op. cit.

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Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Demanda MPJD garantizar la vida en la comunidad de San Patricio, Chiapas

México D.F., 28 de septiembre de 2011.- Del 9 al 19 de septiembre pasado la Caravana al Sur del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad realizó un recorrido por diversos estados del sur y sureste de México. Durante el tiempo que estuvimos en el estado de Chiapas y hasta hoy, hemos sido informados de las amenazas y agresiones que padecen las bases de apoyo zapatistas de la comunidad de San Patricio, municipio autónomo zapatista La Dignidad, correspondiente al municipio oficial de Sabanilla.

Es indignante ver cómo las autoridades, incluyendo al gobernador del estado de Chiapas, Juan Sabines, y autoridades federales, asientan una disparidad entre su discurso y las acciones que le acompañan, se promueven como defensores de los derechos humanos, y en los hechos los vulneran.

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad signa la acción urgente enviada por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, y exige a las autoridades del gobierno federal y del gobierno del estado de Chiapas que se garantice de forma inmediata la vida e integridad de todos los integrantes de las bases de apoyo del EZLN de la comunidad autónoma San Patricio, debido al incremento de agresiones con armas de fuego, amenazas y el hostigamiento en su contra.

Además, que se garantice el acceso y el respeto a las tierras de las bases de apoyo zapatistas del poblado San Patricio.

Por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Javier Sicilia

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Radio Zapatista

Llega la Caravana del Sur a San Cristóbal de Las Casas

(Descarga aquí)  

El 15 de Septiembre llegó la Caravana del Sur, es decir la Caravana de la Paz con Justicia y Dignidad a San Cristóbal de las Casas.  En este audio escucharemos los testimonios que rompen el silencio de la indiferencia y del olvido.  En Chiapas dimos el grito a través del silencio, transmutando la banalizaciòn del acto oficial de independencia en la esperanza de poner juntos, un final a esta guerra.

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Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Palabras de Javier Sicilia en Oventic, Chiapas

Oventic, Chiapas, 16 de septiembre de 2011.- Quiero saludar este encuentro con unos versos que escribieron los zapatistas para celebrar el séptimo aniversario de su alzamiento: (…)/ Resistimos a la muerte que mata matando/ Resistimos a la muerte que mata olvidando/ Resistimos a la muerte/ Vivimos/ Aquí estamos/ Así está mandado por nuestros más primeros:/ Que el 7 se abra a nuestro latido/ Que eco se haga/ Y puente/ Y camino/ Y lugar/ Y casa/ Para que viva el corazón primero de esta patria/ Para que nunca más el silencio sea cómplice del crimen/ Para que la palabra no se pierda entre el ruido/ Para que la soledad sea derrotada y no haya fronteras para el esperanza/ Para que los pies de todos tengan el paso digno/ Para que nadie quede sin lugar para sembrar la memoria/ Para que todos puedan entrar y salir y las paredes no sean cárceles sino cobijo/ Para que este país llamado México nunca vuelva olvidar a quienes por ellos y con ellos es/ Para que quien antes estuvo fuera y perseguido dentro se esté y con todos y devuelva la memoria/ (…)/ El tiempo marca ya el tiempo de los más pequeños/ (…)”. Por la memoria de nuestros muertos que viven cuando resistimos al olvido, hagamos un minuto de silencio.

Hermanos y hermanas zapatistas, venimos desde hace 5 meses caminando, recorriendo el país, recogiendo dolores, consolando y consolándonos de tantos desprecios, de tantos agravios, gastando el alma y las suelas para encontrarlos y abrazarlos también a ustedes cuyos dolores y agravios son más antiguos que los nuestros.

Hace 17 años ustedes hicieron consciente a la nación de ese desprecio ancestral y al hacerlo, al mostrarlo con el símbolo de los sin rostro, no sólo nos hicieron sentir vergüenza de nuestro olvido, de nuestra deuda histórica con los más primeros de nuestros pobladores, sino que, con una dignidad ejemplar, llenaron de contenidos a una nación que, devorada por la esclavitud de lo económico y la administración institucional de la vida, había perdido de vista su dignidad y, como en otras épocas –en las épocas en que los barbados, los que vinieron del mar, los despojaron de su historia primera– los había dejado morir de enfermedad, de despojo, de hambre y de desprecio. Por desgracia, después de la vergüenza, del entusiasmo por devolverles su historia y aprender de ella, volvimos a olvidarlos. El gobierno traicionó los Acuerdos de San Andrés y nosotros, sin saber bien lo que habíamos mirado y nos habían revelado, volvimos a someternos al juego del Estado, a la corrupción de los gobiernos, a la simulación de una transición democrática que abriría el camino a los intereses globales y a la voracidad del mercado.

La consecuencia de ese olvido, de ese no haber entendido, desgarró aún más el tejido social de la nación, miserabilizó a todos, le cerró el presente a los jóvenes, fomentó el crimen y exaltó la corrupción. En esas condiciones, el gobierno, cuyo partido había enarbolado la bandera de la transición democrática, decidió, en nombre de los intereses globales de los norteamericanos y de su consumo de drogas, desatar una guerra contra el narcotráfico que nos ha costado más de 60 mil muertos, más de 10 mil desaparecidos y más de 120 mil desplazados criminalizados por un Estado que hasta recientes fechas no había querido asumir su responsabilidad. A los agravios ancestrales a los pueblos indios se han sumado ahora los agravios a toda la nación. El norte del país, hermanos y hermanas zapatistas, está balcanizado por el crimen y la corrupción de los gobiernos; el norte y parte del sur del país está destrozado por la muerte, los levantones, los secuestros, las desapariciones forzadas, los feminicidios, los cobros de piso del crimen organizado y por un ejército que, contra su vocación fundamental, ha sido sacado de sus cuarteles y ahora habita en nuestras calles. La herida abierta en la frontera norte del país, en Ciudad Juárez, se ha ido extendiendo por toda la nación como una gangrena que se está llevando a nuestros hijos e hijas y amenaza con devorarlo todo.

Desde hace 5 meses, sin embargo, queridos hermanos y hermanas zapatistas, después del brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco y de sus amigos Julio, Luis y Gabo, nos pusimos a caminar, a mostrar que las “bajas colaterales”, las cifras con las que el gobierno quería enterrar en el olvido a nuestro muertos, tienen nombres, apellidos, familias, que muchos de ellos son inocentes y que todos, no importa que sean criminales –porque no se nace criminal– deben ser visibilizados, mostrados, recuperados en sus historias y en nuestra memoria, que debemos detener esta guerra y hacer una paz con justicia y dignidad donde, como ustedes no han dejado de repetir, se funde “un mundo donde quepan muchos mundos”, donde ningún hijo, hija, padre, madre, hermano o hermana de esta familia humana que habita México sea humillado, violado, asesinado.

Por eso decidimos, sobreponiéndonos a nuestro sufrimiento, caminar, abrazar, besar, dialogar, tocar el corazón y las conciencias de todos, hacer, sin perder la firmeza y la crítica, la paz. Porque creemos, como lo creía Gandhi, que no hay camino para la paz porque la paz es el camino, buscamos con nuestros gestos mostrarla, revelarla, hacerla presente en donde estamos.

Es tiempo, queridos hermanos y hermanas zapatistas, de hacer la paz, y la paz no puede hacerse sin todos y sin escuchar el latido del corazón de la patria, de ese corazón que late al norte, al sur, al este, al oeste, a la izquierda, a la derecha, abajo y arriba, en todas partes en donde un hombre y una mujer de buena voluntad han decidido refundar a la nación y, en el amor que sobrepasa al odio, crear un mundo en el que quepan muchos mundos. Por eso fuimos al norte, por esos nos sentamos a dialogar con todos y por eso venimos hasta aquí a saludar con toda humildad a los más primeros, a los que nos recordaron y nos recuerdan siempre que nada compensa la humillación de un ser humano.

Ciertamente, como alguna vez lo dijo Albert Camus, no podemos crear un mundo en donde ya no se asesine a los inocentes, pero juntos, con todos esas voluntades unidas, podemos hacer un mundo en donde su dolor y su muerte disminuya.

Además, no dejamos de seguir opinando y ahora exigiendo, que deben respetarse los Acuerdos de San Andrés.

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Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad

Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad

Boletin de Prensa
Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Desde hace más de cuatro años, nuestro país vive una guerra contra el narcotráfico que oficialmente no existe pero que en realidad es una guerra contra el pueblo que ha costado la vida de cuarenta mil mexicanos, en su mayoría jóvenes, y la situación de otros diez mil, casi todos jóvenes también, que hoy habitan en ese aterrador limbo que las autoridades rotulan con el indiferente título de “desaparecidos”.

Desde hace años, mucho antes de que se declarara esta guerra, los parientes y amigos de las víctimas cuya voz silenció la violencia de un sistema impune y corrupto, han alzado la suya para demandar justicia, para exigir que se castigue a quienes arrebataron la vida de los suyos, o para que se presente vivo, como lo estaba antes de desaparecer, el ser que amaban.

Poco caso se le ha hecho a estas voces. Sólo el que lo ha vivido comprende hasta qué punto irrita, frustra, daña, duele y criminaliza la titánica y desigual empresa que significa luchar por la justicia en este país.

Hoy, a fuerza de ser tantas y tan vehementes, estas voces, las voces de las víctimas a través de los suyos, empiezan a confluir, a encontrarse, a identificarse, a comprender que, siendo tantas, en realidad son la misma… Y esta voz se manifestó con toda la fuerza que ha nutrido el dolor, paradójicamente, en el silencio de una marcha a la que convocó el poeta Javier Silicia.

Y esta voz exigía, con su elocuente silencio, que las cosas ya no pueden seguir así; que nuestro México debe refundarse, debe reencontrar el piso en que se asentaba y que ha perdido, lo que nos ha llevado al punto donde somos todos los mexicanos las víctimas de una violencia criminal e institucional.

Somos un México que se ha puesto de pie ante las múltiples violencias que lo han desgarrado, que han horadado su tejido de solidaridad, que han lacerado la generosidad natural de nuestro pueblo. Somos un México que camina, cansado de que le siembren temor y desconfianza, cuando lo que en nuestra gente brota son el abrazo y la fiesta. Somos un México  harto de la impunidad, del crimen, de la inseguridad,  porque en el día a día ama la justicia, la solidaridad y la paz.

Somos un movimiento que inicia, pero tenemos historia: nos hermana el dolor ligado a luchas de años. Nos estamos manifestando nacionalmente, hincando nuestras raíces en una gran diversidad de luchas locales:  la lucha de las mujeres contra el feminicidio; la lucha de los jóvenes contra la violencia que les niega sus derechos, y aun atenta contra sus vidas, así como contra la criminalización de que son objeto por el sólo hecho de ser jóvenes;  la lucha de las y los defensores de los derechos humanos; la lucha de las y los trabajadores del campo y la ciudad; la lucha de los pueblos y las comunidades indígenas en defensa de sus derechos, su cultura y su territorio; las luchas ciudadanas para que tengamos una democracia verdadera, y la lucha de las y los niños, y quienes trabajan con ellos, para que el país se reconstruya con base en la atención a sus derechos.

Este Movimiento es un proceso ciudadano de exigencia, de resistencia y de propuesta –no institucionalizado pero sí de enlace horizontal y diversificado–, en torno de la problemática específica de la violencia y de la militarización que hacen que la seguridad pública se desvíe en contra de la sociedad, y sobre todo de sus mujeres, de sus jóvenes y de sus más desprotegidos.

Somos un movimiento en proceso por la Paz con Justicia y Dignidad que, a partir de las víctimas, cuyo dolor y reclamo de justicia aportan autoridad moral, liderazgo ético y una actitud de Esperanza ante este nuevo esfuerzo nacional, quiere generar espacios de encuentro y de propuesta con otras expresiones de lucha y de resistencia.

Somos un Movimiento que, en consecuencia, se desmarca de la lógica de polarización y de odio que propicia la violencia y la cultura de militarización y de guerra, basándose, en cambio,  en una dinámica horizontal y en formas de hacer política sustentadas en la solidaridad y la no violencia.

Frente al contexto de violencia que lastima a la Nación entera, nuestro Movimiento acuerda hoy, diez de junio de 2011 –día que rememora la brutal represión que sufrieron aquellos jóvenes estudiantes hace 40 años– este PACTO CIUDADANO POR LA PAZ CON JUSTICIA Y DIGNIDAD, con el propósito de que víctimas y ciudadanos impulsen acciones estratégicas y programáticas que propicien mejores condiciones de denuncia, resistencia y procuración de justicia, así como la transformación de los actuales conceptos, modelos y estrategias militaristas dominantes, que sabemos equivocados y que nos han sido impuestos.

Para ello, conscientes de la crisis nacional y que gran parte de ella es debida a nuestra dependencia y sumisión a los intereses imperiales que nos son vecinos, y asumiéndonos actores desde la plataforma de resistencia civil pacífica y el diálogo entre ciudadanos, estamos dispuestos a expresar las demandas, reclamos y propuestas sociales como un emplazamiento a los poderes, formales y fácticos, de Estado y de Gobierno, no porque tengamos confianza en ellos ni les queramos legitimar, sino porque están obligados a responder a nuestro emplazamiento ético, que es el terreno donde radica nuestra identidad y fuerza.

Así, entendemos que este Pacto en Movimiento no nace para la coyuntura pero debe actuar en ella, asumiendo el reto de fortalecer su capacidad de propuesta alternativa. Sabemos que el papel histórico del Pacto rebasa las movilizaciones inmediatas que pueda generar o el número de organizaciones que estén participando. En este momento de emergencia nacional, nuestro ser y quehacer tiene un sentido cualitativo por la exigencia de la refundación de nuestro México, desde una perspectiva de transformación y seguridad ciudadana con enfoque de derechos humanos.

Así, después de haber recorrido más de mil kilómetros en una larga Caravana del Consuelo, que recogió en el camino un sin fin de voces de indignación, protesta y esperanza, nos hemos reunido en Juárez, Chihuahua, no sólo porque es la ciudad de nuestro país que más ha sufrido el dolor generado por esta guerra irracional, sino porque aquí se expresa, más que en cualquier otra parte, la dignidad y resistencia que, a partir de las víctimas, han generado acciones que son un ejemplo nacional y una ruta de esperanza, para establecer el diálogo que hemos realizado a través de nueve mesas de trabajo, y que ha llegado a los acuerdos y compromisos que constituyen este PACTO CIUDADANO POR LA PAZ CON JUSTICIA Y DIGNIDAD que aquí resumimos. La versión completa estará en la página del Movimiento:

Mesa 1. Verdad y Justicia desde las víctimas

1. Exigencias

1. 1  Una Ley que proteja los derechos de la víctimas directas (los asesinados) e indirectas (sus familiares)
1.2 Derechos de la ciudadanía de monitorear los casos
1.3 Cuerpos policiacos que sean eficientes, capacitados, sensibilizados, que investiguen y concluyan los casos. Que tengan obligación de cuidar los expedientes.
1.4 Poner fin a la corrupción e impunidad
1.5. Obligación a los medios de comunicación a cumplir su trabajo con ética

2.  Acciones de resistencia:
2.1 Plantones frente a las instancias con exigencias concretas
2.2 Inclusión de civiles y medios de comunicación como testigos en los procesos de investigaciones
2.3 Participación de organismos ciudadanos en el seguimiento de los casos
2.4 Monitoreo a todos los niveles de gobierno a través de la articulación de organismos de derechos humanos y de defensa civil
2.5 Impulsar organización contra la arbitrariedad
2.6 Educación de la sociedad civil en sus derechos políticos y sociales
2.7 Exigir e incidir en los medios de comunicación para que cumplan su trabajo con ética y que sea educativo para la sociedad.

Mesa 2. Fin de la estrategia de guerra. Seguridad ciudadana con perspectiva de DDHH

Exigencias

1. Exigimos el fin inmediato de la estrategia de guerra, la desmilitarización de la policía y el regreso del ejercito a los cuarteles y el retiro del fuero milita
2. Exigimos  que no se apruebe ninguna iniciativa de reforma a la ley de seguridad nacional por el contrario emplazamos al poder legislativo a que elabore conjuntamente  con la sociedad una ley de seguridad social y ciudadana
3. Exigimos que se cancele la iniciativa Mérida y cualquier proyecto de asesoría policiaco-militar auspiciado por Estados Unidos como es el caso de la academia de policía ubicada en Puebla

Acciones de resistencia

1. Realizar acciones concretas de apoyo solidario al movimiento de Cherán y presencia de organizaciones sociales en especial las de derechos humanos
2. Foro Nacional por la desmilitarización y la paz con justicia y dignidad
3. Realizar acciones binacionales entre el pueblo de México y Estados Unidos para denunciar  la estrategia militarista del gobierno norteamericano  y exigir que se detenga el tráfico y la compra de armas en México

Mesa 3. Corrupción e impunidad

Exigencias

1. Revisar e integrar una reforma judicial para exigir la aplicación y fortalecimiento del marco jurídico existente.
2. Crear una autonomía real de las contralorías y mecanismos de rendición de cuentas para evitar el circulo de corrupción generado a partir de ser el propio Estado el órgano regulador.
3. Crear contralorías de ciudadanas y ciudadanos, mediante consulta ciudadana, donde exista como opción el revocamiento de mandato de todos los funcionarios corruptos, en los tres niveles de gobierno.
4. Que las dependencias de gobierno nacional se repartan en todo el territorio mexicano, para evitar la concentración del poder en el Distrito Federal.

Acciones de resistencia:

1. Recorrer las 32 entidades federativas para exigir en cada una de las procuradurías estatales y que se emplace con las victimas más representativas, como sucedió en Monterrey en el transcurso de la caravana.
2. Crear un símbolo que caracterice nuestro movimiento con el fin de identificarnos y hacernos visibles ante la ciudadanía.
3. Hacer un evento de carácter nacional mensualmente con el objetivo de crear presencia colectiva de seguimiento de las víctimas y al cumplimiento del pacto nacional.
4. Boicot comercial hacia empresas que dañen derechos ambientales que pongan en peligro las vidas de las diferentes comunidades del país así como el sustento económico de los pequeños y medianos comercios.
5. Boicot tributario en el caso del no cumplimiento de los diferentes puntos del pacto nacional.
6. El establecimiento del ¨No Cruce¨ en los puentes internacionales de la frontera norte del país, sincronizando día y hora semanalmente.
7. El urgente pronunciamiento de la caravana nacional repudiando el caso de la Miss Ana, acontecido en esta ciudad.

Mesa 4: Raíz económica del crimen organizado

Exigencias y acciones para la resistencia civil.

1. El gobierno debe rendir cuentas y gobernar con justicia y eficacia. Si el Estado no respeta el marco constitucional emprenderemos acciones concretas de resistencia civil pacífica, buscando que los ciudadanos, los actores sociales y el estado accedan debidamente a sus derechos y al cumplimiento de sus responsabilidades ciudadanas. En este sentido se propone la organización de una Jornada internacional contra el lavado de dinero y el tráfico de armas; la toma simbólica del Banco de México en tanto el organismo regulador de las actividades monetarias y financieras del país, así como la toma simbólica de sucursales bancarias en otras partes del país y en el extranjero.
2. Abrir un foro para la discusión de la despenalización del consumo de drogas, no sólo en el ámbito nacional sino también en los foros internacionales.
3. Eliminación del secreto bancario, legislar la obligación de instituciones bancarias de informar a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público depósitos y movimientos mayores a 500 mil pesos.
4. Juicio político a Felipe Calderón, Genaro García Luna, Javier Lozano y a cualquier funcionario público que viole la ley y utilice el poder para su propio beneficio. Exigir explicación de las fortunas de Carlos Salinas, de todos los ex -presidentes y de Elba Esther Gordillo. Queremos saber el origen de las fortunas.

Mesa 5. Alternativas para la Juventud y medidas para la recuperación y reconstrucción del tejido social

Exigencias

1. Sustituir políticas asistenciales por otras que impulsen la capacidad organizativa de la sociedad.
2. Ampliar la matrícula y el presupuesto en Universidades. No más rechazados. Obligatoriedad de la educación superior y en todos los niveles.
3. Que se impulse la Convención Iberoamericana de los Derechos de la Juventud, documento que no ha sido ratificado.
4. Aumento salarial de emergencia proporcional a la inflación y al precio de la canasta básica.

Acciones de resistencia:

1. Crear una Red de Centros Sociales por la Paz con Justicia y Dignidad.
2. Llamado a la conformación de la Coordinadora Nacional Contra la Militarización
3. Congreso Nacional para un Modelo Alternativo de Educación
4. Crear una Radio Comunitaria del movimiento.

Mesa 6. : DEMOCRACIA  PARTICIPATIVA Y REPRESENTATIVA

Exigencias:

1. Hacer viables y operativos los mecanismos de consulta popular, plebiscito, referéndum y revocación de mandato de manera que se les proteja de uso por intereses políticos y económicos. Por ejemplo, bajar los porcentajes que sean necesarios para convocarlos y que sean en relación con la última votación del estado y no con el padrón.
2. Recuperar los órganos autónomos ciudadanos como el IFE y a los institutos de defensa de derechos humanos.
3. Se sometan a consulta popular los proyectos urbanos y rurales particularmente los megaproyectos.
4. Fomentar/Promover la libertad para la transmisión de las radios comunitarias.
5. Exigir mayores tiempos de las televisoras concesionadas (Televisa y TV Azteca) den más tiempo a cambio de la concesión.
6. Exigir la apertura al acceso  a los sistemas de Comunicación Latinoamericana como Telesur, y Tal; han roto con monopolios como CNN.

Acciones para la resistencia:

1. Acciones de resistencia/desobediencia civil en cámara de diputados y presidencia.
2. Consulta Nacional por la Paz y la Democracia o Por la Refundación Nacional: mesas, votos por internet. Fecha propuesta del 13 al 16 de septiembre. Se incluyan a niños. Además se propone abrir el espacio/ o utilizarlo como testimonio de daños, de desaparecidos, etc.

Mesa 7. Enlace y organicidad del movimiento

El Movimiento Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad es un movimiento ciudadano, autónomo e independiente respecto de partidos políticos y grupos, que busque la paz con base en la justicia y la dignidad mediante una participación inclusiva. Buscamos construir una estructura horizontal, descentralizada y democrática, formada por comités locales, estatales y/o regionales autónomos, unidos en la diversidad.

Estamos conscientes de que no hay planteamientos definidos ni absolutos y de que estamos en un proceso constante de construcción, colectiva del país que queremos, valorando el contexto y las experiencias de los otros en su diferencia. Es por ello que los aquí presentes asumimos la necesidad de ampliar la discusión sobre el significado de la resistencia civil, la cultura de la no violencia, la paz y los valores democráticos, a fin de construir una sociedad más justa, respetuosa, plural e incluyente.

Exigencias

1. Que se otorguen tempos oficiales en medios de comunicación (radio y tv) para el movimiento.
2. Que el Estado genere un Fondo Económico para las víctimas proveniente de los bienes confiscados a la delincuencia organizada y de las prerrogativas de los partidos.

Acciones de Resistencia

-Organizar una Gran Caravana al Sur de México, con el fin de hacer visibles también las problemáticas de marginalidad y pobreza y otros fenómenos característicos de esa región.

– Impulsar acciones de resistencia civil de cara a las elecciones federales y locales del 2012.

– Emprender acciones de impacto nacional tales como un boicot comercial o un paro nacional.

– Organizar una Consulta Nacional sobre la Estrategia de Guerra.

– Crear una base de datos de las víctimas

– Organizar un Encuentro Nacional de Víctimas para generar una red de cohesión entre ellas.

Mesa 8. Reforma laboral. Desempleo y alternativas económicas.

Exigencias

1. Rechazo total a cualquier forma de violencia contra las y los trabajadores, como es la criminalización de sus protestas.
2. Rechazo total a la llamada Reforma laboral por su carácter neoliberal y regresivo.
3. Exigimos la restitución de los derechos laborales de las y los trabajadores que han sido violentados por la políticas de los gobiernos neoliberales

Acciones

1. Convocar un encuentro nacional para tratar la problemática de las y los trabajadores
2. Impulsar una amplia movilización en rechazo a la mal llamada reforma laboral
3. Impulsar una campaña nacional de sindicalización de trabajadores y la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores

Mesa 9. Derechos y cultura indígena, migración y alternativas en el campo.

Exigencias

A) CUMPLIMIENTO Y RESPETO DE TODOS LOS ACUERDOS FIRMADOS POR EL ESTADO MEXICANO EN MATERIA DE DERECHOS Y CULTURA INDIGENAS: CONVENIO 169 DE LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO, LA DECLARACIÓN DE NACIONES UNIDAS SOBRE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y LOS ACUERDOS DE SAN ANDRÉS LARRAINZAR.
B) RESPETO IRRESTRICTO A LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS Y COMUNIDADES INDÍGENAS SOBRE LA TOTALIDAD DE SUS TERRITORIOS Y RECONOCIMIENTO DE LA POSESIÓN ANCESTRAL DE LOS MISMOS. INCLUYENDO DE MANERA ENUNCIATIVA PERO NO LIMITATIVA.
C) La cancelación inmediata de las 22 concesiones mineras otorgadas por el Gobierno Federal a la empresa canadiense First Majestic Silver en Wirikuta, San Luis Potosí.
La cancelación inmediata de las concesiones mineras en el territorio comunitario de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias- Policía Comunitaria, en la región de la Montaña y la Costa Chica del Estado de Guerrero
Respeto a la autonomía de Santa María Ostula, Michoacán
Respeto y protección de los bosques y territorio de Cherán, Michoacán
Respeto a los territorios de las diferentes comunidades indígenas de Chihuahua y restitución de las tierras que se han invadido, así como la cancelación inmediata de los proyectos turísticos, forestales y mineros que atentan contra su territorio y derechos.
D) Garantizar la paz y la seguridad humana en las comunidades indígenas de la Sierra Madre de Durango y Chihuahua, así como resolver los casos de asesinatos, desapariciones forzadas, la incineración de 7 comunidades enteras, y la obstrucción del libre tránsito a poblaciones.
E) Establecimiento de un programa nacional de emergencia alimentaria.

Acciones de resistencia

Realizar un Encuentro de Emergencia Nacional sobre el Campo y las comunidades indígenas
Replicar la firma del pacto nacional en los Estados de la República
Denuncia de todos los casos de biopiratería y bioprospectiva en las comunidades
Llevar a cabo acciones directas en Wirikuta, Ostula, Cherán,  Durango, Chihuahua y Tamaulipas

El presente documento se firma en el monumento a Juárez, prócer que desde aquí comenzó el rescate de la República; tarea que hoy ratificamos como nuestra, iniciando la refundación de un México con paz, justicia y dignidad.

Ciudadanos y organizaciones sociales suscribimos este Pacto, y lo lanzamos a una amplia consulta y nacional y su consecuente firma.

Ciudad Juárez, Chih., 10 de junio de 2011

Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

radio
KeHuelga

Inicia la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad

Palabras de Javier Sicilia al inicio de la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad: (Descarga aquí)  

Cobertura en Radio Pozol

Cobertura en la KeHuelga

Cobertura en el Centro de Medios Libres del DF

radio
Reporte Índigo

Javier Sicilia: De las letras al reclamo social (Reporte Índigo)

El pasado 17 de marzo Javier Sicilia amaneció con la amarga noticia de que su hijo Francisco, de 22 años, había sido encontrado muerto junto con otras seis víctimas en el interior de un Civic en el fraccionamiento Las Brisas del municipio de Temixco.

En un abrir y cerrar de ojos, dejó de ser poeta para convertirse en un símbolo más de la tragedia que viven día a día miles de mexicanos.

Con el dolor a cuestas y en medio del luto, Sicilia levantó inmediatamente la voz para exigir justicia, comenzó el doloroso camino de encontrar a los culpables y convocó a la marcha realizada el 5 de mayo que tuvo como sello el pedido de renuncia del secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna.

La defensa del cuestionado funcionario por parte del gobierno federal no tardó en llegar.

El secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional de México, Alejandro Poiré, destacó la labor de García Luna al frente de la seguridad del país, al afirmar que ha sido pieza claveen el combate del crimen organizado y uno de los principales impulsores de una policía nacional capacitada que preste seguridad a los ciudadanos.

"Si alguien ha impulsado la formación de una policía bien equipada, con capacidades y que garantice la seguridad de las personas, ese es Genaro García Luna", dijo Poiré.

El reclamo de Sicilia comienza a trascender. Ayer, senadores del PRD, PT y Convergencia, anunciaron que harán una invitación formal a Sicilia para que asista a dialogar a la Comisión Permanente del Congreso acerca de la ola de violencia e inseguridad que atraviesa el país.

Los legisladores desean la presencia del periodista en su calidad de dirigente ciudadano para que exponga y dialogue sus puntos de vista y proponga alternativas desde una visión más social y con mayor participación ciudadana para combatir a la delincuencia organizada.

En entrevista exclusiva con Reporte Indigo, Sicilia dijo que si a una ciudadanía se le instala el miedo, si no puede salir a las calles con seguridad, es señal de que el Estado no está cumpliendo su cometido.

“Y si esa ciudadanía tiene que vivir bajo la violencia del propio Estado porque está combatiendo a delincuentes que existen porque el Estado no está cumpliendo con su trabajo, pues entonces ya no hay país, ya no hay ciudad, ya no hay nación, hay un darwinismo social, y eso es muy grave”, afirmó.

 

 

 

 

radio
Indymedia Chiapas

Asesinan junto con más personas a Juan Francisco, hijo del compañero Javier Sicilia

Fuente: Indymedia Chiapas

La madrugada del pasado 28 de marzo apareció asesinado Juan Francisco Sicilia, hijo de Javier Sicilia, escritor y periodista, compañero de la Otra Campaña de Morelos. Apareció asesinado junto con cuatro jóvenes y dos adultos, en el interior de un auto abandonado en la carretera México-Acapulco, con heridas de bala en el cuerpo y amordazado.

El viernes Javier Sicilia dio su palabra en rueda de prensa: “Por la señora Wallace, por los anónimos, por los que no han podido tener respuesta, por nuestros hijos, por los que viven, por los que pueden ser víctimas mañana, por las mujeres asesinadas, por las mujeres de Chihuahua, por tantos crímenes… ¡vamos a salir a la calle a exigir a estos hijos de la chingada que le paren al crimen organizado, y a estos cabrones del gobierno que respondan!… hay que quitarnos el miedo, si estamos juntos no nos tocan. Yo vine aquí sin miedo, mi hijo estaba en las calles sin miedo, cada muchacho que estaba en las calles estaba sin miedo…”

En una plática sobre “La Guerra de Calderón”, realizada la semana pasada, Sergio Rodríguez Lazcano también hizo referencia al asesinato de Juan Francisco, hijo del compañero: “Lo que se sabe es que días atrás el joven, junto con unos amigos había hecho una denuncia anónima a los teléfonos que el ejército federal ha puesto a disposición de la población sobre la existencia del narcomenudeo en la zona. Todo ello evidencia la relación entre instituciones del estado mexicano y el crimen organizado. Evidencia al estado mexicano como fuente de todo crimen organizado… En la carta que el subcomandante Marcos envía a don Luis Villoro se desglosa de una manera muy detallada el presupuesto de Calderón para llevar a cabo su guerra contra la población mexicana siguiendo los designios del demandante vecino del norte. Es muy importante, porque aparte de todo una guerra ha de ser analizada por cuánto es su presupuesto”.

Y este presupuesto no sólo lo decide Calderón… lo decide también la clase política representada en el senado.

Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5:00 PM del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y paz.

Estamos hasta la madre (Carta abierta a los políticos y a los criminales) (Zapateando).

“Estamos en una emergencia nacional y nadie hace nada”: Javier Sicilia (Radio Pozol).